¡Oh!, Puerta, ¿Qué hacéis allí sin moveros, sin dignaos a caminar?

¡Oh!, Puerta, ¿Qué tenéis que contaros hoy? ¡Cumplid tu palabra!

¡Oh!, Hombre, Todo lo que os tengo que contaros ya está dicho

¡Oh!, Hombre, Mi semblante yace aquí siempre, fijo cual ujier en el proceso

¡Oh!, Hombre, Te replico: si vivieseis en mí, ya querríais ser puerta


soy feliz en lo sencillo

¡Oh!, Puerta, ¿Por qué sois tan soberbia? Vivéis en la penumbra de la infelicidad

¡Oh!, Puerta, ¿Qué me decís de tanta desgracia junta? ¿Queréis que sea como tú? ¡hum!

¡Oh!, Hombre, La felicidad la tengo aquí, hombre pequeño y enceguecido

¡Oh!, Hombre, Veo y contemplo la dulzura de los corazones

¡Oh!, Hombre, Dejadme en paz, no quisierais ser hombre si comprendieseis mis palabras

tan solo tu palabra revoluciona mi ser

¡Oh!, Puerta, ¿Qué tan feliz sois? ¡Decidme de una vez, o cargo contigo!

¡Oh!, Puerta, ¿Tan mal agradecida sois? Te elegí entre cientos de miles, ¿con esto das tu paga?

¡Oh!, Hombre, Soy feliz aun me eches abajo. Este dintel atestigua mi felicidad, este umbral la refuta.

¡Oh!, Hombre, No tengo más que decir; si me creéis, aprended de mí. Si no, dejadme en paz

¡Oh!, Hombre, Vivid en tu dádiva. Ya tenéis bastante en que ocuparos.

eres la llama de mi paseante vivir

¡Oh!, Puerta, ¿Dirás de una vez? ¡Mirad lo que tengo en manos!

¡Oh!, Puerta, ¿Abrirás tu corazón de una vez? ¿O no sois más que un atado de astillas?

¡Oh!, Hombre, Aquí está mi felicidad. Ven, acercaos. Tocad. No necesitáis decidme nada.

¡Oh!, Hombre, Apresuraos. Dignaos de una vez, desprendeos de vosotros mismos. ¡Ven!

¡Oh!, Hombre, Aquella asa es mi felicidad. Vuestra asa, para ti esperpento, es mi dicha matinal.

¡Oh!, Hombre, Es mi aurora celestial. Es mi continente de realidad. Es mi sabia fluidez.

Os lo digo hoy, hombre. Húmeda es. De cuando en cuando tuerzo mis estructuras en pos de retenerla. Es mi afluente de niñez. Es mi densidad candente, entre pinos y silvestres. Es mi oído y contemplad de noches y despertares. Es mi temperatura en doblez: calor para sí, frialdad hacia fuera. Es mi sueño sin despertar.

¡Oh!, Hombre, Aquella asa, hombre de mil haberes, es mi conexión con su pequeñez. Aunque presienta y detenga sus porosidades en una sola mañana, en una sola tarde, en una sola noche, soy feliz, aquí… Ya veis. El mundo no lo ve. Pues no enloquecí en mis tareas. Conozco sus gentilezas y escapes. Sé de la fineza de sus presentimientos, de la altura de sus risas. No tengo más que pedir, hombre. No sabéis de lo sencillo de vuestra comunión. Espero, aquí, su llegada. Otro día feliz para mí…

Luis Robert

Dedicado a mi querida Andrea Balbontín.

Despilfarradora de amor

Agradezco a Dios tu bellísima alma…

eres agua limpida en mi vida