CIUDAD DEL VATICANO (Reuters) -El Papa Benedicto XVI celebró partes de su misa del domingo dando la espalda a la congregación, restaurando un antiguo ritual religioso que no había sido practicado en décadas.
El Papa usó el altar de la antigua Capilla Sixtina colocado contra la pared, debajo de la dramática representación del “Juicio Final” de Michelangelo, en lugar de un altar situado en una plataforma móvil que permitió a su predecesor Juan Pablo II dar la cara a los fieles.
Un comunicado de la oficina del Vaticano para las celebraciones litúrgicas dijo que se había decidido usar el viejo altar, donde se colocan las urnas para las elecciones de nuevos Papas, para respetar “la belleza y la armonía de esta joya arquitectónica”.
Eso significa que por primera vez en este tipo de celebración desde el Segundo Concilio del Vaticano, el Papa ocasionalmente dio la espalda a los presentes y se puso frente a la cruz.
También leyó la homilía desde el antiguo podio de madera ubicado a la izquierda del altar usado por el Papa Pio IX en el siglo XIX.
El conservador Pontífice nacido en Alemania está reintroduciendo lentamente algunos de los antiguos rituales dejados de lado después del Segundo Concilio del Vaticano, que sustituyó el latín por las lenguas locales, modernizó la Iglesia y fomentó el diálogo interreligioso.*.



42 comments
Comments feed for this article
Enero 13, 2008 en 5:58 pm
Andrea
Querida Nancy
Al enviar a mi correo esta noticia surgió en mi la necesidad de crear esta página ¿por qué ? No lo sé….sólo lo hice.
Y lo agradezco, agradezco tu gentileza de ese envío. Mira lo que has logrado con tan sólo acordarte de mi, tu amiga.
Un beso enorme.
Andrea
Enero 13, 2008 en 6:10 pm
luis_
Este es el hombre que más yo admiro, después de mi abnegada madre, por quien dejaría todo. En 3º Medio, un compañero de colegio siempre me molestaba al punto que en aquel entonces, fuertemente sentía un impulso por la vida religiosa y escribía en cuadernos, bancos, papeles, el nombre de santos y papas antiguos. ¡Querís ser Papa! Descolocado me dejaba. No pienso como el senador Navarro “Todos los cardenales quieren ser Papa”. Pues no quería ser Papa, sí sacerdote o hermano. La Iglesia es una realidad espiritual antes que una lucha por el poder: se refleja aquello en la elección de Benedicto XVI. Él ya cumplía 80 años y ya hacía planes para irse a su Alemania natal, a escribir, pensar, cuidar sus gatos, acompañar a su hermano, etc. Pero Dios dijo lo contrario. Ese es el punto que el senador Navarro no comprende, o no quiere comprender. En aquel entonces, mi compañero se reía de los nombres que yo elegía. Hoy le diría que no quiero ser papa. Se agradece la creación de esta página, una alegría, una sonrisa en este momento.
Enero 13, 2008 en 6:32 pm
Andrea
“Enero 13, 2008 en 6:10 pm
luis_
(edit)
Este es el hombre que más yo admiro, después de mi abnegada madre, por quien dejaría todo”
Excelentes y emotivas palabras de un fiel seguidor del Papa Benedicto XVI y más aún, excelente hijo, de quien su madre se debe sentir muy orgullosa. Sus palabras lo avalan.
Enero 13, 2008 en 6:39 pm
NANCY
NO AGRADEZCAS ANDREA TU VALES MUCHO COMO MUJER ERES UNA MUY BUENA Y ADMIRABLE MUJER, MUCHAS GRACIAS A TI POR ACORDARTE DE MI SIEMPRE, TU NO TIENES COMPARACION ALGUNA CON NADIE NI NADA, AH SABES SI TIENES COMPARACION CON UN ANGEL QUE SOLO QUIERE TRANSMITIR AMOR Y MOSTRARLO AL MUNDO, MUCHAS PERSONAS, SIEMPRE MALINTERPRETARAN ESO, Y CRITICARÁN TUS ACTOS, TODO LO QUE DIGAS Y SIENTAS, PERO TU TIENES QUE ESTAR TRANQUILA, DIOS ESTÁ MIRANDO TODO, ABSOLUTAMENTE TOD, Y SÉ QUE TE AMA MUCHO. MUCHO POR SIEMPRE Y PARA SIEMPRE, DIOS NO TIENE NINGUN IDEAL DE MUJER/HOMBRE, PORQUE SABE QUE TODOS SOMOS DIFERENTES UNICOS EN SI DIVINIDAD…
ME ENTIENDES CIERTO?
Enero 13, 2008 en 6:58 pm
NANCY
Y NOS AMA TAL CUAL SOMOS, ÉL NO NECESITA MATAR LA IDEALIZACION, PARA ÉL SIMPLEMENTE NO EXISTE ESO. BESOS BYE.
Enero 13, 2008 en 8:04 pm
Andrea
La Santa Sede pide combatir cristianofobia, islamofobia, y antisemitismo
Análisis del secretario vaticano para las Relaciones con los Estados
ROMA, jueves, 10 enero 2008 (ZENIT.org).- Respetar la libertad religiosa en el mundo quiere decir hoy combatir «la cristianofobia, la islamofobia y el antisemitismo», explicó este jueves el «ministro» de exteriores de Benedicto XVI.
En estos momentos, explicó el arzobispo Dominique Mamberti, secretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados, este es el desafío para contrarrestar toda forma de discriminación y persecución.
Según el prelado, la «cristianofobia» «es un conjunto de comportamientos que se derivan de la falta de educación o de la mala información, de la intolerancia y de la persecución».
Para monseñor Mamberti estos «problemas» «a nivel humano, político y social» «deben ser afrontados por igual».
La aclaración la ofreció en una conferencia sobre «Protección del derecho de libertad religiosa en la acción actual de la Santa Sede» pronunciada en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.
Ilustrando la posición de la Iglesia, explicó que «el respeto del derecho a la libertad religiosa constituye el fundamento del respeto de cualquier otro derecho, pues cuando la libertad religiosa está en peligro, todos los demás derechos vacilan».
La libertad religiosa, «derecho que no puede suprimirse», tiene «una dimensión privada, pública e institucional».
Es más, subrayó, «la libertad religiosa no es sólo uno de los derechos humanos fundamentales, sino que es el derecho preeminente, pues como recordaba Juan Pablo II su defensa constituye el test para verificar el respeto de todos los demás derechos».
En este contexto, dijo, la actividad diplomática de la Santa Sede tiene como objetivo central «asegurar la estabilidad y la certeza de las actividades de la comunidad cristiana».
Monseñor Mamberti habló también de la relación entre la libertad religiosa y la libertad de expresión, proponiendo «un adecuado balance orientado a salvaguardar el ejercicio de ambas».
