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Por Monseñor Francois-Xavier Nguyen van Thuan.

Tercer defecto: Jesús no sabe de lógica
Una mujer que tiene diez dracmas pierde una. Entonces enciende la lámpara para buscarla. Cuando la encuentra, llama a sus vecinas y les dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido» (cf. Lc 15, 89).
¡Es realmente ilógico molestar a sus amigas sólo por una dracma! ¡Y luego hacer una fiesta para celebrar el hallazgo! Y además, al invitar a sus amigas ¡gasta más de una dracma! Ni diez dracmas serían suficientes para cubrir los gastos…
Aquí podemos decir de verdad, con las palabras de Pascal, que «el corazón tiene sus razones, que la razón no conoce»
Jesús, como conclusión de aquella parábola, desvela la extraña lógica de su corazón: «Os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta» (Lc 15, 10).

Cuarto defecto: Jesús es un aventurero
El responsable de publicidad de una compañía o el que se presenta como candidato a las elecciones prepara un programa detallado, con muchas promesas.
Nada semejante en Jesús. Su propaganda, si se juzga con ojos humanos, está destinada al fracaso.
Él promete a quien lo sigue procesos y persecuciones. A sus discípulos, que lo han dejado todo por él, no les asegura ni la comida ni el alojamiento, sino sólo compartir su mismo modo de vida.
A un escriba deseoso de unirse a los suyos, le responde: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8, 20).
El pasaje evangélico de las bienaventuranzas, verdadero «autorretrato» de Jesús, aventurero del amor del Padre y de los hermanos, es de principio a fin una paradoja, aunque estemos acostumbrados a escucharlo:
«Bienaventurados los pobres de espíritu…, bienaventurados los que lloran…, bienaventurados los perseguidos por… la justicia…, bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5, 312).
Pero los discípulos confiaban en aquel aventurero. Desde hace dos mil años y hasta el fin del mundo no se agota el grupo de los que han seguido a Jesús. Basta mirar a los santos de todos los tiempos. Muchos de ellos forman parte de aquella bendita asociación de aventureros. ¡Sin dirección, sin teléfono, sin fax…!

Quinto defecto: Jesús no entiende ni de finanzas ni de economía
Recordemos la parábola de los obreros de la viña: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Salió luego hacia las nueve y hacia mediodía y hacia las tres y hacia las cinco.., y los envió a sus viña». Al atardecer, empezando por los últimos y acabando por los primeros, pagó un denario a cada uno (cf. Mt 20, 116).
Si Jesús fuera nombrado administrador de una comunidad o director de empresa, esas instituciones quebrarían e irían a la bancarrota: ¿cómo es posible pagar a quien empieza a trabajar a las cinco de la tarde un salario igual al de quien trabaja desde el alba? ¿Se trata de un despiste, o Jesús ha hecho mal las cuentas? ¡No! Lo hace a propósito, porque -explica-: «¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?».

Y nosotros hemos creído en el amor ![]()
Pero preguntémonos: ¿por qué Jesús tiene estos defectos? Porque es Amor (cf. 1 Jn 4, 16). El amor auténtico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones.
Jesús actúa siempre por amor. Del hogar de la Trinidad él nos ha traído un amor grande, infinito, divino, un amor que llega -como dicen los Padres- a la locura y pone en crisis nuestras medidas humanas.
Cuando medito sobre este amor mi corazón se llena de felicidad y de paz. Espero que al final de mi vida el Señor me reciba como al más pequeño de los trabajadores de su viña, y yo cantaré su misericordia por toda la eternidad, perennemente admirado de las maravillas que él reserva a sus elegidos. Me alegraré de ver a Jesús con sus «defectos», que son, gracias a Dios, incorregibles.
Los santos son expertos en este amor sin límites. A menudo en mi vida he pedido a sor Faustina Kowalska que me haga comprender la misericordia de Dios. Y cuando visité Paray-le-Monial, me impresionaron las palabras que Jesús dijo a santa Margarita María Alacoque: «Si crees, verás el poder de mi corazón».
Contemplemos juntos el misterio de este amor misericordioso.

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Este es un profundo y sabio texto, el que será publicado en dos partes, dada su extensión. Vale la pena su lectura, a conciencia y con el alma abierta.

Por Monseñor Francois-Xavier Nguyen van Thuan.
En la prisión mis compañeros que no son católicos, quieren comprender «las razones de mi esperanza». Me preguntan amistosamente y con buena intención: «¿Por qué lo ha abandonado usted todo: familia, poder, riquezas, para seguir a Jesús? ¡Debe de haber un motivo muy especial! ». Por su parte, mis carceleros me preguntan: «¿Existe Dios verdaderamente? ¿Jesús? ¿Es una superstición? ¿Es una invención de la clase opresora? ».
Así pues, hay que dar explicaciones de manera comprensible, no con la terminología escolástica, sino con las palabras sencillas del Evangelio.

Primer defecto: Jesús no tiene buena memoria
En la cruz, durante su agonía, Jesús oyó la voz del ladrón a su derecha: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino» (Lc 23, 42). Si hubiera sido yo, le habría contestado: «No te olvidaré, pero tus crímenes tienen que ser expiados, al menos, con 20 años de purgatorio». Sin embargo Jesús le responde: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23, 43). Él olvida todos los pecados de aquel hombre.
Algo análogo sucede con la pecadora que derramó perfume en sus pies: Jesús no le pregunta nada sobre su pasado escandaloso, sino que dice simplemente: «Quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor» (Lc 7, 47).
La parábola del hijo pródigo nos cuenta que éste, de vuelta a la casa paterna, prepara en su corazón lo que dirá: «Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros» (Lc 15, 1819). Pero cuando el padre lo ve llegar de lejos, ya lo ha olvidado todo; corre a su encuentro, lo abraza, no le deja tiempo para pronunciar su discurso, y dice a los siervos, que están desconcertados: «Traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado» (Lc 15, 22-24).
Jesús no tiene una memoria como la mía; no sólo perdona, y perdona a todos, sino que incluso olvida que ha perdonado.

