mater.jpg“… más allá de su participación en el Banquete Eucarístico, la relación de María con la eucaristía se puede delinear a partir de su actitud interior, -María es mujer eucarística con toda su vida -”
Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia Nº 53

A partir del 08 de noviembre y hasta el 08 de diciembre, como cada año, nuestra Iglesia chilena, celebra el Mes de María para honrar y recordar a la Madre de Jesús. El tema central para este año es el Misterio Eucarístico.

La Virgen María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia.

La Virgen María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.

Se trata de que nos esforcemos por vivir como hijos suyos. Esto significa:

v Mirar a María como a una madre: Platicarle todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento.

v Demostrarle nuestro cariño: Hacer lo que ella espera de nosotros y recordarla a lo largo del día.

v Confiar plenamente en ella: Todas las gracias que Jesús nos da, pasan por las manos de María, y es ella quien intercede ante su Hijo por nuestras dificultades.Imitar sus virtudes: Esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor.

Oración Inicial

¡Oh María!, durante el bello mes a Ti consagrado, todo resuena con tu nombre y alabanza. Tu santuario resplandece con nuevo brillo, y nuestras manos te han elevado un trono de gracia y de amor, desde donde presides nuestras fiestas y escuchas nuestras oraciones y votos. Para honrarte, hemos esparcido frescas flores a tus pies, y adornado tu frente con guirnaldas y coronas. Mas, ¡oh María!, no te das por satisfecha con estos homenajes. Hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan y coronas que no se marchitan. Éstas son las que Tú esperas de tus hijos, porque el más hermoso adorno de una madre es la piedad de sus hijos, y la más bella corona que pueden depositar a sus pies, es la de sus virtudes.

Sí, los lirios que Tú nos pides son la inocencia de nuestros corazones. Nos esforzaremos, pues, durante el curso de este mes consagrado a tu gloria, ¡Oh Virgen Santa!, en conservar nuestras almas puras y sin manchas, y en separar de nuestros pensamientos, deseos y miradas aun la sombra misma del mal.

La rosa, cuyo brillo agrada a tus ojos, es la caridad, el amor a Dios y a nuestros hermanos. Nos amaremos, pues, los unos a los otros, como hijos de una misma familia, cuya Madre eres, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal. En este mes bendito, procuraremos cultivar en nuestros corazones la humildad, modesta flor que te es tan querida, y con tu auxilio llegaremos a ser puros, humildes, caritativos, pacientes y resignados.

¡Oh María!, haz producir en el fondo de nuestros corazones todas estas amables virtudes; que ellas broten, florezcan y den al fin frutos de gracia, para poder ser algún día dignos hijos de la más Santa y la mejor de las Madres.Amén.

TEXTO BÍBLICO jueves, 8 de Noviembre.

Lucas 1, 48“Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava”.

Reflexión

Jesucristo, Dios hecho hombre quiso compartir nuestra historia… Buscó un corazón joven y lo encontró en María, una joven.También hoy Dios busca corazones jóvenes, busca jóvenes de corazón grande, capaces de hacerle espacio a Él en su vida… Para acoger una propuesta fascinante como la que nos hace Jesús hace falta ser jóvenes interiormente, capaces de dejarnos interpelar por su novedad para emprender con Él caminos nuevos.Pero, ¿qué es lo que nos hace realmente “jóvenes”?… ¿Cómo vivió María su juventud? ¿Por qué en ella se hizo posible lo imposible?

La respuesta se nos revela el cántico del Magníficat: Dios “ha puesto los ojos en la humildad de su esclava”. [1] Dios aprecia en María la humildad, más que cualquier otra cosa… La santa Casa de Nazaret es el santuario de la humildad: la humildad de Dios, que se hizo carne, se hizo pequeño; y la humildad de María, que lo acogió en su seno. La humildad del Creador y la humildad de la criatura. De ese encuentro de humildades nació Jesús”.(S.S. Benedicto XVI. Homilía. Viaje Pastoral a Loreto con ocasión del Agora de los jóvenes italianos. Italia. 2 de septiembre de 2007)

Peticiones

“Cuando Dios llamó a la puerta de su joven vida, María lo acogió con fe y amor”… En ese espíritu, pidámosle “para que el Dios que viene encuentre en nosotros un corazón bueno y abierto, que Él pueda colmar de sus dones”.(S.S. Benedicto XVI. Ángelus. 3 de diciembre de 2006)

“Encomendemos a María, la Virgen del Carmen, el camino de preparación y el desarrollo del próximo Encuentro de la Juventud del mundo entero”.(S.S. Benedicto XVI. Ángelus. 15 de julio de 2007)

“Se trata de algo extraordinario: Dios ha entrado en nuestro tiempo y ha transformado nuestra historia en Historia de Salvación”.

(S.S. Juan Pablo II. Santa Misa para la Conclusión de la Asamblea Especial para América
del Sínodo de los Obispos. Ciudad de México. 21 de enero de 1999)

ORACIÓN FINAL

¡Oh María, Madre de Jesús, nuestro Salvador y nuestra buena Madre! Nosotros venimos a ofrecerte, con estos obsequios que colocamos a Tus pies, nuestros corazones deseosos de serte agradable, y a solicitar de Tu bondad un nuevo ardor en Tu santo servicio.Dígnate a presentarnos a tu Divino Hijo, que en vista de sus méritos y a nombre de su Santa Madre, dirija nuestros pasos por el sendero de la virtud. Que haga lucir con nuevo esplendor la luz de la fe sobre los infortunados pueblos que gimen por tanto tiempo en las tinieblas del error. Que vuelvan hacia Él, y cambien tantos corazones rebeldes, cuya penitencia regocijará Su corazón y el Tuyo. Que convierta a los enemigos de su Iglesia y que en fin, encienda por todas partes el fuego de su ardiente caridad, que nos colme de alegría en medio de las tribulaciones de esta vida y de esperanzas para el porvenir. Amén.