Por lo que se refiere al diálogo interreligioso y entre las culturas, aclaró que «es posible sólo si no se renuncia a la verdad».
http://www.zenit.org
(Gracias, Nancy , por tan lindas palabras, sólo soy un simple mortal muy, pero muy imperfecto)
Enero 14, 2008 en 2:05 pm
Andrea
Benedicto XVI: Atacar a los cristianos es atacar a todo el pueblo iraquí
Mensaje de solidaridad tras la oleada de atentados contra iglesias y monasterios
CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 10 enero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha enviado un mensaje de solidaridad tras recibir la noticia de la nueva ola de atentados contra iglesias y monasterios de Irak y ha constatado que atacar a los cristianos es atacar a todo el pueblo iraquí.
«Profundamente turbado al ser informado de los ataques contra objetivos cristianos en Bagdad, Mosul y Kirkuk», que se registraron el 6 y el 9 de enero, el Santo Padre expresa en un telegrama «su cercanía espiritual a los heridos y a sus familias».
Afortunadamente en ninguno de los atentados se han dado víctimas mortales.
La misiva ha sido enviada en nombre del Papa por el cardinal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, al cardenal Emmanuel III Delly, patriarca de Babilonia de los Caldeos.
Dirigiéndose al purpurado, que es también presidente de la Asamblea de los Obispos Católicos de Irak, y a los arzobispos de las ciudades afectadas, el obispo de Roma «asegura su oración fraternal, mientras tratáis de ofrecer esperanza y fuerza a vuestro pueblo».
Además, el pontífice pide a Su Beatitud Emmanuel III Delly «que transmita su solidaridad a los superiores de las comunidades religiosas afectadas por estos ataques y a todos los miembros de las comunidades cristianas en Irak, católicos y no católicos».
«Consciente de que estos ataques están dirigidos también contra todo el pueblo iraquí –constata–, Su Santidad se dirige a los responsables para que renuncien a la violencia que ha causado tanto sufrimiento entre la población civil y alienta a cuantos tienen autoridad para que renueven los esfuerzos orientados a una negociación pacífica, que promueva una solución justa de las dificultades del país y que respete los derechos de todos».
El telegrama concluye asegurando las oraciones del Papa «por un regreso a la convivencia pacífica de los diferentes grupos que constituyen la población de este querido país».
El martes pasado, en Kirkuk, una bomba estalló junto a la iglesia siriaca-ortodoxa de San Efrén, dañando una pared lateral; poco después, otro coche lleno de explosivos destruía parte de la fachada de la catedral caldea del Corazón de Jesús.
El domingo pasado, se registraron otros ataques con dinamita contra iglesias e instituciones cristianas en Bagdad y Mosul. Los objetivos de los terroristas en la capital fueron la iglesia caldea de san Jorge, en el barrio Ghadir; una iglesia greco-melquita, y el convento de las religiosas caldeas en Zaafraniya.
En Mosul, los coches bomba tuvieron como objetivo la iglesia caldea de san Pablo, el orfanato de las religiosas caldeas en Alnoor y el convento de las religiosas dominicas en Aljadida.
«L’Osservatore Romano», diario de la Santa Sede, en la edición italiana cotidiana del 11 de enero, revela que el número de víctimas de la violencia es superior al calculado hasta ahora: entre marzo de 2003 y junio de 2006, en Irak han muerto 151.000 personas.
Estos datos, recogidos por el gobierno iraquí y por la Organización Mundial para la Salud (OMS), han sido publicados en la edición en línea de la revista «New England Journal of Medicine».
Por Jesús Colina”
http://www.zenit.org
Enero 14, 2008 en 2:06 pm
Andrea
Recta final para la beatificación de los padres de Teresa de Lisieux
Anticipa el prefecto de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 9 enero 2008 (ZENIT.org).- Está próxima la conclusión del proceso de beatificación de los padres de Santa Teresa del Niño Jesús (Teresa de Lisieux), los venerables Luigi Martin y Celia Guérin.
Más de dos mil doscientas causas están en estudio en la Congregación vaticana para las Causas de los Santos.
De la marcha de algunas de ellas habla, en la edición diaria italiana de este miércoles de «L’Osservatore Romano», su prefecto, aprovechando el anuncio de la cercana publicación de un documento vaticano que pedirá más rigor en los procesos diocesanos.
De acuerdo con el cardenal José Saraiva Martins, está en la recta final el proceso de beatificación del matrimonio Martin-Guérin, cuyas virtudes heroicas fueron reconocidas el 26 de marzo de 1944.
El diario recoge, tras las conversación con el purpurado, que también hay expectación por Antonia Meo –«Nennolina»– (1930-1937), cuyas virtudes heroicas reconoció el Papa el pasado 17 de diciembre. El propio Benedicto XVI expresó entonces su deseo de que esta causa de beatificación «pudiera concluir felizmente pronto». La pequeña podría convertirse en la beata de menor edad –no mártir– de la historia de la Iglesia.
A los cinco años de su muerte, el centro nacional de la Juventud Femenina de Acción Católica, presidido por Armida Barelli (su fundadora), se constituyó en promotor de la causa de beatificación y canonización de Nennolina.
Se suma ahora la expectación precisamente por Armida Barelli. «En mayo se cumplen los 150 años de la fundación de Acción Católica y muchos esperan poder celebrarlos con el regalo de este reconocimiento. Yo lo espero», declaró el cardenal Saraiva al diario de la Santa Sede.
Asimismo se refirió al cardenal Newman, converso al catolicismo. «Personalmente deseo que su beatificación pueda tener lugar verdaderamente en tiempo breve, porque será muy importante en este momento para el camino del ecumenismo», reconoció.
La figura de John Henry Newman (1801-1890), sacerdote anglicano inglés convertido a la Iglesia católica, se cuenta entre las más influyentes del catolicismo en Inglaterra durante el siglo XIX. Al reconocer sus virtudes heroicas, en 1991 Juan Pablo II impulsó su causa de beatificación.
Siguiendo al cardenal Saraiva, en los primeros meses de este año es posible que se concluyan las causas de canonización de cuatro beatos: Gaetano Errico –de origen italiano; fundador de una congregación–, la religiosa suiza Beranda Bütler –también fundadora y por largo tiempo misionera en Ecuador y Colombia–, Alfonsa de la Inmaculada –religiosa india del Estado de Kerala– y Narcisa de Jesús Martillo, laica ecuatoriana.
En cuanto a la causa de Juan Pablo II, «se autorizó la abreviación de los tiempos previstos para el inicio de la fase diocesana», concluida el 2 de abril del año pasado. Está en curso la fase romana. «Se ha entregado en nuestra Congregación toda la documentación recogida», explica su prefecto.
«Actualmente –informa– se está elaborando la positio [una especie de informe. N.d.R.] que contendrá las partes más relevantes y significativas del proceso, ordenadas sistemática y orgánicamente, necesarias para la valoración de los teólogos, de los cardenales y de los obispos miembros del dicasterio sobre el ejercicio de las virtudes heroicas del Papa Wojtyla».
Redactada y editada, la positio «será examinada por los diversos órganos colegiales de la Congregación». «Por ahora no se habla de tiempos», concluye el cardenal Saraiva.
Por Marta Lago
http://www.zenit.org
Enero 14, 2008 en 6:20 pm
GRAZNIDO
Espero no ofender a nadie.