Segundo defecto: Jesús no sabe matemáticas
Si Jesús hubiera hecho un examen de matemáticas, quizá lo hubieran suspendido. Lo demuestra la parábola de la oveja perdida. Un pastor tenía cien ovejas. Una de ellas se descarría, y él, inmediatamente, va a buscarla dejando las otras noventa y nueve en el redil. Cuando la encuentra, carga a la pobre criatura sobre sus hombros (cf. Lc 15, 47).
Para Jesús, uno equivale a noventa y nueve, ¡y quizá incluso más! ¿Quién aceptaría esto? Pero su misericordia se extiende de generación en generación…
Cuando se trata de salvar una oveja descarriada, Jesús no se deja desanimar por ningún riesgo, por ningún esfuerzo. ¡Contemplemos sus acciones llenas de compasión cuando se sienta junto al pozo de Jacob y dialoga con la samaritana, o bien cuando quiere detenerse en casa de Zaqueo! ¡Qué sencillez sin cálculo, qué amor por los pecadores!

Fuente: http://www.devocionario.com

De todos los personajes del antiguo testamento el que más me conmueve es Caín. No precisamente porque admire su accionar, mas bien por el contrario.
Trato de profundizar en los sentimientos que lo llevaron a tan fatídica decisión. No olvidemos que no estaba bajo los efectos del alcohol, ni bajo efecto narcótico, ni tampoco en una batalla contra un desconocido donde fluye la adrenalina. Caín estaba solo frente a su hermano ¿Qué lo llevo a semejante decisión?
Recopilando los pocos hechos que tenemos a mano podemos decir que:
Era el hermano mayor, lo que implica, necesariamente, que Abel había estado bajo su responsabilidad y cuidados varios años de su vida;
Era hijo de dos personas que conocieron personalmente a Dios, luego sus padres lo deben haber educado en el amor y temor reverencial a Dios;
No era un vago. Trabajaba de sol a sol. Lo que ahora entendemos por una persona de bien.
Era el hijo mayor, por lo que debe haber recibido mucho amor de sus padres.

Cuesta comprender el motivo de fondo de su homicidio, pero yendo un poco más profundo, descubrimos que Caín tenia envidia de su hermano. Aparentemente sus cosas y su vida empezaron a no ir tan bien como él esperaba.
En un primer momento optó por la solución más fácil, comenzó a retacear su vida, comenzó a ofrecer de si lo peor. Molesto, incómodo, enojado con Dios, que desde su punto de vista egoísta, bendecía a Abel y lo castigaba a él.
No es difícil imaginarse el resentimiento de Caín contra Dios, por ser el culpable de todas sus desgracias, de su mala cosecha, de su miseria, de su fatalidad. No es difícil porque hoy muchos todavía piensan de esa manera.
Tampoco cuesta imaginarse el odio y las ganas de revancha que sentía hacia Abel, el favorito, el bendito, el buen chico. Cómo debe haber sufrido Caín para llegar a generar en su corazón tanto odio contra su propio hermano. Lo mas triste es que ese sufrimiento era autoprovocado y como tal era ficticio, esa aparente preferencia de Dios no era tal, y su hermano contra él nada tenía.
Seguramente Abel, cuando fue atacado mortalmente ni siquiera sospechaba de su hermano, ese hermano que en su más tierna infancia lo había protegido, lo había mimado, lo había amado. Ese mismo hermano con el cual enfrentaban juntos los desafíos y las aventuras cotidianas, de repente se abalanzó sobre él y le dio muerte de forma traicionera y feroz.
¿Cómo no iba a escuchar Dios el reclamo del justo Abel subiendo al cielo? ¿Acaso alguien puede creer que a Dios le da lo mismo cuando matamos a un inocente?

Hay tantas formas de matar a nuestros hermanos…
Hoy este horrible fratricidio se prolonga en el tiempo, miles de Abeles siguen clamando justicia a Dios…
Cuando millones de bebés son abortados años tras año;
Cuando millones de chicos se mueren de hambre por las políticas de mercado;
Cuando millones de ancianos son desechados por improductivos;
Cuando millones de ignorantes son manipulados políticamente por un plato de comida o un par de zapatillas para sus hijos;

Cuando millones de jóvenes son enviados a guerras sin sentido a matarse entre ellos;
Cuando millones de mujeres son golpeadas, abusadas, violadas, humilladas cotidianamente;
Cuando millones de jóvenes están cesantes, consumidos (no consumiendo) por el alcohol y las drogas;
Cuando hablamos mal de alguien sin conocerlo;
Cuando prejuzgamos a las personas por los rasgos de su cara o su color;
Cuando hacemos nuestra pequeña burbuja lo más agradable y segura posible para apartarnos de los que consideramos inferiores a nosotros;
Cuando alguien sufre esa muerte ya sea física o espiritual es Abel reclamando a Dios por su sangre derramada injustamente. No pensemos sólo en los que matan físicamente también están los que matan el alma.

