Hoy, en misa, recogí la hojita de San Pablo. Al leerla resultó inevitable querer compartir el mensaje final del Evangelio de hoy domingo, 6 de Junio, pues lleva en forma explícita al Dios del Amor, verdadero y único Señor.

“Todavía existen cristianos que se enfrentan con un Dios a quien consideran mezquino, rico en reproches, agobiante en sus imposiciones y arbitrario en sus exigencias. Un Dios despreocupado de nuestras lágrimas y tal vez aburrido de de nuestras inconsecuencias.
Ese no es el Dios de Jesucristo: cercano, misericordioso, comprensivo, buen samaritano, incondicionalmente fiel, gozoso de vernos crecer y disfrutar, pues “su gloria es que vivamos felices”. Y eso es lo que nos revela la Palabra de Dios hoy: un Dios lleno de misericordia y de ternura, que nos ama a pesar de todo. Y esto cambia nuestra vida. Hace poco, en un “Taller de Discernimiento” quedé sorprendido ante la confidencia de una señora. Se había pasado más de 25 años temiendo a Dios. Tenía el corazón encogido. Se portaba bien, pero por temor, y no se sentía feliz. Cuando en su proceso de reflexión orante descubrió al Dios de Jesucristo, se quedó primero desconcertada: “no lo puedo creer”, y luego explotó en un desahogo gozoso: “Me lo decía mi corazón de madre. Dios no podía ser así”.

El Mesías no se impondrá, ni dominará, ni atemorizará a nadie: será humilde y pacífico. Nosotros vamos al revés: nos encandila lo espectacular y nos paraliza lo cotidiano, lo sencillo. Y por eso el salmo nos invita a bendecir a Dios por lo que es. Y nos da de Él la mejor definición: Dios es clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, cariñoso con todos. En el Evangelio Cristo aparece como la imagen perfecta de ese Dios bondadoso: “vengan a mí los que están cansados y agobiados… Mi yugo es llevadero… Soy manso y humilde de corazón”. Así es Jesús: nunca pasó frente nadie con un corazón distraído: curó enfermos, limpió leprosos, resucitó muertos…, encendió nuestra esperanza, nos enseñó a amar y nos liberó de todas nuestras esclavitudes…Y esta bondad de Dios lo lleva a amar más a los humildes y marginados y revelar sus secretos a los sencillos de corazón porque el Espíritu habita en sus corazones Estos creen en Dios, como el ciego en el sol, porque lo sienten. Y tienen más armonía y gozo. ¿Somos sencillos de corazón? ¿Qué contagiamos, misericordia o indiferencia? ¿En qué Dios creemos?”
José María Guerrero, sj

Santa Teresa decía que la humildad es caminar en la verdad “Busco en mi vida la verdad o me dejo llevar hacia las apariencias vacias de valor cristiano?
“La medicina y la psicología moderna reconocen hoy el valor terapéutico de la humildad. El prestigioso psicólogo Carl Jung dice en un libro suyo que todos los pacientes que se habían dirigido a él sufrían por algo que se podría definir “falta de humildad”, y que no curaban sino hasta el momento en que tomaban una actitud de respeto y de aceptación de una realidad más grande que ellos, es decir, una actitud de humildad.

Yo diría que ésta es siempre la verdadera causa de nuestros sufrimientos íntimos: la falta de humildad, que es autosuficiencia, orgullo, deseo de poder y del aprecio de los demás; o, simplemente, el no querer aceptar nuestra debilidad, nuestra fragilidad y los propios límites.” Autor: P. Sergio A. Cordova LC | Fuente: Catholic.net