Pregunto:
¿Cuan importante es y que significa que la misa se haga de espaldas o no a los fieles?
Tambien soy gran admirador de Ratzinger y me parece muy bien una pagina para él.
Enero 14, 2008 en 6:48 pm
NANCY
http://www.panodigital.com/liturgia/misa_tridentina_foro_de_intercambio_de_informaci_n_y_mutua_ayuda_para_quienes_quieran_celebrarla_o_asistir
Enero 14, 2008 en 6:50 pm
NANCY
http://www.panodigital.com/
Enero 14, 2008 en 6:50 pm
NANCY
PERDON ERA ESA PAGINA.
Enero 15, 2008 en 1:35 am
Andrea
Significado. Con la celebración de la misa dando la espalda a los fieles el Papa, según los observadores vaticanos, ha querido hacer visible su decisión de facilitar la misa según el rito tridentino, que promovió en un documento presentado en julio del pasado año y que entró en vigor en setiembre.
Benedicto XVI precisó en ese documento que la misa en latín según el rito tridentino o de San Pío V nunca fue jurídicamente suspendida y siempre estuvo permitida, y que en estos años muchas personas y movimientos como el del cismático arzobispo Lefebvre permanecían ligados a ella. En la ocasión, se interpretó como un acercamiento a esos grupos ortodoxos.
http://www2.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=152473
Enero 15, 2008 en 6:40 am
Andrea
Explicación al comentario Enero 13, 6:32.
Mis palabras son muy transparentes , siento que un hijo que es capaz de reconocer abiertamente su gran amor a la madre es un valioso hijo de Dios. Estoy segura que los hijos aman mucho a sus padres, pero no todos son capaces, quizás por vergúenza, por el temor al que dirán entre sus pares, de decir abiertamente tan lindas palabras de amor hacia una mamá.
Y me conmueve porque yo siento exactamente igual por mis padres, porque daría mi vida por ellos y también por mis niñas , mis hijitas, a las que amo, como madre , en forma incondicional. Y sé que mis padres se sienten orgullosos de mi, tanto como yo de ellos, además de agradecida a Dios por tan perfecto regalo otorgado con prolijo cuidado a mi.
Es por ello que mis palabras son muy sentidas , tienen un tenor literal. Donde, para mi desgracia aún no aúno posiciones es en cuanto a mi amor al Papa, por cuanto la figura de mi Papa amado , Juan Pablo II, permanece intacta, inamovible y mi amor por él es enorme. Con todo, de a poco voy conociendo las obras, contenidos, sentido y alcance de la misión del papa actual y me acerco a él.
He querido dar esta explicación para así evitar malas interpretaciones, aunque dudo que quienes me conozcan puedan hacerlas. Las aclaraciones necesarias.(2)
Enero 15, 2008 en 11:18 am
NANCY
Enero 15, 2008 en 3:12 pm
GRAZNIDO
Gracias Andrea por tus dedicadas y serias respuestas.
Enero 20, 2008 en 10:16 pm
Andrea
La misión de la Iglesia pasa por el ecumenismo, asegura el Papa
En plena Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 20 enero 2008 (ZENIT.org).- La misión de la Iglesia en estos momentos pasa por el avance en el camino ecuménico, aseguró Benedicto XVI este domingo en plena Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.
Al rezar la oración mariana del Ángelus junto a unos 200.000 peregrinos, congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el pontífice exhortó: «¡No tenemos que cansarnos nunca de rezar por la unidad de los cristianos!».
«Cuando Jesús, durante la Última Cena, rezó para que todos “sean uno”, tenía un fin preciso: “para que el mundo crea”», explicó recordando el pasaje evangélico de Juan 17, 21.
«La misión evangelizadora de la Iglesia pasa por tanto por el camino ecuménico, el camino de la unidad de fe, del testimonio evangélico y de la auténtica fraternidad», aseguró el obispo de Roma.
De este modo, el pontífice comentó el lema para la semana ecuménica de este año, que cumple un siglo de vida, «No ceséis de orar».
En este octavario «católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes, conscientes de que sus divisiones constituyen un obstáculo a la acogida del Evangelio, imploran juntos del Señor, de manera todavía más intensa, el don de la plena comunión».
Recordó que esta «iniciativa providencial» surgió por iniciativa del padre Paul Wattson, de origen anglicano, y saludó a sus hijos e hijas espirituales, presentes en el encuentro con el Papa, los hermanos y hermanas franciscanos del Atonement, a quienes alentó «a continuar en su entrega especial a la causa de la unidad».
«La oración –aclaró–, la conversión del corazón, la intensificación de los vínculos de comunión constituyen la esencia de este movimiento espiritual, que esperamos pueda llevar pronto a los discípulos de Cristo a la común celebración de la Eucaristía, manifestación de su plena unidad».
El viernes, 25 de enero, Benedicto XVI clausurará en la Basílica de San Pablo Extramuros la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos con las Vísperas solemnes, en las que participarán representantes de las iglesias y comunidades eclesiales.
En ese encuentro, como reveló el Papa, juntos invocarán «de Dios el don precioso de la reconciliación entre todos los bautizados».
http://www.zenit.org
Enero 30, 2008 en 1:58 am
luis_
MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2008
“Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico,
por vosotros se hizo pobre” (2Cor 8,9)
¡Queridos hermanos y hermanas!
1. Cada año, la Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar
en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de
nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más
misericordiosos con nuestros hermanos. En el tiempo cuaresmal la Iglesia se
preocupa de proponer algunos compromisos específicos que acompañen
concretamente a los fieles en este proceso de renovación interior: son la
oración, el ayuno y la limosna. Este año, en mi acostumbrado Mensaje
cuaresmal, deseo detenerme a reflexionar sobre la práctica de la limosna, que
representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo,
un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales. Cuán
fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán tajante tiene que ser
nuestra decisión de no idolatrarlas, lo afirma Jesús de manera perentoria: “No
podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13).
La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentación, educándonos a socorrer
al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo que poseemos por
bondad divina. Las colectas especiales en favor de los pobres, que en Cuaresma
se realizan en muchas partes del mundo, tienen esta finalidad. De este modo, a
la purificación interior se añade un gesto de comunión eclesial, al igual que
sucedía en la Iglesia primitiva. San Pablo habla de ello en sus cartas acerca
de la colecta en favor de la comunidad de Jerusalén (cf. 2Cor 8,9; Rm 15,25-27
).
2. Según las enseñanzas evangélicas, no somos propietarios de los bienes que
poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una
propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama, a
cada uno de nosotros, a ser un medio de su providencia hacia el prójimo. Como
recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, los bienes materiales tienen un
valor social, según el principio de su destino universal (cf. nº 2404).
En el Evangelio es clara la amonestación de Jesús hacia los que poseen las
riquezas terrenas y las utilizan solo para sí mismos. Frente a la muchedumbre
que, carente de todo, sufre el hambre, adquieren el tono de un fuerte reproche
las palabras de San Juan: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su
hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer
en él el amor de Dios?” (1Jn 3,17). La llamada a compartir los bienes resuena
con mayor elocuencia en los países en los que la mayoría de la población es
cristiana, puesto que su responsabilidad frente a la multitud que sufre en la
indigencia y en el abandono es aún más grave. Socorrer a los necesitados es un
deber de justicia aun antes que un acto de caridad.