Muchos podrán decir, “pero eso no es tan así porque esa gente no es mi hermano…”
¿Y quién es tu hermano?
Tu hermano es para tu gusto o disgusto, todo aquel que es hijo de tu Padre. Y como todos somos hijos de Dios, es que somos hermanos entre nosotros.
La dificultad más grande que he tenido en la puesta en práctica de mi fe es ésta. Reconocer en los demás a mis propios hermanos, hijos como yo de nuestro Padre.
Cuenta una leyenda que había dos hermanos que vivían en dos parcelas separadas por un río y un desafortunado día se pelearon, se insultaron y se enojaron al punto de no llegar a hablarse. Un día, uno de ellos tenia que ir al pueblo por una semana y le encargó al Carpintero que con toda la madera almacenada en su galpón construyera una cerca alta, una pared, para no ver más a su hermano que estaba del otro lado.
Tamaña sorpresa se llevó cuando volvió y en vez de encontrar su cerca, se encontró con un hermoso puente que unía su tierra con la de su hermano. Fue tanta la bronca que se dirigió de prisa hacia la parte más alta del puente para buscar al Carpintero y recriminarle su desatino. Un fuerte nudo en la garganta se le hizo cuando al llegar a la mitad del puente se encontró cara a cara con su hermano, que le propinó un fuerte abrazo y sollozando le decía:
- Gracias hermano por tu gesto, este puente que mandaste construir me acercó a vos para siempre y te pido perdón por todo lo malo que te pude hacer en el pasado.
Esta es la oportunidad que perdió Caín de reencontrarse con Dios y con su hermano. Esta fue la oportunidad única que tuvo, sólo bastaba tender un puente hacia Abel, perdonarse, abrazarse y continuar el camino hacia el Padre juntos… Como El lo quiere.
¿Cuántos puentes vas a tender hoy?


En los albores del tiempo, cuando nos regalaste el alma inmortal, ya nos conocías, ya nos amabas, ya nos protegías.
En los albores del tiempo, cuando nos pensaste varón y mujer, ya nos querías hacer compartir lo que era tu misterio más exquisito: la familia.
En los albores del tiempo, cuando el primer par de células se juntaron, Vos ya conocías nuestro fin último: buscarte y amarte por sobre todas las cosas.

En los albores del tiempo, cuando el primer ser vivo complejo salió del agua, de curioso, te maravillaste porque nos habías dado el ansia de progresar eternamente y no te defraudamos.
En los albores del tiempo, cuando el primer mamífero amamantó su cría,
conociendo tu extrema sensibilidad paterna te debe haber causado una ternura irresistible porque Vos también sabes lo que es eso.
En los albores del tiempo, cuando el primer primate se paró en sus patas traseras, seguramente debes haber sonreído porque comenzábamos a caminar hacia Ti.

En los albores del tiempo, cuando el primer hombre se sentó en una piedra en una noche estrellada y se puso a buscarte mirando el cielo, de seguro que se te escapó una lágrima de felicidad.
En los principios de la historia, cuando llamaste a Abraham y le pediste su hijo a cambio de la alianza, te conmoviste al extremo de entregar el tuyo en rescate por nosotros para que él no sufriera semejante pérdida.
En los principios de la historia, caminaste junto a tu pueblo 40 años de angustia en el desierto y jamás los dejaste solos, menos en las adversidades, dando pruebas de tu eterna fidelidad.

En la plenitud de los tiempos, viniste a ser uno de nosotros, a darnos tu evangelio, a morir por nosotros y a darnos vida eterna. Nada nos puede separar de tu amor ni de tu misericordia, porque somos desde siempre tus hijos.
Marcelo Arrabal

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De un tiempo a esta parte me han pasado tantas cosas positivas en mi vida, he recibido tantas bendiciones y me ha regaloneado tanto mi Papito, que no me queda otra que rendirme a sus pies y aceptar la realidad, ojo, la realidad de lo sobrenatural actuando en lo inmanente.
Por formación estoy acostumbrado a endiosar a doña “razón”, me ha llevado años darme cuenta que Dios hace todo lo posible y lo imposible para a estar a nuestro lado en todo momento, siempre.

Ya sé que te va a costar creerlo, lo sé, no es fácil. Si vos sos profesional, si has estudiado tanto, si sos una persona importante y admirado en tu posición.
¿Como vas a creer en que Dios se mete en tu vida?, eso son cosas de viejas beatas…
Hasta hace muy poco yo razonaba exactamente igual. Creéme, los que me conocen, han sufrido mucho por mi impecable razonamiento y mi lógica perfecta (que entre paréntesis no sirve para nada más que para hacer unas fenomenales especulaciones y justificar cualquier cosa moral o no).

Te pongo algunos ejemplos…
- ¿Nunca pasaste 5 minutos tarde por un lugar donde ocurrió un accidente?
- ¿Nunca pediste con toda tu fe algo y se te concedió?
- ¿Alguna vez pensaste que alguien al cual no ves (pero sientes) te protegió de un peligro?
- ¿Has tenido intuiciones inexplicables que te han salvado de la desgracia?
- ¿Has sentido una paz y un gozo inexplicable en algún momento de tu vida?
- ¿Se te han solucionado problemas sin saber cómo, ni por quién?
- ¿ Ha estado a punto de morir un hijo y después de un Ave María se han estabilizado sus signos vitales?
- ¿Te has reencontrado con un ser amado y no podés entender tanta coincidencia?
¿Curioso no?

Algunos creen en el azar, yo no. Para mi la casualidad no existe. Existe la causalidad y en ese terreno es donde para lo inexplicable debemos abrir nuestra mente y nuestra alma a otro ámbito: el sobrenatural.
Tenés la opción de creer o no, es tu libre decisión. A mi me costó decenas de años, darme cuenta de que Dios a través de sus mensajeros (ángeles) y de sus santos (los de la Iglesia triunfante y los de la Iglesia peregrina), interviene por cada uno de nosotros favorablemente todos los días.

