oracion-humildad

“Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá” (Mt 7, 7-8)

Si transformamos estas palabras de Jesús en preguntas y a continuación le damos respuesta personalmente, nos encontraremos con más de alguna sorpresa…

¿Qué pido a diario en la oración? ¿Qué busco durante el día? ¿A quién llamo en los momentos dificiles?

corazon-docilSon preguntas que nos interpelan profundamente pues dependiendo de la respuesta que demos, quedará clara la orientación de nuestras vidas, adónde  realmente vamos…

Cuando llevamos este Evangelio a nuestra vida es cuando más nos cuesta discernirlo. ¿Quién no se ha visto enfrentado a una dificultad y no sabe qué hacer? Y pedimos muchas veces lo que no necesitamos…Si estamos autorizados por Jesús a pedir, encontramos en el ‘pedir’ un resquicio para pasar veladamente nuestra voluntad. El peligro de esta práctica es que poco a poco vamos perdiendo el sentido de Dios y lo transformamos en un oráculo de favores. Sometemos el poder de Dios a lo que nosotros creemos que puede ser bueno para nosotros.

Leyendo ‘Jesús de Nazaret’ de Joseph Ratzinger, me encontré con la respuesta que el Rey Salomón habría dado. Dios, en sueños, le dijo: ‘Pídeme lo que quieras’ y Salomón respondió: ‘Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el bien del mal’ (1 Re 3, 9)

eucaristia2Palabras impresionantes…Lo más significativo de la respuesta de Salomón es la humildad. Nos cuesta aceptar que nuestra vida solo tiene sentido en el Plan de Dios; es cierto que somos libres, pero esa libertad tiene solo sentido en lo que Dios quiere de nosotros. Salomón confía en Dios, le entrega totalmente su vida…Por eso le pide un corazón dócil, un corazón suave, obediente a la voluntad de Dios

“Lo primero y esencial es un corazón dócil para que sea Dios quien reine y no nosotros. El Reino de Dios llega a través del corazón que escucha. Ése es su camino. Y por eso nosotros hemos de rezar siempre” (v. Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, p. 181)

¿Cuál sería nuestra respuesta? Mucha de nuestra frustración tiene que ver conque nos fabricamos una imagen totalmente falsa y mágica de Dios, un Dios que concede favores por doquier, un Dios a la carta y a nuestro servicio, cuando somos nosotros los que tenemos que estar al servicio de su Plan de Amor (Salomón reconoce ser un servidor de Dios). Cuando pedimos sin antes buscar y llamar a Dios nos pasa que vivimos en la angustia de edificar sobre arena, cimentar nuestra vida en nuestra voluntad antes que en la de Dios. La confianza en nosotros mismos como constructores de nuestra vida, siempre nos pagará con la angustia, con la tristeza del yo que soberbiamente se cree Dios

Luis Robert V.

“Hermanos, no desprecien su oración. Les digo que Aquel a quien oramos tampoco las desprecia. Antes de que salga de la boca de ustedes, ya la manda a escribir en su libro. Podemos esperar, sin duda alguna, una de estas dos cosas: nos dará lo que pedimos o lo que Él sabe que nos conviene. Nosotros no sabemos a ciencia cierta lo que debemos pedir. La oración nunca es infructuosa” (San Bernardo de Claraval, Padre de la Iglesia, Abad cisterciense)

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