3. El Evangelio indica una característica típica de la limosna cristiana:
tiene que ser en secreto. “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la
derecha”, dice Jesús, “así tu limosna quedará en secreto” (Mt 6,3-4). Y poco
antes había afirmado que no hay que alardear de las propias buenas acciones,
para no correr el riesgo de quedarse sin la recompensa de los cielos (cf. Mt
6,1-2). La preocupación del discípulo es que todo vaya a mayor gloria de Dios.
Jesús nos enseña: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que
vean vuestra buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos” (Mt 5,16). Por tanto, hay que hacerlo todo para la gloria de Dios y no
para la nuestra. Queridos hermanos y hermanas, que esta conciencia acompañe
cada gesto de ayuda al prójimo, evitando que se transforme en una manera de
llamar la atención. Si al cumplir una buena acción no tenemos como finalidad
la gloria de Dios y el verdadero bien de nuestros hermanos, sino que más bien
aspiramos a satisfacer un interés personal o simplemente a obtener la
aprobación de los demás, nos situamos fuera de la óptica evangélica. En la
sociedad moderna de la imagen hay que estar muy atentos, ya que esta tentación
se plantea continuamente. La limosna evangélica no es simple filantropía: es
más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la
conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de
Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros. ¿Cómo
no dar gracias a Dios por tantas personas que en el silencio, lejos de los
reflectores de la sociedad mediática, llevan a cabo con este espíritu acciones
generosas de sostén al prójimo necesitado? Sirve de bien poco dar los propios
bienes a los demás si el corazón se hincha de vanagloria por ello. Por este
motivo, quien sabe que “Dios ve en el secreto” y en el secreto recompensará no
busca un reconocimiento humano por las obras de misericordia que realiza.
4. Invitándonos a considerar la limosna con una mirada más profunda, que
trascienda la dimensión puramente material, la Escritura nos enseña que hay
mayor felicidad en dar que en recibir (Hch 20,35). Cuando actuamos con amor
expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para
nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (cf. 2Cor 5,15). Cada vez
que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado
experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo
como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El
Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría. Y hay más: San
Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el perdón de los
pecados. “La caridad –escribe– cubre multitud de pecados” (1P 4,8). Como a
menudo repite la liturgia cuaresmal, Dios nos ofrece, a los pecadores, la
posibilidad de ser perdonados. El hecho de compartir con los pobres lo que
poseemos nos dispone a recibir ese don. En este momento pienso en los que
sienten el peso del mal que han hecho y, precisamente por eso, se sienten
lejos de Dios, temerosos y casi incapaces de recurrir a él. La limosna,
acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un
instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los
hermanos.
5. La limosna educa a la generosidad del amor. San José Benito Cottolengo
solía recomendar: “Nunca contéis las monedas que dais, porque yo digo siempre:
si cuando damos limosna la mano izquierda no tiene que saber lo que hace la
derecha, tampoco la derecha tiene que saberlo” (Detti e pensieri, Edilibri, n.
201). Al respecto es significativo el episodio evangélico de la viuda que, en
su miseria, echa en el tesoro del templo “todo lo que tenía para vivir” (Mc
12,44). Su pequeña e insignificante moneda se convierte en un símbolo
elocuente: esta viuda no da a Dios lo que le sobra, no da lo que posee sino lo
que es. Toda su persona.
Este episodio conmovedor se encuentra dentro de la descripción de los días
inmediatamente precedentes a la pasión y muerte de Jesús, el cual, como señala
San Pablo, se ha hecho pobre a fin de enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor
8,9); se ha entregado a sí mismo por nosotros. La Cuaresma nos empuja a seguir
su ejemplo, también a través de la práctica de la limosna. Siguiendo sus
enseñanzas podemos aprender a hacer de nuestra vida un don total; imitándole
conseguimos estar dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a
darnos a nosotros mismos. ¿Acaso no se resume todo el Evangelio en el único
mandamiento de la caridad? Por tanto, la práctica cuaresmal de la limosna se
convierte en un medio para profundizar nuestra vocación cristiana. El
cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a sí mismo, da testimonio de que no
es la riqueza material la que dicta las leyes de la existencia, sino el amor.
Por tanto, lo que da valor a la limosna es el amor, que inspira formas
distintas de don, según las posibilidades y las condiciones de cada uno.
6. Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma nos invita a “entrenarnos”
espiritualmente, también mediante la práctica de la limosna, para crecer en la
caridad y reconocer en los pobres a Cristo mismo. Los Hechos de los Apóstoles
cuentan que el Apóstol San Pedro dijo al hombre tullido que le pidió una
limosna en la entrada del templo: “No tengo plata ni oro; pero lo que tengo,
te lo doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, echa a andar” (Hch 3,6). Con
la limosna regalamos algo material, signo del don más grande que podemos
ofrecer a los demás con el anuncio y el testimonio de Cristo, en cuyo nombre
está la vida verdadera. Por tanto, que este tiempo esté caracterizado por un
esfuerzo personal y comunitario de adhesión a Cristo para ser testigos de su
amor. María, Madre y Sierva fiel del Señor, ayude a los creyentes a llevar
adelante la “batalla espiritual” de la Cuaresma armados con la oración, el
ayuno y la práctica de la limosna, para llegar a las celebraciones de las
fiestas de Pascua renovados en el espíritu. Con este deseo, os imparto a todos
una especial Bendición Apostólica.
Vaticano, 30 de octubre de 2007
BENEDICTUS PP. XVI
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
Enero 30, 2008 en 3:25 pm
Andrea
HOMILÍA
JUAN PABLO II
2 DE FEBRERO DE 1985
BEATIFICACIÓN DE SOR ANA DE LOS ÁNGELES, AREQUIPA, UNIVERSIDAD SAN AGUSTÍN
1. ¡”Lumen ad revelationem gentium”!
¡Luz para iluminar a las gentes! (Lc 2, 32).
“Por eso, recordando estos detalles entrañables de la vida de la nueva Beata, su penitencia y su limosna, su oración continua y ardiente por todos, hemos recordado las palabras del libro de Tobías:
“Buena es la oración con ayuno; y mejor es la limosna con justicia que la riqueza con iniquidad. Mejor es hacer limosna que atesorar oro… Los que hacen limosna tendrán larga vida” (Tb 12, 8-9). Como ella, que murió en edad avanzada, cargada de virtudes y méritos.”
