Comenzamos el tiempo de Cuaresma, pero ¿qué es Cuaresma? ¿qué significado y sentido tienen realmente para todo católico? ¿Cómo comienza la Cuaresma? etc
En esta página diariamente encontrarás documentos , escritos, pequeños textos acerca de Cuaresma, no sólo para que la vivas con devoción y fe,. sino también para que verdaderamente aprendas de ella y aclares ciertas dudas que pudieras tener. Atendamos especialmente a las voces de las autoridades eclesiales al respecto.

Cuaresma es un tiempo de cuarenta días previos a Pascua de Resurrección, eso lo sabemos. Durante este tiempo nuestro corazón debe estar atento, dispuesto, abierto, a escuchar al Padre y a la conversión, camino que hemos prepararado un tiempo ha, en las diversas entradas.
Es un tiempo que nos recuerda el sacramento e importancia del bautismo, de la reconciliación con Dios y el prójimo. Es tiempo de oración, ayuno, penitencia y caridad.
Este tiempo comienza el miércoles de cenizas. ¿Qué es esto de la cenizas? Pues era un rito romano muy simple, donde los pecadores se sometían a la penitencia canónica cubriéndose de cenizas, reconociendo, asi, su fragilidad y mortalidad como seres humanos, y donde necesitaban inexorablemente, ser redimidos mediante la misericordia del Señor. No se trata de un mero signo externo, lleva consigo todo un significado espiritual y que aquellos que lo conocen deben transmitir a los demás para su comprensión; es un gesto de conversión, de querer convertirse en nombre de Dios.
En los tiempos que corren es dificil esta conversión de la que venimos hablando y más aún ser coherentes con el Evangelio o realizar buenas obras, sin pensar antes en uno mismo, o más aún, renunciar a lo mundano, a lo superfluo y acoger a todo necesitado, ya sea necesitado material o espiritual. O uno mismo!
Dijimos que es tiempo de penitencia ¡Aprovechemos la confesión!“Os digo que habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia” (Lc 15,7). “Por eso, la confesión es el sacramento que produce la mayor alegría en el cielo, porque se alegra más por un solo pecador que se confiesa, que por 99 justos que se creen dispensados de ella.
Pero, por desgracia, no sucede lo mismo en la tierra: a pocos les gusta ir a confesarse; pocos se alegran por ello….
Gracias a Jesús, todas las faltas se convertían en faltas benditas, a causa del amor con que Él sabía perdonarlas. Era necesario ser Dios para perdonar de aquella manera, para que la falta cometida causara amor y alegría.
Sólo Dios sabe hacer de su perdón un recuerdo luminoso. Se encuentra tan feliz perdonando, que los pecadores ya no se sienten disgustados, sino alegres, comprendidos, útiles.
Jesús vino a este mundo sólo para curar y salvar a los pecadores.
A ellos consagró todo su tiempo, su energía y su amor. Él mismo nos dice: “No necesitan de médico los sanos, sino los enfermos; no vine a llamar a los justos, sino a los pecadores”. (Mc 2,17)…
Cuando estamos enfermos, cuando nos sabemos y reconocemos pecadores, entonces Dios puede mostramos su amor, su alegría de cuidarnos y curarnos. Cuando estamos bien de salud, corremos tan de prisa que Dios no puede alcanzamos. Pero cuando un día entramos en el confesionario, Dios dispone, por fin, de la ocasión propicia para explicarnos cómo nos ama….
Un pensamiento del Padre Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, que dijo muchas veces, en sus últimos años de vida: Todos tenemos dos títulos ante Dios. Uno es el de la MISERICORDIA de Dios, con la cual podemos contar siempre. El otro es el de la POBREZA personal. Porque Dios no puede resistir la debilidad de sus hijos, si la conocen y reconocen. No puede negarse cuando ve al hombre afligido por su pobreza.
Esto es entonces la confesión: el descubrimiento de que Dios nos ama y de que su amor puede transformar toda nuestra existencia. Así nos revela un amor, una vida, una alegría muy superiores a nuestros pecados, y que nos permiten prescindir de ellos. Si no fuera de este modo, ¿qué otra cosa más podríamos hacer que comenzar a pecar de nuevo?” (Padre Nicolás Schwizer / Instituto de los Padres de Schoenstatt)

Viernes 27 de Febrero de 2009
Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Vengo a pedirte una limosna
Sé que estás muy ocupado, sé que tienes muchas cosas que hacer. Tan sólo dame un minuto de tu tiempo
A ti, que puedes dármela. En nombre de miles de jóvenes, que no han sido tan afortunados como tú; en nombre de cientos de muchachos y niños entre los 12 y 20 años, que intentaron suicidarse, y en nombre de los cientos de chicos y chicas que no sólo lo intentaron, sino que se quitaron la vida. Dame una limosna de esperanza para los cientos de jóvenes entre los 12 y 25 años, que un día me han dicho llorando de desesperación: “No encuentro sentido a mi vida”.
Un niño de 14 años me dijo un día: “Me quiero morir”. Una limosnita de caridad para los miles de gentes que no creen en Dios, que no creen en nada, que viven sin ilusión, gente sin esperanza, que camina por ahí sin rumbo. Una limosnita por amor de Dios. No te pido que me des todo lo que tienes, dame un poquito de lo que te sobra, las migajas de tu fe, de tu esperanza, de tu ideal.
Sé que estás muy ocupado, sé que tienes muchas cosas que hacer. Tan sólo dame un minuto de tu tiempo, una sonrisa, una palabra de aliento. Tú que pareces feliz, dime: ¿crees que puedo ser feliz en este mundo?
Tú que te sientes tan sereno, ¿cómo le haces? Tú que hablas de un Dios que te alegra la vida, ¿podrá alegrar también la mía? Tú que pareces tener un por qué vivir, ¿no quieres dármelo a mí? Date prisa, porque ya me estoy hartando de seguir viviendo, de seguir pudriéndome en esta vida sin sentido. Y, posiblemente, si tardas, ya me habré ido al otro lado.
Una limosna pequeña. Mira esta mano extendida, es mi mano, pero esta mano representa muchas manos; por ejemplo, la de aquél que dijo: “Y sigo pensando en mi Cristo Místico, compuesto por cada uno de mis hermanos. Y escucho su voz que clama: Tengo hambre y no me das de comer: hambre de Dios; tengo sed y no me das de beber: sed de vida eterna; estoy desnudo y no me vistes, no me defiendes de mis enemigos. Y me convenzo de que esta hambre de Dios puede convertirse en desesperación, esta sed puede convertirse en rabioso frenesí, esta desnudez puede llegar a ser muerte”.
Y, si das esa limosna, en nombre de Dios y en nombre de todos esos infelices, ¡gracias!, ¡muchas gracias!
Brotes de Olivo – El mundo está en la cruz / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Sábado 28 de Febrero de 2009
Cuaresma es un tiempo fecundo para pensar en las cosas pequeñas, en lo sencillo, en aquello que a veces despreciamos o hacemos como que no vemos, pero que esconde un enorme valor trascendente. Por ejemplo, las personas que nos acompañan. A veces la misma rutina se encarga de hacernos ciegos a sus dolores, a sus pesares y angustias, en definitiva, a su alma…Por la oración, el ayuno y la limosna, si lo tomamos en serio, podemos llegar a valorar estas cosas, a ser videntes en medio de la ceguera, del mundo y así ver el rostro de Dios.
Compartimos con ustedes esta poesía que nos recuerda esta realidad, fundamental para quien quiera seguir a Cristo:
La fuente quiere ser río
Y el río quiere ser mar,
Y el mar…sueña con que es fuente
Y que ha vuelto allí a brotar.
Imponente y majestuoso,
Añora y vuelve a añorar,
Aquellos riscos y flores
Donde dejó su cantar,
Por donde pasó tan niño,
Con prisa y en loco afán
De convertirse en gran río
Y por fin, en un gran mar.
Tanto corrió, corrió tanto
Que apenas pudo gozar
De las cosas pequeñitas,
Que tan fácil dejó atrás.
¡Ay, las cosas pequeñitas, simples,
Que no nos dan más…
Ay esas cosas tan simples,
Cómo se van y se van!
Sin darnos cuenta se escapan…
Mientras que ciegos andamos
Buscando felicidad.
