quisiera vivir en el medioevo y ser doncella

La persona que ama, digo, de veras, está sujeta a renovarse en el amor a cada segundo. Y cierto es desde el momento en que amar es un verbo, esto es, un ejercicio de la voluntad humana, es decir, esencialmente libre. Esto significa que para amar, es necesario liberarse de las ataduras, cualesquiera estas sean. Una de las tantas son las preocupaciones.

El preocuparse, en un sentido benévolo, es expresión de ese amor que el hombre inconteniblemente desea dar. Es aquella preocupación que atiende a la persona objeto de la realización; el anticiparse a su ser; en otras palabras, su donación total. Acaso en este punto la palabra esté mal empleada, pero no dejo de pensar en que el preocuparse por entregar, donar, etcétera, tiene este sentido, que no es sino la apertura hacia el otro. Pero no es aquella la preocupación que necesita liberación. El estar preocupados, ya no en este buen sentido, obstaculiza la expresión amorosa. Las hay muchas, mas principalmente, es la que confunde el amar con el éxito de la donación.

y soñar que un principe vendrá por mi

Cosa cierta es que el amor siempre triunfa, pues, no hay virtud más excelsa, gloriosa, trascendente, llena de gracia en los siglos de los siglos que haya llenado tanto al hombre. El problema aterriza cuando el ser humano relativiza el triunfo eterno del amor, -sólo asible el día en que nos abracemos con el Padre-, con el éxito de su disposición, esto es, condicionar a metas más o menos finitas su capacidad.

Cuando se trata de amar no existen cotas. Hay una relación precisa y clara entre amor y fidelidad. Si se es fiel, es decir, entrega absoluta a ese Dios con quien viviremos por toda una eternidad, también el amor reclama una ilación de roca con el péndulo de Dios. El amor cuando es magnánimo, trascendental, divino, no está ajeno a dolores y sufrimientos que las más de las veces son semillas de regeneración de nuevo y vivo amor.

y que el dia será noche y la noche, noche

Pero estos estados sólo son posibles si la persona amante se mantiene fiel a la fuente del amor. Cuando no es así, se quebranta la fidelidad, y se cae en pseudo fidelidades, p. ej.: metas mundanas, objetivos mediatos, apariencias, etc. Todo este escenario cultiva en los seres humanos un ambiente de escepticismo y duda, sea al cumplir lo esperanzado en menos tiempo, o bien, esperanzas frustradas de lo que parecía fácil pero se mantiene en lo eterno.

Amando en fidelidad, se cruza este umbral de desesperanza. El amor con ribetes de verdad, necesita, para ser hermoso, radiante, de certezas últimas. Este amor-esperanza está puesto en la infinitud de la obra del Creador, y, por semejanza, se hace pequeño en los corazones humildes, para cuando darse, de la nada misma, hacerse grande, potente, poderoso, redentor.

y perdernos en la inmensidad del bosque

La esperanza cristiana nos llama a vivir esta realidad de amor en firmeza. Es como un gran jarro que necesita ser llenado para rebasarse y así, verter toda la dulzura de su néctar en sus alrededores. En el caso del amor, esta inundación es sin límites, infinitamente gozosa. Cuando es así, el hombre se sabe glorioso, lleno de felicidad, aun en los momentos más dolorosos y sufrientes. Belleza pura ve enfrente. Lágrimas de este néctar son efectos de la lluvia, del torrente amoroso que casi no cabe en su ser. Bueno es así desparramar.

Preocuparse por amar. No hay otra preocupación. Metas, objetivos, que siempre los hay, no deben convertirse en tacos. El éxito, inunda de desdicha lo más precioso que un ser humano puede vivir en sus años de vida terrena. Es el Padre quien en última instancia se encarga que las empresas humanas tengan éxito o no. La fidelidad es amor al cielo, cimiento para el darse con entereza en nuestra vida.

y bailar sin final

Luis Robert V.