DISCURSO
JUAN PABLO II
5 DE FEBRERO DE 1985
ENCUENTRO CON LOS PUEBLOS JÓVENES LIMA, VILLA EL SALVADOR
Son testimonios estupendos de caridad cristiana, que muestran la grandeza de alma del pobre para compartir. “Bienaventurados los misericordiosos”, proclamó el Señor en el Sermón de la montaña (cf. Mt 5, 7). Bienaventurados los que tienen entrañas de misericordia; los que no cierran su corazón a las necesidades de los hermanos; los que comparten lo poco que tienen con el hambriento. El mismo Jesús alabó sin reservas a aquella viuda pobre que dio como limosna no lo que le sobraba, lo superfluo, sino incluso lo necesario para vivir (cf. Lc 21, 1-4). Y es que tantas veces los “pobres de espíritu”, a quienes el Señor llamó por eso Bienaventurados, están más abiertos a Dios y a los demás; todo lo esperan de Él; en Él confían y ponen su esperanza.
El “dadles de comer” pronunciado por Cristo, sigue resonando en los oídos de la Iglesia, del Papa, de los Pastores y colaboradores. Es la voz de Jesús, ayer y hoy. La Iglesia quiere ser, con esa voz de Cristo, abogada de los pobres y desvalidos. Ofrece su doctrina social como animadora de auténticos caminos de liberación. No cesa de denunciar las injusticias, y quiere sobre todo poner en movimiento las fuerzas éticas y religiosas, para que sean fermento de nuevas manifestaciones de dignidad, de solidaridad, de libertad, de paz y de justicia. Ella ayuda en lo que puede a resolver los problemas concretos, pero sabe que sus solas posibilidades son insuficientes.
Por ello quiere lanzar desde aquí, a través de mi voz, una urgente llamada a las Autoridades y a todas las personas que disponen de recursos abundantes o pueden contribuir a mejorar las condiciones de vida de los desheredados. El “dadles de comer” ha de resonar en sus oídos y conciencias. Dadles de comer, haced todo lo posible por dar dignidad, educación, trabajo, casa, asistencia sanitaria a estas poblaciones que no la tienen. Redoblad los esfuerzos en favor de un orden más justo que corrija los desequilibrios y desproporciones en la distribución de los bienes. Para que así, cada persona y familia pueda tener con dignidad el pan cotidiano para el cuerpo y el pan para el espíritu.”
ÁNGELUS
JUAN PABLO II
28 DE FEBRERO DE 1999
“…En el Mensaje para la Cuaresma escribí que “la experiencia del amor del Padre impulsa al cristiano a hacerse don viviente, en una lógica de servicio y de participación que lo abre a acoger a los hermanos”. Y, recordando también que “innumerables son los campos en que la Iglesia ha testimoniado a lo largo de los siglos, con la palabra y las obras, el amor de Dios”, añadí que “hoy tenemos ante nosotros grandes espacios en los que ha de hacerse presente la caridad de Dios a través de la actuación de los cristianos. Las nuevas formas de pobreza y los grandes interrogantes que angustian a muchos corazones esperan respues- tas concretas y oportunas. Quien está solo o se encuentra marginado de la sociedad, quien tiene hambre, quien es víctima de la violencia o no tiene esperanza, ha de poder experimentar en la solicitud de la Iglesia la ternura del Padre celestial, que desde el principio del mundo ha pensado en cada hombre para colmarlo de su bendición” (n. 3: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 22 de enero de 1999, p. 20).
3. Queridos hermanos, pidamos a la Virgen María que, en esta Cuaresma, ayude a todos los discípulos de Cristo a poner la caridad en el centro de su vida, y a revisar en su examen diario de conciencia cómo la practican. Frente a la tentación de encerrarse en sí mismos, el compromiso de brindar ayuda a los demás, sin esperar nada a cambio, es un camino valioso para experimentar en la propia vida el amor de Dios.”
Enero 31, 2008 en 4:19 am
luis_
BENEDICTO XVI A LOS PARTICIPANTES DEL ENCUENTRO EUROPEO DE DOCENTES UNIVERSITARIOS
Discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió a los participantes del Encuentro Europeo de Docentes Universitarios en la mañana del sábado 23 de junio de 2007 en el aula Pablo VI en el Vaticano. El encuentro promovido por el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y organizado por la Oficina para la pastoral universitaria del Vicariato de Roma en el 50º aniversario del Tratado de Roma, tenía como tema. “Un nuevo humanismo para Europa, el rol de la Universidad”.
Eminencia;
ilustres señoras y señores;
queridos amigos:
Me complace particularmente recibiros durante el primer Encuentro europeo de profesores universitarios, patrocinado por el Consejo de las Conferencias episcopales europeas y organizado por los profesores de las universidades romanas, coordinados por la Oficina del Vicariato de Roma para la pastoral universitaria. Tiene lugar con ocasión del 50° aniversario del Tratado de Roma, que dio vida a la actual Unión europea, y entre sus participantes se cuentan profesores universitarios de todos los países del continente, incluidos los del Cáucaso: Armenia, Georgia y Azerbayán.
Agradezco al cardenal Péter Erdo, presidente del Consejo de las Conferencias episcopales europeas, sus amables palabras de introducción. Saludo a los representantes del Gobierno italiano, en particular a los del Ministerio para la universidad y la investigación, y del Ministerio para los bienes y las actividades culturales de Italia, así como a los representantes de la región del Lacio, de la provincia y la ciudad de Roma. Saludo también a las demás autoridades civiles y religiosas, a los rectores y a los profesores de las diversas Universidades, así como a los capellanes y a los estudiantes presentes.
El tema de vuestro encuentro -”Un nuevo humanismo para Europa. El papel de las Universidades”- invita a una atenta valoración de la cultura contemporánea en el continente. En la actualidad, Europa está experimentando cierta inestabilidad social y desconfianza ante los valores tradicionales, pero su notable historia y sus sólidas instituciones académicas pueden contribuir en gran medida a forjar un futuro de esperanza. La “cuestión del hombre”, que es central en vuestras discusiones, es esencial para una comprensión correcta de los procesos culturales actuales. También proporciona un sólido punto de partida para el esfuerzo de las universidades por crear una nueva presencia cultural y una actividad al servicio de una Europa más unida.
De hecho, promover un nuevo humanismo requiere una clara comprensión de lo que esta “novedad” encarna actualmente. Lejos de ser fruto de un deseo superficial de novedad, la búsqueda de un nuevo humanismo debe tomar seriamente en cuenta el hecho de que Europa está experimentado hoy un cambio cultural masivo, en el que los hombres y las mujeres son cada vez más conscientes de que están llamados a comprometerse activamente a forjar su historia. Históricamente, el humanismo se desarrolló en Europa gracias a la interacción fructuosa entre las diversas culturas de sus pueblos y la fe cristiana. Hoy Europa debe conservar y recuperar su auténtica tradición, si quiere permanecer fiel a su vocación de cuna del humanismo.
El actual cambio cultural se considera a menudo un “desafío” a la cultura de la universidad y al cristianismo mismo, más que un “horizonte” en el que se pueden y deben encontrar soluciones creativas. Vosotros, como hombres y mujeres de educación superior, estáis llamados a participar en esta ardua tarea, que requiere una reflexión continua sobre una serie de cuestiones fundamentales.