La fuente quiere ser río
Y el río quiere se mar
Y el mar…se ha vuelto salado,
¡Quizá de tanto llorar!
Ma. Esther de Ariño.
Brotes de Olivo – Balance del alma / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Domingo 01 de Marzo de 2009
1º Domingo de Cuaresma
Desierto, oportunidad para la oración
Jesús, nuestro Amigo, está siempre allí, del otro lado de ese desierto que debemos atravesar para llegar a Su Corazón. El desierto es nuestra humanidad que se resiste porque prefiere la comodidad a la entrega, la vanidad a la negación del ser, el mundo al Cielo. Cuando pisamos la arena caliente nos sentimos invadidos por la sequedad espiritual, pero si mantenemos la vista firme puesta en las verdes praderas que se dibujan en el horizonte, seremos capaces de caminar, y llegar.
Jesús, mi Señor, Tú me esperas allí, porque sabes que en la oración descubro el diálogo contigo. Palabras que me llevan a Ti, al abrazo fraterno que como Dios Amigo me das cuando Te busco y llamo.
El orar es una experiencia única, un nuevo descubrimiento cada vez. Si, porque la oración es siempre distinta, se nos presenta como un mar de distintas tonalidades, oleajes y hasta de diversidad en la intensidad de las mareas. Muchas veces el diálogo con Dios fluye fácil y directo, en otras oportunidades el orar se presenta como una tarea pesada y difícil como el avanzar en un océano turbulento y ventoso, mientras que en otros casos se ilumina nuestra alma con el fluir del rezo, produciendo un gozo que es difícil de explicar ¿Por qué es así?
Es Dios quien nos da la Gracia de encontrar distintos efectos en la oración. No se supone que el dialogo con Dios tenga una respuesta predecible, porque es siempre una propuesta de nuestra alma en espera de la respuesta del Señor. Así, Jesús juega muchas veces con nosotros, se oculta, o se manifiesta, nos hace ver Su sutil pero maravilloso sentido del humor, o nos insufla (comunica) sentimientos profundos que nos hacen llorar sin saber por qué, o simplemente nos escucha con atención, como un verdadero Buen Amigo.
La oración despierta sentimientos que crecen sin siquiera saber nosotros de donde provienen. Es un misterio que se esconde en nuestro interior, caprichoso y ávido de sorprendernos cuando menos lo esperamos. Si, es la voz del alma. Esas emociones inexplicables son la manifestación de una vida que trasciende lo racional, porque son la expresión de nuestra vida espiritual, creada por Dios. Al orar, nuestra alma pide a gritos que reconozcamos Su existencia, que comprendamos que debajo de esa maraña de pensamientos, miedos y seguridades, hay algo más, hay un puente que nos acerca a la Divinidad, a Dios.
Señor, yo te hablo, Tu me escuchas, mírame aquí, no tengo palabras para decirte lo que siento, pero Tu, Tu lo sabes todo.
Fuente: Autor: Oscar Schmidt | Fuente: reinadelcielo.com (es.catholic.net)
Hermana Glenda – Quien te separará de mí / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Lunes 02 de Marzo de 2009
1º Lunes de Cuaresma
Decálogo Cuaresmal (Primera Parte)
El tiempo de Cuaresma es un momento de especial preparación interior este decálogo cuaresmal que puede ser una buena guía para cumplir con este propósito
1. Romperás de una vez por todas con lo que tú bien sabes que Dios no quiere, aunque te agrade mucho, aunque te cueste “horrores” dejarlo. Lo arrancarás sin compasión como un cáncer que te está matando. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? (Mc 8, 36)
2. Compartirás tu pan con el hambriento, tus ropas con el desnudo, tus palabras con el que vive en soledad, tu tiempo y consuelo con el que sufre en el cuerpo o en el alma, tu sonrisa con el triste, tu caridad con TODOS. Examinarás esto con cuidado cada noche. “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.” (Mt 25, 40)
3. Dedicarás un buen tiempo todos los días para estar a solas con Dios, para hablar con Él de corazón a Corazón. Será un tiempo de agradecer, de pedir perdón, de alabarle y adorarle, de suplicar por la salvación de TODOS. Este tiempo no es negociable. “Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios.” (Lc 6, 12)
Fuente: Autor: Pedro Castañera, L.C. | Fuente: Catholic.net
Hermana Glenda -Una cosa importante / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Martes 03 de Marzo de 2009
1º Martes de Cuaresma
Decálogo Cuaresmal (segunda parte)
El tiempo de Cuaresma es un momento de especial preparación interior este decálogo cuaresmal que puede ser una buena guía para cumplir con este propósito
4. Confiarás en Dios a pesar de tus pecados y miserias. Creerás que Dios es más fuerte que todo el mal del mundo. No permitirás que ni dolor, ni pesar alguno, ni “tu negra suerte”, ni las injusticias y traiciones sufridas te hagan dudar ni por un momento del amor infinito que Dios te tiene. Él ha muerto en cruz para salvarte de tus pecados. “Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.” (Sal 23, 4)
5. Mirarás sólo a Dios y a tus hermanos. Mirarte tanto te hace daño, porque te envaneces viendo los dones que no son tuyos o te desalientas viendo sin humildad tus miserias. Mira a Jesús y habrá paz en tu corazón. Mira las necesidades de tus hermanos y ya no tendrás tiempo de pensar en ti; te harás más humano, más cristiano. “Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra.” (Col 3, 1-2)
6. Ayunarás de palabras vanas: serás benedicente. Ayunarás de malos pensamientos: serás puro de corazón. Ayunarás de acciones egoístas: serás un hombre para los demás. Ayunarás de toda hipocresía: serás veraz. Ayunarás de lo superfluo: serás pobre de espíritu. “¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo?” (Is 58, 6)
Fuente: Autor: Pedro Castañera, L.C. | Fuente: Catholic.net
Hermana Glenda -Mi Padre / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Miércoles 04 de Marzo de 2009
1º Miércoles de Cuaresma
Decálogo Cuaresmal (tercera parte)
El tiempo de Cuaresma es un momento de especial preparación interior este decálogo cuaresmal que puede ser una buena guía para cumplir con este propósito
7. Perdonarás una y mil veces a quien te ha herido, con causa o sin ella, justa o injustamente, esté arrepentido o no. Un perdón que no será sólo tolerar o soportar sino que ha de brotar del amor sincero y sobrenatural. Los perdonarás uno por uno, primero en tu corazón y luego, si te es posible, también con tus palabras. No permitirás que el rencor ni el resentimiento envenenen tu corazón. “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34)
8. Ofrecerás sacrificios agradables al Señor. Los harás en silencio, sin que nadie se dé cuenta. Buscarás con ello reparar por tus pecados y los de TODOS los hombres. Querrás con ello desprenderte de las cosas materiales, que tanto te agradan, para poder hacerte más libre y ser una mujer para Dios. Pero sobre todo ejercerás el sacrificio de vivir con perfección la caridad en todo momento con TODOS tus hermanos. “No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; ésos son los sacrificios que agradan a Dios.” (Heb 13, 16)
9. Amarás la humildad y procurarás vivirla de la siguiente manera: reconocerás tus pecados; considerarás a los demás mejores que tú; agradecerás las humillaciones sin dejarte arrastrar por el amor propio; no buscarás los honores, ni los puestos, ni el poder, ni la fama, que todo eso es de Dios; te harás servidora de todos. “el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos”. (Mc 10, 43-44)
10. Anunciarás a los hombres la verdad del Evangelio. Les dirás sin temor que Dios los ama, que se ha hecho hombre por ellos y ha muerto en la cruz para salvarlos. Les mostrarás que sólo Él los puede hacer plenamente felices. Les harás ver que la vida que tiene su origen en Dios, es muy corta, se pasa rápido y que Dios es su destino final; vivir por Dios, con Dios y en Dios es lo sensato y seguro. “Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» “ (Mc 16, 15)
Fuente: Autor: Pedro Castañera, L.C. | Fuente: Catholic.net
Hermana Glenda – Tú mi Alfarero / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Jueves 05 de Marzo de 2009
1º Jueves de Cuaresma
¿QUÉ REMEDIO?: LA POLEA
Cuando deseamos conseguir algo careciendo de esta confianza ilimitada, podemos usar la polea, verdadera palanca, que es una cuerda flexible y deslizante alrededor de una rueda, que en el extremo de la cuerda lleva el peso, y al otro extremo la fuerza para que tirando el peso vaya subiendo poco a poco. Una serie de tirones va elevando el peso; pero si se deja de tirar y se suelta la cuerda, el peso, que ya había subido a cierta altura, cae precipitadamente.