Como dice un viejo cura párroco amigo mío, estamos rodeados de santos y no nos damos cuenta. Es cierto amigos, sin conocerlos en profundidad vivimos rodeados de personas que buscan la santidad en el día a día y ni siquiera nos percatamos de ello.
Te propongo un desafío, empezá ahora a abrir tu corazón y tu alma, suplícale al Espíritu Santo humildad y al poco andar vas a empezar a descubrir cosas que no vas a poder explicar. Te desafío a abrir tu alma a lo divino, es la experiencia más bella que vas a poder vivir.
Bendito sea el Padre que ha querido revelar estos secretos a los sencillos y escondérselos a los sabios y a los poderosos.
Marcelo Arrabal


“La Cruz es el árbol en que quiso redimirnos Jesús. Quiso morir con los brazos extendidos para abrazar a todos los hombres. Amemos a quien tanto nos ha amado.
La Cruz es la escalera por la cual podemos subir al Cielo. Quien pretenda salvarse por otro camino, se equivoca . Abracémonos sin miedo nuestra Cruz.
La Cruz es la balanza con que Jesús paga el precio de nuestro rescate. Nuestros méritos son nulos; los de Jesús son infinitos. Confiemos en Jesús Crucificado.

La Cruz es la palanca que, apoyándose en los méritos de Jesús, nos da fuerzas para levantar la pesadez de nuestra naturaleza caída y elevarla a lo sobrenatural.
La Cruz es el puente que, al atravesar el abismo de la muerte, nos trasladará a una eternidad feliz.
La Cruz es la llave con que Jesús ha querido abrirnos las puertas de la gloria y cerrarnos las del infierno. Llevémosla siempre sobre nuestro pecho y tengámosla en la cabecera de nuestra cama.

La Cruz es la nave que nos salvará de las tempestades de este mundo y nos conducirá al puerto seguro de salvación.
La Cruz es el faro que ilumina nuestra inteligencia, nos habla del infinito amor de Dios y nos muestra el término de nuestra vida. Pensemos en lo que nos espera.

Espina para el Corazón de Jesús es la falta de una fe viva por parte de muchos que le aman y sirven, y le sirven casi a la fuerza y arrastrándose más que caminando, en la vida espiritual.
Espina es la falta de conformidad con la voluntad de Dios, que hace murmurar de la Divina Providencia, cuando las cosas no suceden según el propio gusto o capricho.
Espina es la falta de caridad que tienen los pudientes con los pobres. Siempre habrá pobres en el mundo; pero no habría de haber miserables e indigentes. Jesús impone la caridad como ley suya.

Espina es la falta de devoción que manifiestan muchos cristianos en sus mismas oraciones; y las irreverencias que cometen en los templos con su actitud poco cristiana. El templo no es la plaza, ni la calle; es donde está Jesús Eucaristía.
Espina es para el Corazón de Jesús la falta de paciencia y dominio propio de muchos cristianos, que no saben sufrir la menor contrariedad sin quejarse o incomodarse o ponerse como locos.
Espina es para el Corazón de Jesús la sobra de comodidades de aquellos cristianos que se espantan al solo nombre del sacrificio y nada hacen por amor de Jesús, que tanto sufrió por ellos.

Espina es la sobra de amor propio y la soberbia que domina en tantos corazones que no pueden soportar el menor aviso o corrección, viviendo por otra parte llenos de defectos.
Espina es la sobra de negligencia con que se hacen las cosas de Dios. Mientras algunos son todo actividad y energía para las cosas puramente temporales, hacen las cosas de Dios con apatía y falta de compromiso.
Espina es la frialdad, causa de que muchos cristianos, cometan muchos pecados veniales sin que traten de enmendarse de ellos.

Espina es para el Corazón de Jesús ver la falta de cristianos en los templos y la sobra de ellos en los centros de comerciales, canchas y boliches. El Corazón de Jesús ama, y no es amado.
¿Qué haces tú?”
Extracto GA


Es sobrecogedor encontrar en los medios, en la calle y en la vida cotidiana situaciones de abuso y violencia sistemática contra las mujeres sin importar edad, grupo social, condición ni estado civil.
Probablemente la mayoría conocemos estos antecedentes y lo triste es que no hacemos nada para poner un alto definitivo a esta situación.

En países del Lejano Oriente, los bebés son evaluados mediante ecografías y si se comprueba que son niñitas son abortadas masivamente por ser improductivas en la economía.
En los países más fundamentalistas del Islam, las mujeres no tienen derechos ni a la salud adecuada, ni a la educación, ni a escoger su pareja. Ni siquiera a ser felices en el matrimonio porque, a corta edad, les practican una mutilación genital para que no puedan gozar de la intimidad.

En la mayoría de los países de América Latina las mujeres a igual trabajo no reciben igual salario.
Se producen por año miles de violaciones y no se hace justicia, más aún si no hay denuncia debido a las humillaciones por las que las víctimas pasan para probar el delito en cuestión.
Un altísimo porcentaje de las demandas por acoso sexual, son presentadas por mujeres. Probar es tan complejo que quedan sin ser resueltas, “archivadas”.
Miles de jóvenes son secuestradas o engañadas anualmente para transformarse en materia prima del tercer negocio ilegal más rentable del planeta: la esclavitud sexual y la prostitución. (tratas de blanca)
Millones de madres de familia son contagiadas por sus maridos de sida, porque nunca son prevenidas por ellos de la promiscuidad en la que viven.
A pesar de haber demostrado con creces su nivel intelectual equivalente al hombre todavía hay retrógrados (incluso en prestigiosas universidades) que las creen menos inteligentes.