Entre estas, quiero mencionar en primer lugar la necesidad de un estudio exhaustivo de la crisis de la modernidad. Durante los últimos siglos, la cultura europea ha estado condicionada fuertemente por la noción de modernidad. Sin embargo, la crisis actual tiene menos que ver con la insistencia de la modernidad en la centralidad del hombre y de sus preocupaciones, que con los problemas planteados por un “humanismo” que pretende construir un regnum hominis separado de su necesario fundamento ontológico. Una falsa dicotomía entre teísmo y humanismo auténtico, llevada al extremo de crear un conflicto irreconciliable entre la ley divina y la libertad humana, ha conducido a una situación en la que la humanidad, por todos sus progresos económicos y técnicos, se siente profundamente amenazada.
Como afirmó mi predecesor el Papa Juan Pablo II, tenemos que preguntarnos “si el hombre, en cuanto hombre, en el contexto de este progreso, se hace de veras mejor, es decir, más maduro espiritualmente, más consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más abierto a los demás” (Redemptor hominis, 15). El antropocentrismo que caracteriza a la modernidad no puede separarse jamás de un reconocimiento de la plena verdad sobre el hombre, que incluye su vocación trascendente.
Una segunda cuestión implica el ensanchamiento de nuestra comprensión de la racionalidad. Una correcta comprensión de los desafíos planteados por la cultura contemporánea, y la formulación de respuestas significativas a esos desafíos, debe adoptar un enfoque crítico de los intentos estrechos y fundamentalmente irracionales de limitar el alcance de la razón. El concepto de razón, en cambio, tiene que “ensancharse” para ser capaz de explorar y abarcar los aspectos de la realidad que van más allá de lo puramente empírico. Esto permitirá un enfoque más fecundo y complementario de la relación entre fe y razón. El nacimiento de las universidades europeas fue fomentado por la convicción de que la fe y la razón están destinadas a cooperar en la búsqueda de la verdad, respetando cada una la naturaleza y la legítima autonomía de la otra, pero trabajando juntas de forma armoniosa y creativa al servicio de la realización de la persona humana en la verdad y en el amor.
Una tercera cuestión que es necesario investigar concierne a la naturaleza de la contribución que el cristianismo puede dar al humanismo del futuro. La cuestión del hombre, y por consiguiente de la modernidad, desafía a la Iglesia a idear medios eficaces para anunciar a la cultura contemporánea el “realismo” de su fe en la obra salvífica de Cristo. El cristianismo no debe ser relegado al mundo del mito y la emoción, sino que debe ser respetado por su deseo de iluminar la verdad sobre el hombre, de transformar espiritualmente a hombres y mujeres, permitiéndoles así realizar su vocación en la historia.
Durante mi reciente viaje a Brasil expresé mi convicción de que “si no conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la realidad se convierte en un enigma indescifrable” (Discurso en la inauguración de la V Conferencia general del Episcopado latinoamericano, 13 de mayo de 2007, n. 3: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 25 de mayo de 2007, p. 9). El conocimiento no puede limitarse nunca al ámbito puramente intelectual; también incluye una renovada habilidad para ver las cosas sin prejuicios e ideas preconcebidas, y para poder “asombrarnos” también nosotros ante la realidad, cuya verdad puede descubrirse uniendo comprensión y amor. Sólo el Dios que tiene un rostro humano, revelado en Jesucristo, puede impedirnos limitar la realidad en el mismo momento en que exige niveles de comprensión siempre nuevos y más complejos. La Iglesia es consciente de su responsabilidad de dar esta contribución a la cultura contemporánea.
En Europa, como en todas partes, la sociedad necesita con urgencia el servicio a la sabiduría que la comunidad universitaria proporciona. Este servicio se extiende también a los aspectos prácticos de orientar la investigación y la actividad a la promoción de la dignidad humana y a la ardua tarea de construir la civilización del amor. Los profesores universitarios, en particular, están llamados a encarnar la virtud de la caridad intelectual, redescubriendo su vocación primordial a formar a las generaciones futuras, no sólo con la enseñanza, sino también con el testimonio profético de su vida.
La universidad, por su parte, jamás debe perder de vista su vocación particular a ser una “universitas”, en la que las diversas disciplinas, cada una a su modo, se vean como parte de un unum más grande. ¡Cuán urgente es la necesidad de redescubrir la unidad del saber y oponerse a la tendencia a la fragmentación y a la falta de comunicabilidad que se da con demasiada frecuencia en nuestros centros educativos! El esfuerzo por reconciliar el impulso a la especialización con la necesidad de preservar la unidad del saber puede estimular el crecimiento de la unidad europea y ayudar al continente a redescubrir su “vocación” cultural específica en el mundo de hoy. Sólo una Europa consciente de su propia identidad cultural puede dar una contribución específica a otras culturas, permaneciendo abierta a la contribución de otros pueblos.
Queridos amigos, espero que las universidades se conviertan cada vez más en comunidades comprometidas en la búsqueda incansable de la verdad, en “laboratorios de cultura”, donde profesores y alumnos se unan para investigar cuestiones de particular importancia para la sociedad, empleando métodos interdisciplinarios y contando con la colaboración de los teólogos. Esto puede realizarse fácilmente en Europa, dada la presencia de tantas prestigiosas instituciones y facultades de teología católicas. Estoy convencido de que una mayor cooperación y nuevas formas de colaboración entre las diversas comunidades académicas permitirán a las universidades católicas dar testimonio de la fecundidad histórica del encuentro entre fe y razón. El resultado será una contribución concreta a la consecución de los objetivos del Proceso de Bolonia, y un incentivo a desarrollar un apostolado universitario adecuado en las Iglesias locales. Las asociaciones y los movimientos eclesiales ya comprometidos en el apostolado universitario pueden prestar un apoyo eficaz a esos esfuerzos, que se han convertido cada vez más en una preocupación de las Conferencias episcopales europeas (cf. Ecclesia in Europa, 58-59).
Queridos amigos, ojalá que vuestras deliberaciones de estos días resulten fructuosas y ayuden a construir una red activa de profesores universitarios comprometidos a llevar la luz del Evangelio a la cultura contemporánea. Os aseguro a vosotros y a vuestras familias un recuerdo particular en mis oraciones, e invoco sobre vosotros, y sobre las universidades en las que trabajáis, la protección materna de María, Sede de la Sabiduría. A cada uno de vosotros imparto con afecto mi bendición apostólica.
[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Enero 31, 2008 en 5:45 am
luis_
El conocimiento no puede limitarse nunca al ámbito puramente intelectual; también incluye una renovada habilidad para ver las cosas sin prejuicios e ideas preconcebidas, y para poder “asombrarnos” también nosotros ante la realidad, cuya verdad puede descubrirse uniendo comprensión y amor.
La universidad, por su parte, jamás debe perder de vista su vocación particular a ser una “universitas”, en la que las diversas disciplinas, cada una a su modo, se vean como parte de un unum más grande. ¡Cuán urgente es la necesidad de redescubrir la unidad del saber y oponerse a la tendencia a la fragmentación y a la falta de comunicabilidad que se da con demasiada frecuencia en nuestros centros educativos!