Así funciona nuestra oración, cuando la confianza es limitada… Y así resulta ser nuestra oración ordinaria, como elevada por la polea. Queremos obtener de Dios una gracia, que es como querer levantar un peso, pero no tenemos la confianza suficiente para poder alcanzarla de una vez, por falta de fuerza capaz de levantarla de un solo tirón, y pedimos repetidas veces a Dios lo que deseamos, como a pedacitos de confianza. Actuamos como con la polea, subimos el peso a base de tirones sucesivos. Si nuestra confianza fuera muy grande, como la del centurión de Cafarnaún, o la de la Cananea de Tiro, de los cuales dijo Jesús admirado: “No he encontrado tanta fe en Israel”, no necesitaríamos orar más que una vez para obtener lo que pedimos, como ellos. Al no tener esa confianza, necesitamos dar tirones sucesivos. Ha sido necesario repetir y repetir nuestra oración porque nuestra confianza es muy pequeña. Si nuestros pedazos de confianza son más grandes, necesitaremos repetir nuestra oración menos veces.
Fuente: Autor: Jesús Martí Ballester | Publicado en Betania (es.catholic.net)
Hermana Glenda -Si me faltas / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Viernes 06 de Marzo de 2009
1º Viernes de Cuaresma
ANTE EL FRACASO DE LA ORACIÓN
Cuando la confianza es nula, aunque se repitan mil veces las oraciones no se logra nada, como si no se tira de veras de la polea, el peso se quedará donde está. Cuando se deja de orar porque se cede al cansancio de pedir, o se desconfía de ser escuchado, o se deja vencer por el aburrimiento el desánimo, no se conceden las peticiones. Como cuando se quiere subir un peso por medio de la polea, nos cansamos y soltamos la cuerda el peso cae, y los esfuerzos anteriores han resultado inútiles. Previendo esto los mecánicos, inventaron la polea compuesta, el polipasto, formado de dos o tres poleas simples, para que, aunque dejemos de tirar, el peso se mantenga.
Este símil es por analogía, la oración hecha por dos o más personas. Mientras una deja de pedir, las otras siguen pidiendo, hasta que se consigue lo que se pide. Esta es la fuerza de la oración de la Iglesia, de la familia o de la comunidad. En este principio se basa el Apostolado de la Oración, en el que miles y miles de personas piden a Dios la misma gracia continuamente, como si cada una tuviera un cabo de diversas cuerdas unificadas, para conseguir de Dios la gracia que se pide.
Fuente: Autor: Jesús Martí Ballester | Publicado en Betania (es.catholic.net)
Hermana Glenda – No comprendo lo que me pasa / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Sábado 07 de Marzo de 2009
1º Sábado de Cuaresma
ORACIÓN FRÍA Y RUTINARIA
Pero si los que piden no tiran de veras su oración resulta ser oración de disco, de CD, a la que le falta la confianza. Si cada uno ora con un poquito de confianza, probablemente Dios concederá nuestra petición. Si se reza mecánicamente, sin verdadero empeño, Dios no ha prometido darnos sin más ni más todo lo que le pidamos, aunque se lo pidamos millares de veces, o se lo pidan millones de personas. La promesa es clara: “Todo lo que pidiereis con fe, sin andar vacilando, se os concederá”, y esto según la determinación de su Providencia, pero no en virtud de su promesa. En muchas ocasiones Dios concede lo que se le pide, aunque nosotros no lo veamos. Miles de almas alcanzan, por ejemplo, su salvación, y muchas personas han alcanzado la plenitud de las virtudes, sin que nos demos cuenta de que la consiguieron por nuestras oraciones.
Santa Teresita de Lissieux lo dice de esta manera plática: En la lamparita mortecina del sagrario, la sacristana encendió con cuidado una vela y con ella las de toda la comunidad.
Hemos convertido la palanca y la polea en una imagen para explicar de algún modo el funcionamiento de la oración, que, según San Agustín, es “la fuerza del hombre y la debilidad de Dios”.
Fuente: Autor: Jesús Martí Ballester | Publicado en Betania (es.catholic.net)
Hermana Glenda – Mi única ganancia / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Domingo 08 de Marzo de 2009
2º Domingo de Cuaresma
HÁGASE TU VOLUNTAD
Jesús no ha señalado un catálogo de cosas que podemos pedir, su madre le pidió en Caná vino, el buen ladrón le pidió el paraíso. Podemos pedir de todo y todo, pero somos como niños que no saben lo que piden y debe quedar el discernimiento de la madre dar lo bueno y lo mejor y no dar lo malo, que a veces deslumbra y es bonito y bien visto, lo razonable es lo, después de pedir, lo dejemos en manos de Dios, que él sí sabe lo que nos conviene más o lo que nos puede dañar. Para que después no se nos pueda decir, “Fraile mostén, tú te lo tienes, tú te lo ten”, terminar siempre nuestras peticiones, como nos enseña Jesús en la oración que nos enseñó: “Hágase tu voluntad“, que es como Él oró en la agonía de Getsemaní: “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.
Fuente: Autor: Jesús Martí Ballester | Publicado en Betania (es.catholic.net)
Hermana Glenda -Himno a Cristo / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Lunes 09 de Marzo de 2009
2º Lunes de Cuaresma
La caridad fraterna
Necesitamos recordarlo siempre: el amor a Dios y el amor fraterno van unidos.
Desde la experiencia del amor de Cristo, podemos amar profundamente, concretamente, en lo grande y en lo pequeño, a nuestros hermanos.
Incluso podemos empezar a ver al hermano como Cristo lo ve, “no ya sólo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo” (Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 18).
Entonces es posible percibir, comprender, lo que desea cada persona que vive a mi lado. Por amor, buscaré la mejor manera de ayudarle. Pero, sobre todo, intentaré dar algo mucho más profundo, pues mi mirada será como la de Cristo. “Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita” (Deus caritas est, n. 18).
La caridad fraterna llega, entonces, a lo más hondo de la vida de cada ser humano. Permite no sólo sobrellevar las cargas (no hay personas sin defectos), sino perdonar sinceramente. No sólo ser pacientes, sino avanzar hacia el afecto más sincero. No sólo dar de nuestras cosas, sino darnos a nosotros mismos, como los primeros cristianos (cf. 2 Cor 8,1-7).
Así aprenderemos a ser como el Maestro, que no vino a ser servido, sino a servir (cf. Mt 20,25-28); que nos pidió, desde su entrega absoluta, que amemos como Él nos amó, hasta dar la vida por los otros (cf. Jn 15,12-13; 1Jn 3,16); que supo mostrarse paciente y bondadoso, con un perdón profundo que es capaz de cambiar los corazones más endurecidos.
“En conclusión, tened todos unos mismos sentimientos, sed compasivos, amaos como hermanos, sed misericordiosos y humildes. No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto; por el contrario, bendecid, pues habéis sido llamados a heredar la bendición” (1P 3,8-9).
La caridad fraterna nos hace semejantes a Dios, que hace llover sobre buenos y malos (cf. Mt 5,42-48), que no deja de ofrecer amor a cada uno de sus hijos. Nos permite vivir ya en esta tierra como se vive, eternamente, en el cielo.
Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
Hermana Glenda -No juzgues / (Cantos Católicos de Cuaresma)
Martes 10 de Marzo de 2009
2º Martes de Cuaresma
La hipocresía intolerable
Meditación sobre la verdad y la hipocresía
Al leer el Evangelio nos encontramos con un Jesús todo bondad, que acoge a todos los pecadores, y que, sin embargo no tolera a unos hombres con los cuales está en lucha frontal.
Son los fariseos y los escribas, a los que llama con una palabra que, desde Jesús, se ha convertido en uno de los vocablos más odiosos del diccionario, como es la palabra ¡Hipócrita!…
Llamar a uno ¡hipócrita! ha venido a ser un baldón y la mayor vergüenza.