En la actualidad el machismo es una conducta primitiva muy popular que hace que millones de mujeres sean golpeadas, humilladas y hasta vejadas por sus parejas.
Miles de mujeres mueren en el mundo todos los años víctimas de sus parejas.
Detengamos la mirada en el punto principal: la dignidad. A muchas mujeres victima de éstos y otros atropellos no sólo les han quitado la dignidad, sino, incluso, las ganas de vivir .
Que lejanos estamos del Mensaje Final del Concilio Vaticano II donde auguraba:
“Ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga.”
No podemos caer en el facilismo de creer que todo está perdido, ello va contra nuestra fe.
¿Hasta cuando tiene que ser crucificado Cristo en sus hermanas, para que los varones entendamos que la relación con las mujeres se debe basar en el respeto y a la justicia?

No creo que las grandes políticas de Estado, que las cartas de los grandes organismos internacionales, ni siquiera los documentos y las encíclicas tan perfectas y llenas de caridad puedan hacer mucho por cambiar esta situación que denigra al genero humano completo. Soy bastante más simple y pragmático.
Propongo un breve decálogo para empezar a cambiar este flagelo:

1.La dignidad es inherente a toda mujer por ser hija de Dios.
2.Recuerda siempre que naciste de mujer.
3.Las mujeres son las predilectas de Dios, porque colaboran con El diariamente en el misterio de la vida.
4.La inteligencia es un don compartido entre las mujeres y los hombres.
5.Tratar como objetos a las mujeres sólo habla de tu poca dignidad y capacidad de amar.

6.Cuando hables con cualquier mujer trátala con el respeto que merece tu madre, tu hermana, tu hija o tu mujer.
7.Sácate de la cabeza el machismo, el cual sólo reduce tu mirada de las relaciones humanas y te hace un ser muy limitado y prejuicioso.
8.Recuerda estas palabras: respeto, cariño, dulzura, ternura y amor. Son las más valoradas por ellas.
9.No discrimines nunca por género, no es justo a los ojos de Dios, que creó al hombre: varón y mujer.
10.Rechaza activamente la prostitución, la pornografía, el hedonismo y toda práctica que atente contra la dignidad de la mujer.

Si estas pequeñas cosas que acabo de proponer son realizadas todos los días por muchas personas, se puede educar en el amor y el respeto que merecen las mujeres y comenzar una nueva etapa en la humanidad, donde todos, sin importar el género, puedan ser felices.
Finalmente, demos gracias por todas las mujeres y por cada una: por las madres, las hermanas, las esposas; por las mujeres consagradas a Dios ; por las mujeres dedicadas a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otra persona; por las mujeres que velan por el ser humano en la familia, la cual es signo fundamental de la comunidad humana; por las mujeres que trabajan , mujeres cargadas a veces con una gran responsabilidad social; por las mujeres «perfectas» y por las mujeres «débiles».
Por todas ellas, tal como salieron del corazón de Dios en toda la belleza y riqueza de su feminidad, tal como han sido abrazadas por su amor eterno; tal como, junto con los hombres, peregrinan en esta tierra que es «la patria» de la familia humana, que a veces se transforma en «un valle de lágrimas». Tal como asumen, juntamente con el hombre, la responsabilidad común por el destino de la humanidad, en las necesidades de cada día y según aquel destino definitivo que los seres humanos tienen en Dios mismo, en el seno de la Trinidad inefable.