Enero 31, 2008 en 10:07 pm
Andrea
“si no conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la realidad se convierte en un enigma indescifrable”
“El conocimiento no puede limitarse nunca al ámbito puramente intelectual; también incluye una renovada habilidad para ver las cosas sin prejuicios e ideas preconcebidas, y para poder “asombrarnos” también nosotros ante la realidad, cuya verdad puede descubrirse uniendo comprensión y amor.”
Que sabias palabras las del Papa, Luis. Sin Cristo no llegamos al Padre, así todo el devenir se traduce en incertidumbre y temor frente a lo “aparentemente” desconocido al hombre, que , no obstante, con fe, conoce y entrega en manos de Dios.
Por otro lado, si limitamos todo al alma intelectual, al espíritu, nos limitamos, somos más que intelecto. Ese abrir del alma esencial, de aquella trascendente es lo que nos permite no caer en displicencias, en indolencia frente a lo que ocurre en el mundo, en la naturaleza, en nosotros mismos y también es lo que nos permite “ver” a Dios, admirar la libertad que nos ha entregado y también asombrarnos ante los errores de la mala administración de esa libertad….pero, no obstante recordar a la Madre Teresa de Calcuta, por ejemplo, llena mi alma de fascinación, maravilla…
Creo que el hombre, el ser humano, ha perdido esa capacidad de asombro frente a los acontencimientos y se remite a los malos eventos; no disfruta, goza (gaudem) de la simpleza de la naturaleza, porque ha optado por lo superficial, lo terrenal, lo somero. Pierde tanto, porque no se da cuenta que todo aquello que reviste magia, encanto, aprendizaje, está en el alma, en lo intangible de una flor, en lo imponente de un cielo azul, en la melodía de un arroyo, en el aroma del pasto recién cortado….en el revolotear de una mariposa…en los niños….la simpleza de la vida….asombrosas resultan las palabras inesperadas que enseñan dia a dia….
La verdad de la realidad se puede descubrir con comprensión y amor….sólo así descubrimos la voluntad del Padre ante este mundo.
Gracias , Luis.
Febrero 1, 2008 en 3:00 pm
luis_
“Creo que el hombre, el ser humano, ha perdido esa capacidad de asombro frente a los acontencimientos y se remite a los malos eventos; no disfruta, goza (gaudem) de la simpleza de la naturaleza, porque ha optado por lo superficial, lo terrenal, lo somero. Pierde tanto, porque no se da cuenta que todo aquello que reviste magia, encanto, aprendizaje, está en el alma, en lo intangible de una flor, en lo imponente de un cielo azul, en la melodía de un arroyo, en el aroma del pasto recién cortado….en el revolotear de una mariposa…en los niños….la simpleza de la vida….asombrosas resultan las palabras inesperadas que enseñan dia a dia….”
Has ido al fondo de lo que yo quise comunicar. Además, he puesto este texto de Benedicto XVI con el propósito de reflexionar sobre las universidades; me pareció significativo “¡Cuán urgente es la necesidad de redescubrir la unidad del saber y oponerse a la tendencia a la fragmentación y a la falta de comunicabilidad que se da con demasiada frecuencia en nuestros centros educativos!” nos dice el Papa, y con razón. Se asiste desde la modernidad a un fenómeno de especialización espistemológico que es inevitable: el hombre nunca, por su nostalgia de Dios, está satisfecho en el conocer. Y el conocer lleva consigo el desarrollo de la técnica. De este modo, es el saber más mediato y fácil de todos el que se ha desarrollado desde aquel tiempo, el de las ciencias naturales, es decir, excluyendo al hombre como sujeto cognoscente de la verdad y que se cuestiona a sí mismo. Se sabe que parte de la antropología contemporánea sigue el camino contrario: el hombre como integrante de la naturaleza, sin jerarquía, una cosa sin trascendencia y un puesto específico, sobre el resto de la creación. Inevitable es esta fragmentación pero sí se presenta como un “desafío”, como dice el Papa, para el hombre, fijar su mirada nuevamente en ese saber primigenio, noble que se llama filosofía. Mucho se ha tergiverzado su significado, inclusive; algunos la equiparan a la ciencia, siendo dos saberes similares pero intrínsecamente distintos; otros horriblemente la asesisan y piden el ciento por uno a la ciencia; otros suicidan su capacidad inherente de conocer, cayéndo en el escepticismo, no obtante, se eleva el método científico a nivel de ley divina o tótem custodio, renaciendo lo que la misma ciencia se propuso en su momento erradicar: la superstición, a la postre, mitología, idolatría.
Toda este entrecruzamiento tuvo lugar en la universidad. Muy sabido es de las disputas, que en tiempos no lejanos acaecían en las universidades. Hoy, esta humilde institución está enferma. No me remitiré a lo concreto puesto que es un intrincado asunto que viene desarrollar pero no en esta sección. Este feudalismo que se justifica en el afán de los ingentes avances científicos de la época reciente, sobre todo, está lacerando al hombre, su vida, el amor, la comprensión misma. No olvidar Corintios cuando dice “el amor todo lo sabe y comprende”. Y se refiere a todo orden de cosas. Recién leía las audiencias que el Papa ha dedicado a San Agustín de Hipona, ya tres. Mucho llama la atención la disposición de S. Agustín al vincular la fe con la comprensión. Para creer hay que comprender; en contrapartida, para comprender hay que creer. La fe es permanecer-comprender (cf. J. Ratzinger, Introducción al cristianismo). De alguna manera la fe se intelectualiza, y bien podría decirse que nuestra tesis inicial de socava. Pero es lo contrario. Como dice Andrea, desde una disposición inicial de admiración, de infantilismo, puerilizar los sentido, esto es, hacerse un niño, problematizar toda la realidad desde la buena fe, la realidad se mira desde arriba, desde la afirmación “Dios es amor” y no desde los cuadros tenebrosos del Renacimiento que muestran a Dios como un juez castigador. La misericordia, el mirada de Dios Padre es determinante en la comprensión de esta realidad amorosa que debe, por tanto, centrarse en lo sinóptico, holístico, en conjunto, antes que en una particularidad que solo entiende en lo acotado de su objeto. Se conoce al lobo pero también se debe preguntar qué se entiende por lobo.
De este modo, la universidad, su primaria vocación debe renacer, resucitar. Esencial, de vida o muerte en las personas es formarse; la universidad no es un instrumento para mi movilidad social, ni mi reputación, ni menos, una inversión a largo plazo que me proveerá dinero más rápido que el gañán. No. Es ante todo, el centro de la cultura, una luminaria que hace respirar al mundo y a las masas, no en sentido contrario. La persona humana debe respirar en esta “caridad intelectual”, que no es lo mismo que “amor intelectual”, en su sentido corriente. Caridad intelectual: conocimiento para la sociedad, para la persona humana, para la dignidad y la elevación y defensa de la verdad.
Esa actitud necesaria de admiración, de maravilla ante la realidad, se pierde. Cuando uno mismo se pregunta por qué, está atento: ya hay a lo menos un dejo de disposición. Pero si la holgazanería inhibe esa admiración, contemplación de la realidad objetiva, deviene en una gradual cerrazón. Quizás por eso Sócrates prefería a los jóvenes y las mujeres para filosofar. Los viejos se quedan en las medias tintas y en la idolatría de personas.