La hipocresía es la mentira utilizada para aparecer ante los demás bueno y noble escondiendo toda la maldad que se lleva dentro.
Jesús se encontró en su predicación de buenas a primeras con una oposición terrible de parte de los que dominaban al pueblo: los escribas y los fariseos.
Pronto vino el enfrentamiento de los escribas y fariseos con Jesús. Era imposible entenderse la mentira con la verdad, el rigor con la mansedumbre, la justicia despiadada con el perdón misericordioso… Y Jesús, al denunciarlos ante el pueblo, usó siempre la expresión ¡Hipócritas!
Jesús no soportaba la hipocresía porque ésta es la falsificación de la vida, la perversión del pensamiento, la profanación de la palabra. Al mentir, el hipócrita quiere pensar como habla, y vivir después como piensa, es decir, siempre en contradicción con la verdad.
El mentiroso e hipócrita se encuentra muy pronto con el rechazo total, como le pasaba en los tiempos de Jesús al personaje más importante del mundo, a Tiberio, el emperador de Roma. Era el dueño de todo el mundo conocido, pero al mismo tiempo era tan mentiroso, que, como dice un escritor romano de sus días, ya nos se le creía aunque dijera la verdad…
Aquella antipatía de Jesús con los fariseos, es la misma que sentimos también nosotros con cualquier persona que procede con dolo. Aguantamos toda clase de defectos en los demás, porque todos nos sentimos débiles y sabemos ser generosos con el que cae.
Pero usamos una medida diversa con el que nos miente. No lo soportamos.
El hipócrita y mentiroso no puede esperar nada de nadie, porque se le rechazará del todo.
Todo lo contrario le ocurre a la persona sincera. Quien dice la verdad siempre, aunque le haya de costar un disgusto, se gana el aprecio de todos y todos confían en ella. Es el premio del sentir, vivir y decir la verdad.
Jesucristo nos lo dijo con una sentencia bella y profunda, cargada de mucha sicología: La verdad os hará libres.
Quien nunca dice una mentira y confiesa siempre la verdad, y vive conforme a sus convicciones, es la persona más libre que existe. No oculta nada. Es transparente como el cristal. Y de ella dice Jesús como de Natanael: Un israelita en quien no hay engaño. Un cristiano o una cristiana sin doblez…
Sentimos todo lo contrario por aquel que dice y vive siempre la verdad. Ante él nos inclinamos reverentes. Porque es todo un hombre o toda una mujer. Nos fiamos de su palabra. Le tenemos por el ser más valiente y digno de respeto.
La verdad, como dice Jesús, le hace libre, y nos demuestra tener un corazón y unos labios tan limpios como el niño que aún no ha dicho la primera mentira….
Autor: Pedro García, misionero claretiano
Hermana Glenda -Tú tienes palabras de vida
Miércoles 11 de Marzo de 2009
2º Miércoles de Cuaresma
LA HUMILDAD EN LA PRÁCTICA
«Sed humildes unos con otros» (1 Pe 5). Excelente manera de practicar la humildad se nos ofrece al tener que recibir la corrección. Hay que estar abiertos a la corrección fraterna. Que se nos puedan decir nuestras faltas sin que nos enfademos ni nos defendamos, sin que tratemos de justificarnos. Agradeciendo la corrección como una colaboración que nos prestan para mejorarnos. Quien bien te quiere, llorar te hará. Pero es más fácil que busquemos la compañía de los que nos adulan con su palabra o con su silencio en el que queremos interpretar su afecto hacia nosotros, su damos la razón y su dejarnos hacer lo que nosotros pretendemos. Es bueno que nos juntemos con quienes nos puedan enseñar. Será perjudicial que no queramos más que enseñar nosotros. Porque nos cerraríamos y pronto nos quedaríamos pobres, al no ensanchar más los horizontes.
Aprender de todos y manifestar que estamos aprendiendo. Confesar que aquello no lo habíamos entendido hasta hoy. Aceptar nuestra limitación no nos humilla sino que nos ennoblece. Pocas veces se está dispuesto a querer aparecer como ignorante en una materia y es propio de almas inmaduras querer dar la impresión de que se lo saben todo, y de que aquello ellos ya lo sabían. Y con ello, la sencillez: «Llaneza, muchacho, que toda afectación es mala», dice don Quijote a Sancho. Sencillez en el hablar, sencillez en el escribir, naturalidad en el trato, como en familia, como entre hermanos educados y amantes.5:43 11/03/2009
Autor: Jesús Martí Ballester. | Fuente: desde la suma
Hermana Glenda – Las aguas no podrán apagar el amor
Jueves 12 de Marzo de 2009
2º Jueves de Cuaresma
La Virtud de la Humildad
No solo en palabras
Pero la humildad va más allá de las palabras. No consiste ciertamente en hacer profesión de nuestra inutilidad, quedándonos por dentro la conciencia engañada por un deseo de no vernos tal y como realmente somos. Humildad ante Dios es un reconocimiento de la realidad de nuestro ser, de nuestra vida y de nuestros actos. Pero le cuesta a la naturaleza aceptarse tal cual es ansiosa, como está, de ser más de lo que se es.
Para ello y precisamente para ello, hay que empezar partiendo de ese ser y de ese carácter y de esa condición. Todo lo que no sea descender hasta ese bajo fondo, será poner parches y no llegar nunca a la eficacia de la evolución del carácter. Pero para las personas orgullosas por pasión dominante, es extremadamente difícil la corrección. Razón de más para que acepten la humillación.
Hermana Glenda -No puedo vivir sin Ti
Viernes 13 de Marzo de 2009
2º Viernes de Cuaresma
La virtud de la humildad
Reparar
Carácter altivo, genio fuerte, temperamento violento. Fallan. Caen. Se dan cuenta, cuando se dan, según la conciencia más o menos afinada, según el talento con exigencia de matizar y delicadeza.
Quieren arreglarlo. Se lo pide su conciencia y no viven en paz, ni pueden llevar presencia de Dios, ni pueden hacer oración.
Y llega el momento de la gracia. Y desean de veras arreglarlo. Pero desean arreglarlo, es decir, deshacer el entuerto, con el mínimo esfuerzo. Pondrán una sonrisa. Dirigirán la palabra suavizada. Dirán algo que pueda poner vaselina al chirriante arranque de genio…
Pero no les vale. Porque se puede tratar de su formación. Y eso no sería formación, porque dejaría el mismo mal, pero encubierto. Podría servir para una política de convivencia fría y aparentemente pacífica.
Pero no sirve para la virtud. Para la virtud, para adquirir la verdadera humildad, es necesaria una reparación clara. Una confesión sincera. Un reconocimiento de ese carácter. Mira, perdona, yo soy el primero en lamentarlo. Y no quiero ser así. Pero no puedo. Has de ayudarme. Un reconocimiento sencillo y humilde glorifica más a Dios y restablece la armonía social, y la eleva a mayor altura que la que tenía antes del destemplado arranque de genio. A eso hay que llegar.
No debe el hombre creer fácilmente que es mejor de lo que es. Ni debe tener miedo de reconocer su limitación: A veces es sólo eso lo que hace falta. Que él lo vea. Y lo manifieste con llaneza. Ganará más puntos. Y se hará amable a Dios ya los hombres.
Hermana Glenda – Tú sabes que te amo
Sábado 14 de Marzo de 2009
2º Sábado de Cuaresma
La virtud de la humildad
Crecimiento en la oración y conocimiento interior
Y ese despego es necesario para que se desarrolle la vida de oración. Porque cuando se oye hablar de apegos y de desapegos inmediatamente las personas piensan en apegos a algo que está fuera de sí. No. El apego mayor, el que tarda más en desaparecer, es el apego al yo inferior. Más. Los apegos a lo exterior tienen su raíz en quien goza, o teme, que es el yo inferior. Ese despego del yo ha de venir como fruto de una sincera y desnuda oración. A la vez que potenciará la misma oración. Porque el desapego es limpieza y son los limpios de corazón los que ven a Dios (Mt 5, 8). Además, por ser la humildad el fundamento de todas las virtudes, y porque sin ella no puede darse verdadera vida cristiana, ha de ser deseada por todo discípulo de Cristo que quiera imitar las virtudes de su Maestro y dar al mundo un testimonio de vida convincente.