De la amistad o amor fraterno
En estos tiempos donde casi todo, se puede comprar , es necesario volver a valorar la importancia de los amigos en el desarrollo espiritual de los seres humanos. Desde la más tierna infancia vamos conociendo personas que van marcando nuestra vida con su pensamiento, con su lealtad y con su entrega por nosotros. Pocos tienen el privilegio de tener amigos de toda la vida. Las actuales condiciones en la sociedad hacen que vayamos perdiendo contacto con aquellas personas que han marcado nuestra vida y nuestra forma de ser.
Quizás abría que meditar el motivo por el cual perdimos o dejamos durmiendo esa amistad, que tanto bien nos hacia en tiempos pasados. No es un tema menor en el desarrollo del hombre, sin importar la edad que tenga, es tan importante tener amigos verdaderos que en muchos casos son más íntimos y confiables que hasta los propios hermanos. De ahí el dicho que los amigos se eligen y la familia no.
No olvidemos que el mismo Jesús decía: “No hay mayor amor que dar la vida por sus amigos”.
Del amor filial
Los que tenemos la dicha de ser padres, sabemos que no existe una bendición más grande que las personitas que Dios nos ha encomendado. Es común ver hoy como muchos padres ven crecer a sus hijos en forma horizontal. Efectivamente, se van antes de que los chicos se levanten y vuelven cuando están durmiendo.
Paulatinamente se va perdiendo el rol de padre y se va reemplazando por el rol de proveedor. Grave error es apuntar nuestros esfuerzos a que nuestros hijos tengan todo lo que merezcan para que sean felices, cuando en realidad el secreto de la felicidad es que sean lo mejor que puedan ser en sus vidas.
Esta dicotomía existente entre querer que sean felices y concentrar los esfuerzos en el tener, genera grandes frustraciones en los chicos y los transforma en pequeños tiranos, que exigen a sus padres cosas, que rápidamente quedan desechadas una vez que el capricho de tenerlas queda cumplido. Ponen de esa manera sus esperanzas de felicidad en las posesiones y no en lo esencial: la constante mejora de ellos mismos.
No hay arrepentimiento que valga cuando por no hacer lo correcto (que generalmente es enemigo de lo fácil) tu hijo cae en vicios de todo tipo (droga, alcohol, promiscuidad, tabaquismo). Si lo amas verdaderamente es necesario que puedas poner límites a tiempo.
No te vayas a confundir; tu no eres amigo de tus hijos, el rol que Dios te ha encomendado es mucho más importante: ser padre o madre.
Por amor debes educar, guiar, proteger, cuidar y preparar como personas de bien a tus hijos. Aunque implique que tengas que poner límites y reglas que a veces te duelan el alma. No olvidemos el modelo paternal de Dios, nunca nos da lo que queremos, sólo aquello que nos hace bien. Ese debe ser nuestro mayor anhelo, darle a nuestros hijitos los que les hace bien a su alma, a su cuerpo, a todo su ser. Sin importar que tan difícil nos sea. Es nuestra misión y vale la pena.
Del amor erótico
“Se unirá el hombre a su mujer y serán una sola carne”, dice el Génesis. Es fundamental entender el sentido que tiene en hebreo antiguo la palabra carne, según los expertos. Carne se refiere a todo el ser humano, cuerpo y alma. De esta forma se evita una antropología dicotómica en la que fácilmente se toman los términos cuerpo y alma como opuestos y excluyentes.
Cuando el escritor sagrado habla de una sola carne, nos quiere hacer notar que sus cuerpos, sus mentes, sus voluntades, sus sacrificios, sus almas, sus historias, sus mismas existencias, deben estar compenetradas del ser amado. Es necesario hacer notar que esa unión perfecta tiene que darse con dos condicionantes indispensables: sin que ninguno pierda la identidad y haciendo a Dios parte de ese matrimonio, como fuente única e irremplazable del Amor.
¿ Esto es lo que entiende el mundo actual por amor de pareja? Muy pocos quizás lo vean así, la mayoría lo minimiza a un contrato donde por un tiempo determinado van a compartir algunas de sus cosas y eventualmente se procuraran un poco de compañía y placer. Nada más contrario al plan de Dios para este sacramento.
¿Es factible provocar cambios en los matrimonios que están en formación actualmente? Afortunadamente si, Dios siempre nos da inteligencia y voluntad para solucionar cualquier dificultad.
Para salvarlo debemos evitar: la desconfianza, los celos, el arrebato de la personalidad a la pareja, la violencia de todo tipo (verbal, física y psicológica), el abuso, la infidelidad, la ironía, el hedonismo y el placer.
Dios debe ser parte de un matrimonio que quiera perdurar en el tiempo.
Dios nos quiere felices, pero para eso el hombre debe procurar la felicidad de su mujer (no la propia bajo ninguna justificación) y viceversa.
La caridad…. sin dar hasta que duela, es imposible formar una familia sólida y permanente.
Del amor ágape
Este amor esta reservado a Dios y a los hombres y mujeres que deciden estar cerca de El. Es el amor más trascendente, no pretende nada para si mismo. Se entrega en su totalidad y es en definitiva un don de Dios.
Es cierto que la voluntad, la razón, la fe y las certezas, pueden encaminarnos hacia el amor ágape, pero la confirmación del mismo, en el momento de la donación absoluta, cuando se produce la entrega incondicional del ser, es un don de Dios. Porque El tácitamente acompaña en ese momento al ser que es capaz de darse todo. Es Dios el único que , en silencio y con gran amor acompaña , al que se ofrenda, puede durar un instante u horas (como le sucede a los mártires), días y hasta años (como los miles de misioneros que tiene la Iglesia en misión Ad Gentes), lo único común a ese momento de ágape es la vida entregada totalmente del hijo y el amor incondicional del Padre.
¿ Podemos los seres humanos comunes aspirar a este tipo de amor?
No solo podemos, debemos. Es un imperativo dejado por nuestro Señor y Maestro: sean santos como mi Padre es santo.
- En nuestra vida cotidiana debemos orar y tratar de vivir con coherencia. Entregarnos al Padre y ofrecernos como ofrenda agradable a El, pidiéndole la gracia de poder compartir su muerte salvadora para , de esa manera, poder compartir también su resurrección.

Cardenal Castrillón Hoyos.

Hace 2000 años, un óvulo fue milagrosamente fecundado por la acción sobrenatural de Dios. De esta maravillosa unión -precisó- resultó un cigoto (célula producida por la fusión de un espermatozoide y un óvulo) con un patrimonio cromosómico propio. Pero en este cigoto estaba el Verbo encarnado”.
“Después de siete días -prosiguió- tuvo lugar el implante y Dios se convirtió en un embrión humano. Este embrión era el Hijo de Dios y en El residía la salvación de todos los hombres. El óvulo fecundado se fue desarrollando lentamente y, a medida que procedía la división, comenzó su diferenciación y el crecimiento de sus primeros tejidos, órganos y aparatos.”

En el primer mes de embarazo, “cuando el feto medía entre aproximadamente un centímetro y medio, el corazón de Dios comenzó a latir con la fuerza del corazón de María, y Cristo comenzó a utilizar el cordón umbilical para alimentarse a través de su madre, la Inmaculada Virgen. Era totalmente dependiente de un ser humano, pero tenía una total autonomía genética”.
Durante los nueve meses, “el Verbo de Dios” vivió en el líquido amniótico, en la placenta de su madre, para luego nacer como vos y como yo.