Febrero 1, 2008 en 4:39 pm
Ricardo
Me parece muy valida la preocupacion de SS Benedictus XVI en cuanto a una evidente crisis universitaria. Si bien advierte la problematica a europeos, es en todo el orbe que ocurre el fenomeno. El fenomeno de las especializaciones derivado del avance en el conocimiento a causado una suerte de sectarismos y pugnas que anulan la universalidad, el todo unico que encierra al conocimiento en general. Y no solo las ciencias exactas derivan en su trasfondo en una sola ciencia, sino tambien las ciencias sociales. Y ambas ciencias convergen inevitablemente en la filosofia. En el amor y busqueda de la verdad. Es en este punto que lo trascendente parece haber quedado de lado. El hombre ha quedado relegado a ser contemplado como una especie mas de la fauna, asentandose asi una filosofia naturalista amoral. La universidad ha de estar centrada en el hombre, en su bien; intrinseco a la palabra bien, la moral y por ende el amor. Es necesario diferenciar lo netamente instructivo de lo educativo. El desprecio del valor etico que debe impregnar la educacion, bien podria arrastrar a la humanidad a una peligrosa crisis de valores tal, que aquella inmoralidad disfrazada de amoralidad en pos de un supuesto objetivismo cientifico, podria causar estragos de consecuencias insospechadas. La contemplacion del todo lleva a la comprension y deriva en el dictamen de normas afines a la verdad, la verdad del hombre, el bien, el amor.
Febrero 17, 2008 en 5:29 pm
luis robert
Benedicto XVI: «Transfigurados en la esperanza»
Intervención con motivo del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Se concluyeron ayer, aquí, en el Palacio Apostólico, los ejercicios espirituales que, como todos los años, han congregado en la oración y en la meditación al Papa y a sus colaboradores de la Curia Romana. Doy las gracias a cuantos han estado espiritualmente cerca de nosotros: que el Señor les recompense por su generosidad.
Hoy, segundo domingo de Cuaresma, continuando con el camino penitencial, la liturgia, tras habernos presentado el domingo pasado el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto, nos invita a reflexionar sobre el acontecimiento extraordinario de la Transfiguración en el monte. Considerados juntos ambos episodios anticipan el misterio pascual: la lucha de Jesús con el tentador preanuncia el gran duelo final de la Pasión, mientras la luz de su Cuerpo transfigurado anticipa la gloria de la Resurrección. Por una parte, vemos a Jesús plenamente hombre, que comparte con nosotros incluso la tentación; por otra, le contemplamos como Hijo de Dios, que diviniza nuestra humanidad.
De esta manera, podemos decir que estos dos domingos constituyen pilares sobre los que se apoya todo el edificio de la Cuaresma hasta la Pascua, es más, toda la estructura de la vida cristiana, que consiste esencialmente en el dinamismo pascual: de la muerte a la vida.
La montaña, el Tabor como el Sinaí, es el lugar de la cercanía con Dios. Es el lugar elevado respecto a la existencia cotidiana en el que se respira el aire puro de la creación. Es el lugar de la oración, donde se está en presencia del Señor, como Moisés y como Elías, que aparecen junto a Jesús transfigurado y hablan con él del «éxodo» que le espera en Jerusalén, es decir, de su Pascua. La Transfiguración es un acontecimiento de oración: al rezar, Jesús se sumerge en Dios, se une íntimamente a Él, adhiere con su propia voluntad humana a la voluntad de amor del Padre, y de este modo la luz le penetra y aparece visiblemente la verdad de su ser: él es Dios, Luz de Luz. Incluso los vestidos de Jesús se vuelven blancos y resplandecientes.
Esto recuerda al Bautismo, el vestido blanco que llevan los neófitos. Quien renace en el Bautismo es revestido de luz, anticipando la existencia celestial, que el Apocalipsis representa con el símbolo de las vestiduras blancas (Cf. Apocalipsis 7, 9.13). Aquí está el punto crucial: la transfiguración anticipa la resurrección, pero ésta presupone la muerte. Jesús manifiesta a los apóstoles su gloria para que tengan la fuerza de afrontar el escándalo de la cruz, y comprendan que es necesario pasar a través de muchas tribulaciones para llegar al Reino de Dios.
La voz del Padre, que resuena en lo alto, proclama a Jesús como su Hijo predilecto, como en el bautismo del Jordán, añadiendo: «Escuchadle» (Mateo 17, 5). Para entrar en la vida eterna es necesario escuchar a Jesús, seguirle por el camino de la cruz, llevando en el corazón como Él la esperanza de la resurrección. «Spe salvi», salvados en la esperanza. Hoy podemos decir: «Transfigurados en la esperanza».
Dirigiéndonos ahora con la oración a María, reconocemos en ella a la criatura humana transfigurada interiormente por la gracia de Cristo y encomendémonos a su guía para recorrer con fe y generosidad el camino de la Cuaresma.
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Febrero 24, 2008 en 1:05 am
Andrea
La caridad intelectual de Joseph Ratzinger, según el filósofo Jesús Villagrasa
“Caridad intelectual en las etapas de su vida
Orígenes. Ratzinger ama el catolicismo encarnado en aquellas personas de su Baviera natal y representado en la figura del humilde y bondadoso san Conrado de Parzham (1818-1894). Aquella gente estaba convencida de que una vida guiada por la fe logra la realización de sus más bellas posibilidades: una santidad sin aspavientos, sencilla, hecha de fe recia, esperanza serena y caridad operante. Como profesor y obispo, ha preferido salir en defensa de la fe de los sencillos y no se ha mostrado complaciente con la arrogancia de algunos teólogos o con la fe «aburguesada» de las sociedades opulentas. Se pone del lado de quien no puede defenderse y podría verse privado de la fe que sostiene su vida. Le hubiera agradado servir como sacerdote a la sencilla gente de su tierra, pero la Providencia lo ha llevado por otros rumbos que le han descubierto el drama de la pobreza más radical: la pobreza de un mundo incrédulo, incapaz de alegrarse, atenazada por el tedio y el sinsentido. La nueva evangelización no puede olvidar a estos pobres necesitados de luz[9].
La escuela. Al llegar a Traunstein, Ratzinger ingresa en el «bachillerato humanístico». No le pasan desapercibidos los cambios introducidos en los programas por las autoridades nacional-socialistas, ni su intención manipuladora. «Rememorando aquellos años de estudio, encuentro que la formación cultural basada en el espíritu de la antigüedad griega y latina creaba una actitud espiritual que se oponía a la seducción ejercida por la ideología totalitaria» (MV 37). Las dictaduras tratan de limitar los estudios humanísticos que favorecen la formación del sentido crítico y la independencia de juicio; se esfuerzan por presentar este proceso como una «liberación»[10]. Por amor a sus hermanos, Ratzinger ha consagrado su vida a conocer y predicar la Verdad que libera. Joseph entró a