Para conseguir esta virtud, tan rara en el mundo, donde abunda la soberbia de la vida, es indispensable que se reflexione a menudo en lo que somos en el orden natural y en el sobrenatural. En aquél, miseria, ceniza, nada. En éste, pecadores e inclinados al mal y merecedores del eterno castigo. Frecuentemente nos manda la Iglesia recitar: «Humillémonos ante el Señor». «Reconozcamos nuestros pecados». Si pensamos en nuestros pecados nos humillaremos de verdad. Esta humildad transformará nuestras relaciones sociales al hacemos más comprensivos con los defectos de nuestro prójimo si pensamos que Dios nos ha perdonado tanto a nosotros (Mt 18,21-34). Esta humildad no nos dejará ver la paja en el ojo ajeno sino que nos centrará en la viga que tenemos atravesada en el nuestro (Mt 7,3). El reconocimiento verdaderísimo de nuestra vida conseguirá que nos veamos despreciables y viles a nuestros propios ojos. Esto nos llevará a confiar en Dios y a orar siempre para que fortalezca nuestra debilidad.
Hermana Glenda – En el desierto
Domingo 15 de Marzo de 2009
3º Domingo de Cuaresma
La virtud de la humildad
La humildad para hoy
Pero hoy ocurre que se da la impresión de que la virtud de la humildad ya no es de este tiempo. La Iglesia antigua enseñó y vivió equivocadamente la virtud de la humildad. Pero en la Iglesia moderna ya no hay por qué ni enseñar ni vivir la humildad. Hoy la humildad se ha convertido en la propia estima. En nombre de un respeto sagrado a la personalidad, de un arrumbamiento fatal de todo lo que sea respeto, reverencia, sumisión…, se ataca desfavorablemente de palabra y de obra la virtud cristianísima de la humildad.
Toda la Iglesia ha recibido de Cristo mandato de practicar la humildad y esto, como espontáneamente, como floración nueva de su Reino. No se puede construir la Iglesia sin humildad, porque sin humildad no hay espíritu ” de Cristo, y los que no tienen el Espíritu de Cristo no son suyos (Rm 8,9). Su labor en la Iglesia será siempre infecunda. Un poco de movimiento exterior, un mucho parecer que hacen y acontecen, pero en realidad, no hacen nada. O hacen algo peor que nada, que es creer que hacen y que su acción es imprescindible. San Pablo tenía un miedo horroroso a los tales y así amonesta severamente a Timoteo que no elija a nadie para gobernar la Iglesia que sea neófito: «No neófito, no sea que, hinchado, venga a incurrir en el juicio del diablo» (1Tim 3,6). Es fácil y corriente que la inexperiencia, y la larga práctica de la virtud de que carece el recién converso, le ensoberbezca, le hipersensibilicen a cualquier aire de contradicción y tenga que sufrir por ello, él primero, y la Iglesia después, unas consecuencias que no se dieran de no haberle dado el espaldarazo del primer plano.
Hermana Glenda -Tú eres el agua viva
Martes 17 de Marzo de 2009
3º Martes de Cuaresma
La virtud de la humildad
Dios abate a los soberbios y exalta los humildes: pedir humildad
Si las almas no se determinan bien de veras a adquirir la virtud de la humildad, no hayan miedo que aprovechen mucho. Dios no las subirá mucho porque sabe que no hay cimientos, y exaltadas, la caída sería más ruidosa (Santa Teresa Moradas séptimas).
Y con ser tan necesaria esta virtud es la más difícil de alcanzar y la que más brilla por su ausencia incluso entre las gentes piadosas. ¡Cuesta tanto el desprendimiento de lo que más amamos, de nuestra voluntad, de los puntos de vista o criterios propios…!
¡Es tan arduo morir en nuestra más secreta intimidad! Aparecer ante los demás como humildes es relativamente fácil. Serlo de veras, matar el amor propio, enterrarlo bien enterrado muchos metros bajo la tierra, sobrepuja las humanas posibilidades. «Non oritur in terra nostra». La humildad no crece en nuestra tierra -dijo san Juan Berckmans.
Es necesario que pidamos a Dios este don tan principal, esta tan sublime gracia de la virtud egregia de la humildad. De Él viene todo lo bueno, y de Él nos ha de venir la humildad, y Él la concede a los que se la piden humilde y confiadamente. El Beato Dom Columba Marmión solía pedirla rezando estas preces humildes y que tanta paz dejan al que piadosamente las saborea:
• Jesús, dulce y humilde de corazón, óyenos.
• Jesús, dulce y humilde de corazón, escúchanos. Del deseo de ser estimados, líbranos, Jesús. Del deseo de ser amados, líbranos, Jesús.
• Del deseo de ser buscados, líbranos, Jesús. Del deseo de ser alabados, líbranos, Jesús. Del deseo de ser honrados, líbranos, Jesús.
• Del deseo de ser preferidos, líbranos, Jesús.
• Del deseo de ser consultados, líbranos, Jesús. Del deseo de ser aprobados, líbranos, Jesús. Del deseo de ser halagados, líbranos, Jesús.
• Del temor de ser humillados, líbranos, Jesús.
• Del temor de ser despreciados, líbranos, Jesús. Del temor de ser rechazados, líbranos, Jesús.
• Del temor de ser calumniados, líbrranos, Jesús. Del temor de ser olvidados, líbranos, Jesús.
• Del temor de ser ridiculizados, líbranos, Jesús. Del temor de ser burlados, líbranos, Jesús.
• Del temor de ser injuriados, líbranos, Jesús.
• Oh María, Madre de los humildes, rogad por nosotros. San José, protector de las almas humildes, rogad por nosotros.
• San Miguel, que fuiste el primero en abatir el orgullo, rogad por nosotros.
• Todos los justos, santificados por la humildad, rogad por nosotros.
• ¡Oh Jesús!, cuya primera enseñanza ha sido ésta: «Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, enseñadnos a ser humildes de corazón como Vos.
Hermana Glenda -Benditos son los pies
Miércoles 18 de Marzo de 2009
3º Miércoles de Cuaresma
Autor: P. Gustavo Vélez
Con la misma medida
“Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? San Mateo, cap. 18.
¿Qué será perdonar de corazón?. Un extenso programa del cual podemos señalar las etapas iniciales. De entrada, dar de alta a muchos prójimos que hemos calificado como enemigos. Somos más bien nosotros quienes nos erigimos en adversarios suyos, porque tal vez obstaculizan nuestro orgullo, nuestra envidia sistemática, nuestra ansia de protagonismo. Minimizar luego las supuestas ofensas recibidas. Un desacato, una palabra adversa, una actitud no son gran cosa. Pero adquieren una dimensión cósmica, cuando hieren nuestra vanidad.
Y enseguida renunciar a vengarnos. Pero hay venganzas y venganzas. Las hay directas, visibles y sangrientas. Y otras más que consisten sólo en una palabra, una mirada, o un silencio. Son exquisitas, bien educadas, casi dulces. Aunque talvez más destructivas y funestas.
Escuchemos a los sabios antiguos: “La venganza es tarea de los dioses”. Y Goethe nos enseñó: “La más alta venganza consiste en no tomar venganza”.
Hermana Glenda – Alianza de amor entre tú y yo
Autor: Antonio Aldrette | Fuente: Buenas Noticias
El perdón que cura
En muchas ocasiones el perdón es la mejor medicina y el bálsamo más eficaz para nuestras heridas espirituales
Jueves 19 de Marzo de 2009
3º Jueves de Cuaresma
El perdón que cura
«¿Dios, por qué me has hecho esto a mí?», se preguntaba una joven cuando fue secuestrada y violada a sus tiernos 16 años por dos sujetos Hoy, 24 años después y habiendo atravesado muchos sufrimientos, ha logrado perdonar a sus malhechores.
Un largo recorrido de lucha interior entre el dolor y la esperanza, y cómo llegó, a través del perdón a sus agresores, a la reconciliación con Dios y a la anhelada paz interior.
«Me sentía abandonada espiritualmente, y por este motivo estaba enfadada con Dios», exclama. Cual moderna versión del libro bíblico de Job, repasa esas «oscuras e interminables» horas de violencia, miedo, horror que significó el secuestro y la violación… Pero también los momentos de diálogo sencillo y cercano con Dios que le reportaban «tanta paz».