(Aporte: Marcelo Arrabal)
Sabiamente nuestro Creador, nos facilitó la medición de nuestras días dándonos la capacidad de tener un parámetro que nos sirviera de referencia en nuestra vida: el tiempo. Muchos se asustan con los tiempos… error, el tiempo es solamente referencial, no es un absoluto, lo que para uno es el todo para otro ser es una pequeñísima parte de su existencia. Compartamos algunos ejemplos:
El elefante se demora 660 días en su gestación, sin embargo durante ese tiempo en algunos insectos ya pasaron decenas de generaciones. Eso no quiere decir que las mariposas sean menos felices que los elefantes por vivir menos…
El hombre actual pasa más horas en su trabajo que con sus hijos, y sin embargo no estaría dispuesto a dar la vida por el primero y lo haría gustoso por sus retoños…
Un edificio puede llevar meses en ser construido y algunos segundos en ser demolido por un terremoto o una bomba…
El mismo ser humano que genera años de sacrificios, de entrega y de cuidados amorosos por parte de su madre, puede perder la vida en un segundo en un accidente…
Lo que a la naturaleza le ha llevado millones de años hacer, nosotros podemos destruir en menos de una generación…
Los acueductos romanos tomaron algunos años en ser construidos y mucho ingenio; pasados dos milenios aún cumplen su objetivo: llevar vida a los lugares donde escasea el agua…
El bambú japonés durante 7 años es solamente una matita, que muchos por ignorancia la cortarían sin dudarlo. Sin embargo por debajo de la tierra está generando un complejo sistema de raíces para sostener el crecimiento que tendrá el séptimo año, donde en seis semanas crecerá 30 metros…
Obviamente que tanta disparidad en los tiempos nos hace pensar en nuestro tiempo, en nuestra vida y en qué estamos haciendo con ella.

Para eso deberíamos reflexionar sobre algunas premisas básicas:
No importa la cantidad de tiempo que tengas que vivir, importa la calidad y cuan plenamente feliz lo hagas;
nunca el tiempo perdido vuelve (“fugit irreparabili tempos”);
seamos concientes de que lo que hagamos o dejemos de hacer va a tener eco más allá de nuestro tiempo;
el hombre no puede evadir jamás el tiempo;
el amor trasciende el tiempo;
Dios está por encima del tiempo.
Por último es necesario dejar todo nuestro tiempo en manos de Dios y confiar en El, pues como reza el Eclesiastés en su tercer capítulo:

Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol:
un tiempo para nacer y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado;
un tiempo para matar y un tiempo para curar,
un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse;
un tiempo para buscar y un tiempo para perder,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar y un tiempo para odiar,
un tiempo de guerra y un tiempo de paz.

Que el Señor nos de la paciencia para no desesperar, para no equivocarnos, para elegir lo correcto y sobre todo, para vivir plenamente nuestro tiempos y de esa manera cumplir con el objetivo para el cual fuimos creados: ser felices.
Marcelo Arrabal


Qué sentido tiene hacer el bien a los demás?
Si lo habitual es que la gente te decepcione, te falle y te traicione…Que sentido tiene sufrir por otros?
Si nadie te va a dar las gracias por ello…Que sentido tiene ser consecuente?
Si en la actualidad todo es relativo…Que sentido tiene la caridad?
Si a los egoístas les va mucho mejor…Que sentido tiene buscar la justicia?
Si hoy los corruptos dominan el mundo…Que sentido tiene ser honesto?
Si se valora más la astucia y la picardía…Que sentido tiene decir la verdad?
Si creemos que todo es una gran mentira…Que sentido tiene entregar la vida?
Si tenemos una sola para disfrutar al máximo…

Desde la perspectiva humana actual nada tiene sentido, no hay verdades absolutas ni certezas de nada.
Sin embargo el hombre es capaz de Dios, tiene grabado a fuego en su corazón y su razón, la conciencia moral. Es imposible que un hombre con un grado mínimo de moralidad, no escuche en su interior cuando la conciencia aprueba o no sus actos.
Está en su esencia el hacer el bien y evitar el mal, si se presta, así mismo, el mínimo de atención, no puede evadirse de esta regla de vida, que Dios quiso darnos, desde siempre.
Muchos han tratado, por todos los medios, de desmentir lo irrefutable: somos criaturas predilectas de Dios. Lo han intentado con mediano éxito, por nuestra mediocridad.

Aprovechándose de la ignorancia de muchos y de la apatía de otros, tratan de hacerle creer al género humano que nada es absolutamente verdadero. Al hacerlo, lo que intentan es negar a Dios.
Apartan al hombre de su moral y lo analizan como si fuera solamente animal, les resulta más fácil poder justificar y hacer cualquier cosa con él.
Las experiencias demuestran que cada vez que el hombre niega su mandato divino, que no es otro que dominar la creación de forma racional, responsable y amorosa, todo termina mal.
Para muestra, el siglo XX.

Muchas veces esta situación es permitida por nosotros, los cristianos, que no sabemos dar verdadero testimonio de nuestra fe. No sabemos dar razón de nuestra esperanza. No sabemos defender lo que Cristo alcanzó en la cruz. La derrota de todo lo que causa daño, dolor y muerte fue pagada con la sangre de nuestro buen Jesús. Y todavía muchos cristianos no vivimos de forma coherente con lo que creemos…
A veces me cuestiono, ¿Realmente creemos que Jesús se hizo hombre y habitó entre nosotros?¿Creemos honestamente que padeció, murió y resucitó? Si eres creyente me vas a responder que si crees. Ahora bien ¿qué estamos esperando para salir y llevar a Jesús a los demás?

