
Últimamente he meditado sobre el tremendo valor de la Eucaristía. Es maravilloso contemplar estas palabras en el corazón durante el día: ‘Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros; haced esto en conmemoración mía’…‘Esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados’ Resuena toda nuestra fe que nos alimenta, nos lanza al amor con valentía, a amar a nuestros hermanos, y reconocer a Dios como nuestro fundamento…
Son palabras que deberían estar en el centro de nuestra alma. El hecho que Jesús se haga presente en cada misa es algo realmente impresionante. Hay santos que cada vez que celebraban misa o la oían, entraban en estados místicos, pues era tal el grado de conpenetración con lo que estaba sucediendo, que simplemente eran una sola cosa con Cristo….
Hoy en día corremos el riesgo de perder el sentido de la Eucaristía. La época nos pide cosas a veces contrarias a lo que Dios nos está pidiendo. No hay tiempo, miles de cosas que hacer, responsabilidades, obligaciones, tareas, misiones. Cosas importantísimas, que Dios también las quiere. Pero estamos descuidando el soporte de todas las cosas más importantes, estamos edificando sobre arena
Me conmueve ver personas de misa diaria, que con un respeto, con una devoción y amor evidente, y unos ojos brillantes, asisten a este sacrificio…
Porque la misa nos recuerda todas las dimensiones de la persona. El sacrificio, que somos de Dios, y nuestra vida está en sus manos. La gratuidad, nuestra vida es un regalo….porque vivimos solo por gracia de Dios. La cruz, el sufrimiento que redime y transforma, el perdón, el pecado que cada día cometemos, la misericordia que nos sigue perdonando, la paz….¡La misa es todo!
Andre Frossard (ateo) buscando a un amigo, entró a una parroquia donde celebraban misa ‘Mi mirada pasa de la sombra a la luz, vuelve a la concurrencia sin traer ningún pensamiento, va de los fieles a las religiosas inmóviles, de las religiosas al altar: luego, ignoro por qué, se fija en el segundo cirio que arde a la izquierda de la cruz. No el primero, ni el tercero, el segundo. Entonces se desencadena, bruscamente, la serie de prodigios cuya inexorable violencia va a desmantelar en un instante el ser absurdo que soy y va a traer al mundo, deslumbrado, el niño que jamás he sido’ Buscando un amigo, se encontró con Dios. Porque Dios puede debilitar hasta los corazones más duros, nada es imposible para su gracia
Si nos cuesta creer que es así, pidámole a Dios con confianza que nos aumente la fe. Realmente lo más necesario e importante que podemos hacer durante el día es ser uno con Cristo, el momento sublime donde oramos, sufrimos, amamos, con Cristo…Toda la vida fusionada con Él…
Le preguntaba a una persona evangélica los horarios de sus celebraciones, y me decía que una o dos veces por semana rendían culto a Dios. Yo agradecía que, a pesar de la escasez de sacerdotes, en la Iglesia aún es posible encontrar una parroquia donde se celebre la misa diaria. Estoy seguro que si esa persona creyese que Jesús está realmente presente en cada misa, no faltaría jamás y la celebrarían todos los días…Los hermanos evangélicos como no reconocen la presencia real de Jesús en la Eucaristía, sus celebraciones están privadas del sacrificio. Es como si dijéramos que la resurrección fue inútil, la pasión de Cristo no sirvió de nada, es como si no tuvieramos que amar más a Cristo…
‘Privado de su valor sacrificial, se vive como si no tuviera otro significado y valor que el de un encuentro convival fraterno’ (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, 10)
Sinceramente la misa transforma. Es indecible explicar su tremendo valor…Tan solo basta creer que Cristo vive, que cada una de las palabras y actos de la Santa Misa, son nuestras palabras, mi verdad, la verdad de Cristo
Luis Alfonso