Quizás lo más doloroso recaiga en las páginas que narran su batalla durante el secuestro y la «difícil lucha para seguir adelante y superar el trauma y el odio», porque ella llegó a odiar con todas sus fuerzas a sus captores. «Ese odio paulatinamente, y sin darme cuenta, iba envenenando mi alma y haciéndome cada vez más infeliz». Sin embargo, paso a paso las páginas van abriendo espacio al resplandor del perdón.
Y es que, como ella misma confiesa, «tenía necesidad de perdonar a Dios», perdonarse a sí misma y a sus captores. Narra su proceso interior en el que pasó de un preguntarle a Dios -y casi a reclamarle- «¿por qué has permitido que me sucediera lo que ocurrió?», a un sereno cuestionarle «¿qué quieres de mí en esta situación?».
Este caso es una muestra palpable de la presencia del mal en el acontecer diario de la vida humana. Inclusive en la de los justos que no han cometido pecado ni maldad. Un paradigma del justo que sufre y que no entiende (si se pudiese hablar aquí de “entender”) porqué Dios permite que le ocurran tantas desgracias.
Pero sobre todo es un prototipo de esa lucha interminable que cada ser humano tiene que librar cada día para no dejarse llevar por el mal. Una lucha que en ocasiones, por las circunstancias con que se presenta, puede llegar a ser encarnizada y feroz. Y aún más, no se trata sólo de una lucha para no dejarse arrastrar por el mal… sino de una verdadera batalla para vencer el mal con el bien
Y es que efectivamente, en muchas ocasiones el perdón es la mejor medicina y el bálsamo más eficaz para nuestras heridas espirituales. Como ella constató al exclamar: La justicia no ha hecho nada para curarme. El perdón sí.
Hermana Glenda -Mírame a mi
Viernes 20 de Marzo de 2009
3º Viernes de Cuaresma
Hubo un Hombre que dijo: “No hay mayor amor que aquel que da la vida por sus amigos”. Ese Hombre, Cristo, que era Dios Encarnado, nos enseñó durante su vida lo que significa la misteriosa palabra “amor”. Su vida, pasión y muerte es el testimonio elocuente del verdadero sentido del amor. Amor que es donación; donación que es sacrificio.
Tristemente nuestra sociedad está ya acostumbrada a escuchar “amor” en su sentido más deshumanizado. Sin embargo, el amor que Cristo nos enseña no es un amor sensual, fundamentado en la posesión física y en el placer. Este tipo de amor degrada a la persona al considerarse como un pasajero objeto de gozo y satisfacción.
Cristo se encarnó y se entregó en la cruz para elevar el amor a su sentido más auténtico, a sus más altas cotas y a su más íntima pureza. Con su ejemplo nos enseñó a preocuparnos desinteresadamente por el otro y a ansiar, por encima de todo, el bien del amado.
Es en la cruz donde puede contemplarse la verdad de este amor. A partir de esta verdad se debe definir qué es el amor y, desde este mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amor.
Ojalá que el ejemplo de amor-donación que Jesucristo nos transmite con su pasión y muerte nos sirva para analizar si de verdad somos sinceros al afirmar: “te amo”. Que este testimonio nos ayude a emplear esta palabra en su sentido más pleno y genuino.
Autor: Héctor Castro | Fuente: Gama-virtudes y valores
Hermana Glenda – Transparente
Lunes 23 de Marzo de 2009
4º Lunes de Cuaresma
Confiaré en ti
La conversión supone la valentía de profundizar dentro de la propia alma. La conversión supone la valentía de entrar al propio corazón, como Jesús entra dentro del alma de estos hombres para que se den cuenta que todos tienen pecado, que ninguno de ellos puede llegar a tirar ni siquiera una piedra. Pero, muchas veces, lo que nos acaba pasando cuando rozamos el misterio de la conversión de nuestra alma, cuando tocamos el misterio de que tenemos que transformar comportamientos, afectos, actitudes, criterios, pensamientos, juicios, es que nos da miedo y nos echamos para atrás y preferimos no tenerlo delante de los ojos.
¿Quién se atrevería a bajar hasta lo más profundo del propio corazón si no es acompañado de Dios nuestro Señor? ¿Quién se atrevería a tocar lo tremendo de las propias infidelidades, de los propios egoísmos, de todo lo que uno es en su vida, si no es acompañado por Dios? La pregunta más importante sería: ¿Ya has sido capaz de bajar, acompañado de Dios nuestro Señor, a lo profundo de tu corazón? ¿Ya has sido capaz de tocar el fondo de tu vida para verdaderamente poder convertirte?
¡Cuántos esfuerzos de conversión hemos hecho a lo largo de nuestra vida! Cuántas veces hemos intentado transformarnos, y no lo hemos logrado, porque nunca hemos bajado hasta el fondo de nuestra alma, porque nunca nos hemos atrevido a tomar a Jesús de la mano y permitirle que nos cure. Como el médico que, para poder curar nuestra enfermedad, tiene que llegar a la raíz de la misma, no puede conformarse simplemente con aplicar una cura superficial.
Ojalá que si en esta Cuaresma no hemos todavía transformado muchas cosas y seguimos teniendo egoísmos, perezas, flojeras, miedos y tantas otras cosas, por lo menos hayamos conseguido la gracia, el don de Dios, de permitirle bajar con nosotros hasta el fondo de nuestro corazón, para que desde ahí, Él empiece a sanarnos, Él empiece a transformarnos, Él empiece a cambiarnos. “Aunque atraviese por cañadas oscuras nada temo, Señor, porque Tú estás conmigo”
Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net
Hermana Glenda – Confiaré en Ti
Miércoles 25 de Marzo de 2009
4º Miércoes de Cuaresma
Virtudes en Cuaresma
Fortaleza
Cuando pensamos en fortaleza, imaginamos fuerza física, hombres osados, películas de acción. Si fuese así, la fortaleza tendría poco que decir en tiempos de paz, tranquilidad y armonía. Sin embargo, éstos últimos no serían posible sin ese vigor y energía que supone un alma impregnada, traspasada por esta virtud, la que le confiere el valor necesario para soportar la adversidad, para resistir los peligros, para apertrechar al resto de las virtudes con la carga de vigor necesarias en tiempos que resultan no pocas veces adversos.
Pero ¿quién es “fuerte”? Ante todo, quien está dispuesto a afrontar peligros, a decir no ante una situación contraria a sus valores o que lo puede llevar a errores difíciles de reparar. Será fuerte quien soporte las adversidades por una causa justa, por la verdad o la justicia y quien persevere en ellas.
La virtud de la fortaleza supone superar la debilidad humana que se manifiesta en cientos de formas y, sobre todo, vencer el miedo. Tememos, por naturaleza, al peligro, a los disgustos y sufrimientos. La fortaleza, conquistada conscientemente, es un antídoto contra el actuar pusilánime y las tentaciones de debilidad.
Tienen una valentía especial los hombres que son capaces de traspasar esa barrera, dando así testimonio de la verdad y la justicia. Para obtener una fortaleza interior, debemos “superar” en cierta manera los propios límites y “venciéndonos” a nosotros mismos, corriendo el “riesgo” de encontrarnos en una situación ignota, el riesgo de ser mal vistos, de exponernos a consecuencias desagradables, tales como injurias, degradaciones, pérdidas materiales y tal vez hasta la prisión o las persecuciones. Para ello, señala el Santo Padre, “el hombre debe estar sostenido por un gran amor a la verdad y al bien al que se entrega. La virtud de la fortaleza camina al mismo paso que la capacidad de sacrificarse. Con Cristo ha adquirido un perfil evangélico, cristiano”. El Evangelio va dirigido a los pobres, mansos y humildes, operadores de paz y misericordiosos. Pero a su vez contiene un llamamiento constante a la fortaleza ya que el Señor sabe que sin esta virtud las demás se abandonan con facilidad. “No tengáis miedo” (Mt 14,27) repite en varias ocasiones; enseñando al hombre que es necesario saber “dar la vida” (Jn 15,13) por una causa justa, por la verdad, por la justicia.