Es nuestra obligación moral, hacer todo para que cada ser humano tenga un encuentro íntimo y personal con Cristo. ¿Hacemos nuestro mejor esfuerzo para que esto se concrete? Si tuviéramos la certeza de la resurrección lo haríamos día tras día…
San Pablo ya nos advertía que sin la resurrección de Cristo, el cristianismo es una moral de esclavos. Demos pruebas de nuestra fe, salgamos al mundo a llevar esta Buena Nueva, que hay miles de hombres y mujeres que la están esperando.
Marcelo Arrabal

Esta plegaria fue un regalo de una persona muy importante para mi. Quiero compartirla con ustedes.

Como me cuesta Señor
entender que mientras a unos se les olvida la cantidad de ropa y zapatos que tienen, otros andan desnudos y descalzos, muertos de frío.
Como me cuesta Señor
descubrirte cuando sufro, cuando estoy amargado, cuando siento miedo,cuando siento soledad, cuando la angustia invade mi alma.
Como me cuesta Señor
aceptar la muerte del inocente en manos del despiadado, como me cuesta aceptar que gente no valore la vida de los viejos, de los bebes en el vientre materno, de los enfermos.

Como me cuesta Señor
No enojarme con Vos cuando un volcán, el mar o la tierra acaban con miles de vidas en un segundo y dejan otros tantos heridos y maltrechos.

Como me cuesta Señor
ver que algunos tiran comida porque quedo del almuerzo, cuando se mueren millones de personas de hambre todos los años en el mundo y nadie hace nada.

Como cuesta Señor
que mientras algunos pueblos se mueren de hambre y sin remedios sus gobernantes llenan los arsenales de armas.

Como me cuesta Señor
que permitas que haya asesinatos, violaciones, tortura, genocidios, maltrato infantil, abusos contra criaturas.

Como me cuesta Señor
ver que algunos por intereses egoístas destrozan la tierra y transforman bosques, lagos y selvas en monedas y billetes,

Como me cuesta Señor
tratar de entenderte, pero aún en ese momento confío plenamente en que eres nuestro Padre.

Quiero compartir mi manera de soñar, que es vivir el presente. Para eso les dejo esta modesta reflexión.
Marcelo Arrabal

Muchas veces se escucha: “Vive el presente.”
Que frase más perfecta, más reflexiva, más hermosa. Y que desvirtuada está hoy.
El relativismo de estos tiempos, quiere hacer creer que vivir el presente es:
-
Dar rienda suelta a los instintos
-
Privilegiar el tener al ser
-
Transformar en objeto al otro
-
Poseer todo lo que se desee
-
Confiar absolutamente en los sentidos, negando las realidades que no se pueden comprobar.
-
Vivir como si el hedonismo y la diversión fueran el motivo último del ser humano.
Eso no es Vivir el presente.
Te voy a dejar algunas ideas de lo que realmente es vivir el presente.

Cuando una madre recibe la noticia de que su hijo dentro de su vientre corre riesgo y decide quedarse acostada en un hospital meses enteros para cuidarlo y no perderlo,
eso es vivir el presente.

Cuando un médico le da una medicina carísima a un moribundo para que no sufra los dolores de su partida. Ese acto de piedad es vivir el presente.
Cuando un padre decide hacer que su hijito tenga la mejor calidad de vida y conserve la esperanza en un campo de concentración. Eso es vivir el presente.
Cuando visitas a un abuelo al lugar donde su familia lo depositó por no ser productivo le regalas una hora para saber como está, como siente y que espera de sus días. Esa actitud es vivir el presente.

Cuando luchas para que dejen de cortar árboles, extinguir especies y aniquilar la naturaleza para transformarla en billetes. Ese compromiso es vivir el presente.
Cuando te animas a amar a pesar de las experiencia previas y de esa forma apuestas a la vida.
Ese jugársela por el “nosotros” es vivir el presente.
Cuando alguien denuncia una injusticia y por eso es castigado, torturado y asesinado.
Y ese profeta sabiendo lo que va a pasar es consecuente e igual lo hace. Esa entrega es vivir el presente.

Cuando eres capaz de dar la vida por los demás , sin tener culpa alguna, como lo hizo Jesús.
Eso es vivir el presente y por eso Dios lo resucitó y para siempre quedó presente en medio de nosotros.
Pero ya sé que no es fácil hacerlo, por eso te voy a dejar algunas preguntas para que podás vivir el presente.
¿Has experimentado los sentimientos que se generan en ti cuando haces caridad sin esperar nada a cambio?
¿Has intentado acariciar un niño golpeado y que te corra la cabeza por miedo al golpe que pudiera venir?
¿Has logrado salvar un bebé de que la madre lo aborte?
¿Te ganaste algún golpe o insulto por promover la justicia y la libertad?
¿Has mirado los ojos agradecidos de un moribundo dándote las gracias por asistirlo en su último momento?
¿Alguien te debe su vida, porque lo salvaste de quitársela a si mismo?
¿Has visto nacer a alguien?
¿Recogiste alguna vez un animal herido para sanarlo?
¿Se colgó de tus pies un niño en un hogar de menores cuando te ibas para pedirte 1 minuto más de amor?
¿Te regalo tu hijo/a una piedra, un objeto extraño o un dibujito junto a una enorme sonrisa y un “te amo”?
Yo lo he hecho, y vale la pena, date la oportunidad. Date a los demás y verás el resultado…
Vas a entender qué es vivir el presente, desde la perspectiva del amor.

Y si todas estas palabras no te sirvieron, hazte esta pregunta:
¿Qué harías hoy si te quedara sólo un mes de vida?
Vivir el presente es apostar al 100% tu vida y tener fe en que Dios va a poner la diferencia.
Y ser feliz sin importarte el resultado, dejando hasta tu último aliento en todo lo que hagas, para vivir el presente.





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