eucharistiaPor el simple hecho de vivir uno se da cuenta que aquella vida vista desde la fe no puede permanecer estática. La vivencia exige, tranforma, pide…

Pide renunciar hasta a los detalles más minúsculos, pide encontrarse con nuestro rostro real, no el que nosotros queremos tener, sino el que Dios nos quiere dar. Porque si amamos en serio, nos fiamos de quien amamos, no hay un ‘yo’ que tiende a desaparecer para dar paso al tú

Podría decirse que la vida es vida en la medida que nos entregamos en cuerpo y alma a quién nos creo, ofreciéndonos, sacrificándonos, perdiendo nuestra vida para a la vez ganarla, porque tenemos certeza que la verdad sobre nuestra persona la tiene solo Él…

El amor es una ofrenda donde le restituimos el don de la vida a Dios.

No habrá santidad ni menos amor si la vida es un no. Si no hay un sí, el sin sentido será nuestra morada. Terminaremos en la muerte.

En cambio el amor que es sacrificio, que es ofrenda, aun en las cosas más pequeñas, termina en lo grande. Con mayor razón si regalamos todo. Porque cuando aquel sacrificio nace del amor real, no pide un poco sino absolutamente todo.

Por eso San Alberto Hurtado escribió ¡Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada!

Cómo no si la Santa Misa es el sacrificio de Cristo. Queremos amar como Cristo, deseamos seguirle, imitarle, pero jamás podremos unificar nuestro pobre corazón con el suyo sin antes ver nuestra vida como un continuo sacrificio, un continuo regalo de nosotros mismos, solo por amor… Podremos hacer miles de cosas, pero si no le entregamos la vida, si no le amamos hasta el extremo, no habrá nada porque no te pide ‘cosas’, te pide a ti…

Viviendo nos daremos cuenta con certeza que es así…Imagínense qué tipo de sacrificio es el de la Misa, no son cosas ni personas las que se ofrecen, es el mismo Jesús el que se ofrece para nuestra salvación. Es el Evangelio resumido pero ya no en un libro sino ¡vivo!

Después de esto, ¿Qué podemos ofrecer, qué podemos dar a cambio si no es la vida entera?

Luis Alfonso

Cristóbal Fones – Haced esto en memoria mía

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“Un alma permanece superficial mientras que no ha sufrido. En el misterio de Cristo existen profundidades divinas donde no penetran por afinidad sino las almas crucificadas. La auténtica santidad se consuma siempre en la cruz. El que quiere comulgar con provecho, que ofrezca cada mañana una gota de su propia sangre para el cáliz de la redención.

Toda santidad viene del sacrificio del Calvario, él es el que nos abre las puertas de todos los bienes sobrenaturales. Todas las aspiraciones más sublimes del hombre, todas ellas, se encuentran realizadas en la Eucaristía:

1. La Felicidad: el hombre quiere la felicidad y la felicidad es la posesión de Dios. En la Eucaristía, Dios se nos da, sin reserva, sin medida”

(Fragmentos, La Eucaristía como sacrificio. Alberto Hurtado Cruchaga, S.I)