Hermana Glenda -Tú eres mi Roca
Jueves 26 de Marzo de 2009
4º Jueves de Cuaresma
Vivir Cuaresma
Perseverancia, don especial
Dice el refrán: “El que persevera alcanza”. De nada nos sirve empezar con mucho afán algo que queremos lograr si no tenemos perseverancia. La mitad de los anhelos en nuestra vida se nos quedan en eso, en anhelos, en deseos, en sueños no realizados… y si analizamos bien el por qué no se hicieron realidad fue porque nos faltó perseverancia.
La perseverancia es la firmeza y constancia en la ejecución de los propósitos y en las resoluciones del ánimo. Cuanta cosa emprendemos en la vida tienen que tener perseverancia pues sin ella, todo lo emprendido se irá diluyendo como agua en nuestras manos, como humo en el azul del cielo. El ánimo resuelto ante una cosa que emprendemos y la voluntad firme nos llevará al éxito.
A veces con los años se viene como un cansancio, como una flojera, como una desgana espiritual. Ya no hay el ardor juvenil, se fueron los días en que el alma ponía en juego toda su fuerza para los sacrificios y la voluntad estaba al servicio de la fogosidad del espíritu para agradar a Dios. Es el momento del peligro. Peligro de abandonar el estar en pie de lucha.
El enemigo, el demonio ha esperado mucho tiempo, muchos años ese momento, este atardecer de nuestra vida, este estado de pereza espiritual. Ha esperado y ya saborea su triunfo al vernos flaquear, al ver nuestra tibieza, como poco a poco vamos dejando a un lado el sentido de nuestra fe y llenándonos de dudas acabamos por permanecer indolentes a todo lo referente a nuestra vida espiritual.
Ante esta circunstancia, pidamos como un don especial, que acompañe hasta nuestro último día la perseverancia final.
Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net
Hermana Glenda – Tu eres mi descanso
Viernes 27 de Marzo de 2009
4º Viernes de Cuaresma
Pasos de crecimiento espiritual
Primera Parte
El edificio de la vida espiritual se construye paso a paso, y así la dirección espiritual adquiere como fin la grave responsabilidad de lograr que la dirigida se comprometa cada vez más con su proyecto de vida, y que se vaya notando progreso entre dirección espiritual y dirección espiritual. Dijimos con anterioridad cómo en saber exigir con motivación se encontraba el gran secreto para lograr entregas generosas. No hay que tener miedo. Lo mejor que podemos querer para una persona es que alcance la realización completa de la voluntad de Dios sobre su vida, único camino de felicidad y realización personal. Todos, y especialmente las jóvenes, buscan la exigencia más de lo que pensamos, porque buscan la felicidad verdadera. Tienen deseos de santidad aunque la llamen de otra manera; anhelan encontrar una causa a la cual entregar toda su capacidad de donación y de entusiasmo.
Dar pasos de crecimiento espiritual significa:
- Crear inquietudes sanas: ¿Te sientes satisfecha de tu vida? ¿Qué estás haciendo por Dios y por los demás? ¿Crees que Dios te pide algo más? ¿Eres plenamente feliz? ¿Estás invirtiendo bien los talentos que El te ha dado? ¿A dónde quiere llevarte Dios? ¿Tienes claras tus metas en la vida? ¿Cuál es tu actitud habitual respecto a la voluntad de Dios? ¿Miedo de escucharlo? ¿Indiferencia? ¿Aceptación gozosa? ¿Alguna vez te has planteado seriamente la posibilidad de una mayor entrega a Dios? «Yo te invitaría a abrir horizontes», «Creo que tienes muchas cualidades», ¿Te das cuenta de cuánto te ha amado Dios? ¿Podrías ayudar a encontrar cómo solucionar esta necesidad de la Iglesia? ¿Qué te gustaría haber realizado a la hora de tu encuentro con Cristo?, etc.
Muchas veces deberás confrontarla con su situación actual para que la reconozca, y deberás llevarla a sentir el atractivo de la superación. Básate en sus motivaciones de fondo, provócale el deseo de tomar las medidas necesarias para crecer.
Autor: Guadalupe Magaña | Fuente: Escuela de la fe
Hermana Glenda – Que brille tu Rostro
Sábado 28 de Marzo de 2009
4º Sábado de Cuaresma
Pasos de crecimiento espiritual
Segunda Parte
- Cultivo de las virtudes: Lo recomendable es ejercitarnos en las virtudes teologales y hacer de ellas la fuente de nuestra vida interior y apostólica, para que caminemos siempre por la senda de una fe viva, operante y luminosa, que nos permita iluminar todos los acontecimientos de la vida con la luz de Dios y nos ayude a ser fieles y perseverantes hasta la muerte, en medio de las dificultades y luchas que nos exija el cumplimiento de la voluntad de Dios sobre nuestra vida; por la senda de una esperanza gozosa e inquebrantable, que nos llene de la seguridad que sólo Dios puede dar; y por la senda de una caridad ardiente y generosa, que nos haga comprender cuán amable es Dios y nos lleve a responder a ese amor en el cumplimiento fiel de nuestros deberes al único y supremo amor: Jesucristo y en la entrega de nosotros mismos a los demás.
La presencia de Dios en el alma a través de la vida de gracia y de las virtudes infusas, y el seguimiento de Cristo, requieren de actos concretos para manifestarse y desarrollarse. Cuando hablemos de virtudes no deberemos olvidar aquellas que más brillaron en la persona de Cristo, y que deben adornar a toda esposa de Cristo, como son: la caridad, la pobreza, la castidad, la obediencia, el espíritu de sacrificio, la entrega a la voluntad del Padre y a la salvación de los hombres, la pureza y libertad de corazón, la sinceridad, etc.
Autor: Guadalupe Magaña | Fuente: Escuela de la fe
Hermana Glenda -Tú me conoces
Domingo 29 de Marzo de 2009
5º Domingo de Cuaresma
Pasos de crecimiento espiritual
Tercera Parte
- La oración como fuente de luz y fuerza: Con la oración alcanzamos gracias actuales y desarrollamos las virtudes teologales infundidas por Dios en el Bautismo. Sin embargo, estamos en la posibilidad de dejarnos llevar por múltiples ocupaciones de la vida, es decir, caer en el activismo y ¿qué ocurre en almas que han dejado la oración? Son presas de la herejía de la acción.
Con frecuencia, cuando se recitan oraciones, no siempre se tiene conciencia de cuanto se dice; acaba así por convertirse la oración en mera rutina, en estribillo que se repite inconscientemente. Nunca debemos dar por supuesto que ya la dirigida sabe cómo hacer oración. En muchos casos la dirección espiritual será el único medio que tendrá para aprender. Hay que enseñarle. Los apóstoles, al ver cómo rezaba Jesús, le pidieron: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1).
En la oración, el hombre recoge su mente, su voluntad, su corazón, su memoria, su imaginación, para dialogar con Dios -como se conversa con un amigo- acerca de un pasaje del Evangelio, de algún tema de la vida cristiana, o de alguna situación personal.
Toda alma que de verdad busque crecer en la fe y en la santidad, debe hacer de su oración una verdadera entrega a este diálogo con Dios y sacar de allí la luz, la determinación y la ayuda para recorrer cada jornada según el querer del Creador.
Autor: Guadalupe Magaña | Fuente: Escuela de la fe
Hermana Glenda – Hazme volver
Miércoles 01 de Abril de 2009
5º Miércoles de Cuaresma
Austeridad y penitencia
Parte Uno
Austeridad es vivir con sencillez y sobriedad la vida diaria. No se trata de una austeridad vivida en la tristeza, sino una austeridad vivida por amor. Cuando se vive por amor se es feliz, porque la austeridad nos lleva a desprendernos de nosotros mismos para entregarnos a los demás.
La austeridad fue una constante en la vida de Cristo. En (Lc 8,20) se nos narra cómo un hombre exclama con grande efusión: “Maestro, te seguiré a donde fueres”. La respuesta de Cristo es tajante: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”.
Cristo no contó con medios sofisticados para proclamar su mensaje, sin embargo sus palabras han llegado a millones de corazones a través de los siglos.
Los hombres de hoy también podemos asemejarnos a Cristo a través de la austeridad. No se trata de no tener almohadas en donde reclinar la cabeza. Se trata de vivir con normalidad pero con austeridad el día a día. Algunos medios concretos podrían ser: preferir sentarme en una silla dura en vez de un sillón amueblado y cómodo; viajar en transporte público en vez de usar mi propio coche; vestir de una manera sencilla y digna en vez de con ropa cara y vistosa; no querer aparentar el último bolso, celular, Ipod, o cualquier objeto lujoso. Pero lo más importante es hacer todo esto con convicción y por amor a Aquél que nos lo enseñó.
Autor: Santiago Giraldo, L.C. | Fuente: Gama – Virtudes y Valores
Hermana Glenda -Si quereis darme el consuelo
Jueves 02 de Abril de 2009
5º Jueves de Cuaresma
Austeridad y penitencia
Parte Dos
La penitencia se puede interpretar de muchas maneras y ninguna se excluye en la Cuaresma. La penitencia como sacramento es la acción por la cual confesamos nuestros pecados al sacerdote. También nos referimos a la penitencia como la tarea o el propósito de reparar nuestras faltas, y puede ser espiritual o física.
Podríamos caer en el engaño de pensar en la penitencia como algo imposible. A lo mejor nos puede venir la imagen de personas santas que se someten a duras pruebas de la carne para tensar el espíritu: flagelación, cilicio, ayuno absoluto. Como cristianos no debemos olvidar los méritos de quienes practican este tipo de penitencia. Quizá nosotros no lleguemos a este grado, pero sí hay otras maneras que en pleno siglo XXI pueden ser más costosas que las pruebas a la carne.
La penitencia más común es la del ayuno y abstinencia. Abstinencia de comer carne los viernes de Cuaresma. Pero ¿no es muy poco en comparación con todo lo que Cristo hizo por nosotros? ¿Acaso se llama a la novia o se ve la tele una vez a la semana? Entonces, ¡qué buena penitencia sería imponernos la restricción de aquellos medios que solemos utilizar! ¿Nos animaríamos a no navegar por Internet, a no usar el celular, a no utilizar la computadora por un solo día? ¡Qué difícil! Pues esto le agradaría más a Cristo que cualquier otra penitencia rebuscada. Pero hay que recordar que si no se hace por amor, si no se hace con un sentido de reparación, ¡mejor ni intentarlo!
En la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles de ceniza de 2009, remarcaba la importancia de vivir la Cuaresma practicando estas dos virtudes. Decía el Papa: “La Cuaresma, que se caracteriza por una escucha más frecuente de esta Palabra, por una oración más intensa, por un estilo de vida austero y penitencial, ha de ser estímulo a la conversión y al amor sincero a los hermanos, especialmente a los más pobres y necesitados”.
Autor: Santiago Giraldo, L.C. | Fuente: Gama – Virtudes y Valores
Hermana Glenda – Un nombre nuevo
Viernes 03 de Abril de 2009
5º Viernes de Cuaresma
La fe debe convertirse en vida
La fe tiene que convertirse en vida en mí. Creo que todos nosotros sí creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, Luz de Luz, pero la pregunta es: ¿lo vivimos? ¿Es mi fe capaz de tomar a Cristo en toda su dimensión? ¿O mi fe recorta a Cristo y se convierte en una especie de reductor de nuestro Señor, porque así la he acostumbrado, porque así la he vivido, porque así la he llevado? ¿O a la mejor es porque así me han educado y me da miedo abrirme a ese Cristo auténtico, pleno, al Cristo que se me ofrece como verdadero redentor de todas mis debilidades, de todas mis miserias?
Cuando tocamos nuestra alma y la vemos débil, la vemos con caídas, la vemos miserable ¿hasta qué punto dejamos que la abrace plenamente Jesucristo nuestro Señor? Cuando palpamos nuestras debilidades ¿hasta qué punto dejamos que las abrace Cristo nuestro Redentor? ¿Podemos nosotros decir con confianza la frase del profetas Jeremías: “El Señor guerrero, poderoso está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de su fracaso, y su ignominia será eterna e inolvidable”?
Que la Pascua sea un auténtico encuentro con nuestro Señor. Que no sea simplemente unos ritos que celebramos por tradición, unas misas a las que vamos, unos actos litúrgicos que presenciamos. Que realmente la Pascua sea un encuentro con el Señor resucitado, glorioso, que a través de la Pasión, nos da la liberación, nos da la fe, nos da la entrega, nos da la totalidad y, sobre todo, nos da la salvación de nuestras debilidades.
Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net
Hermana Glenda – Contemple al Salvador
Sábado 04 de Abril de 2009
5º Sábado de Cuaresma
El momento presente
El P. Jean Pierre de Caussade (1675-1751) explicó con profundidad y sencillez cómo Dios nos habla a través de dos caminos. El primero es la Sagrada Escritura. El segundo es el momento presente.
Los dos caminos nos llevan a Dios si usamos la “llave maestra” para leerlos de modo correcto: la fe, la esperanza, el amor.
Sin fe, la letra mata y el momento presente queda envuelto en una nube impenetrable. La Sagrada Escritura no desvela sus secretos al erudito más competente o al pensador más profundo cuando es leída sin fe. La vida ordinaria, los hechos de cada día, no permiten descubrir el Amor de Dios si nos falta esa fe con la que todo se abre a dimensiones insospechadamente bellas.
Por eso el P. de Caussade enseñaba a confiar plenamente en la Providencia, a vivir el momento presente de modo profundo, a descubrir en lo cotidiano la grandeza del Amor divino.
“El momento presente es, pues, como un desierto, donde el alma sencilla sólo ve a Dios, y de Él goza, sin ocuparse de nada más que de lo que Él quiera de ella: todo lo demás queda a un lado, olvidado, abandonado a la Providencia” (P. de Caussade, “El Abandono en la Divina Providencia”, cap. II).
El mundo de Dios queda así a disposición de todos, porque el lenguaje divino es sumamente cercano, cotidiano. No hace falta recurrir a métodos especiales, ni a charlas de grandes profesores, ni a días de retiro en un monasterio. Basta con vivir bien lo ordinario para incrementar el amor a Dios y las virtudes cristianas.
Lo “extraordinario” puede ayudar, es algo muy bueno. Nadie lo duda. Pero se logra mucho más a través de la escucha continua de Dios en el presente más humilde, más sencillo, más repetitivo.
En esta clave, es posible descubrir la voluntad de Dios en cada momento presente: en el teléfono que suena, en la puerta que chirría, en la tos que nos empieza a inquietar, en la gotera del piso de arriba, en las palabras amables de un amigo, en la mirada inquisitorial del jefe de trabajo. Como también en el presente que gime en el viento, que hace acrobacias en la golondrina, que llora en el familiar enfermo, que me abraza cuando llego a casa, que me despierta desde la visita de un mosquito.
La santidad, entonces, está al alcance de todos: no es una conquista de pocos “iniciados”, no es un sueño remoto alcanzable sólo por algunos “seres superiores”. Para el P. de Caussade, la acción divina llega a todos. Lo que hace falta es abrir bien el alma para dejarse guiar por el Maestro interior a través de las mil peripecias, sencillas y normales, de cada día.
“La acción divina es más extensa y presente que los diversos elementos. Entra en vosotros por todos vuestros sentidos, siempre que usáis de ellos según la voluntad de Dios, pues hay que cerrarlos y resistir a todo lo que le sea contrario. No hay átomo que, al penetraros, no haga penetrar con Él esta acción divina hasta la médula de vuestros huesos. Los humores vitales que llenan vuestras venas corren por el movimiento que Él les imprime. Todas las diferencias de fuerza o debilidad, de euforia vital o de desfallecimiento, la vida y la muerte, no son sino instrumentos divinos que están obrando. Y así, hasta los mismos estados corporales son todos obras de gracia. Todos vuestros sentimientos y pensamientos, vengan de aquí o allá, todo procede de esta mano invisible” (“El Abandono en la Divina Providencia”, cap. IX).
¿Tan sencillo, tan fácil? Parece que preferimos seguir caminos más tortuosos, hacer sacrificios especiales, buscar métodos y lecturas refinadas. Mientras, dejamos de lado un camino ofrecido a todos, porque a todos ama Dios, y a todos invita a escuchar y aceptar Su Voluntad a través del momento presente. Lo “único” que hay que hacer es decirle a Dios, con mucha confianza, “fiat, hágase”.
Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
Hermana Glenda – Secuencia del Espíritu Santo
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