
El padre Antonio Cosp nos dice que existe un proceso humano demoníaco que nos lleva a la tristeza y otro humano divino que nos lleva a la alegría.
Muchas veces , producto de factores externos, que nos afectan en nuestro diario vivir, nos desilusionamos de Dios, cuando no se cumplen nuestras expectativas o de pronto surge un mar de malos momentos en que nos desesperamos y no vemos salidas, pese a nuestros ruegos.
Frente a este escenario tenemos dos alternativas: acrecentar la tristeza o la alegría, tomando en cuenta que esta última es un tesoro escondido que debemos descubrir a diario. La felicidad existe, como tesoro existe y en nosotros está el descubrir este don otorgado por Dios.
Tomemos en cuenta que tanto la tristeza como la felicidad corresponden a la apetencia sensitiva.

Cuando mis expectativas son excesivas, al no poder materializarlas, me siento pobre, desvalido, solitario, menospreciado. Es aquí donde se abre el primer germen de la tristeza, donde se despiertan otros sentimientos, como la ira, la desilusión, que si no freno a tiempo, se acrecentarán en la medida que me quede en la expectativa no cumplida. Con ello pierdo el dominio sobre mi mismo y el control sobre mi corazón. Es este el paso que no debemos permitir; no debemos dejar que la alegría que permanece en el alma, la ternura que toda situación nos convoca, quede relegada y a su paso caminemos por la senda del enojo, “salirse de las casillas”.
Lo señalado precedentemente son evoluciones internas, se forjan en nuestro interior. Pero a ello sumamos factores externos, que sólo azuzan y acrecientan los sentimientos negativos, al intervenir otras personas que dramatizan más aún nuestra situación, creando resentimiento, amargura y “depresión en el corazón”. Con ello ya no busco el origen de mi frustración en mi misma, ahora le echo la culpa a terceros, en primer lugar y luego a Dios “Le he pedido tanto y no me escucha” dice el padre Cosp. Todo este circulo va creciendo como bola de nieve hasta destruirme por completo, cayendo en estados depresivos, no encontrando la salida, sumiéndome en un pozo profundo donde no veo la luz.
La tristeza y la amargura tienen poder propio y si obran en mi se apoderan de tal modo de mi interior que no me permiten salir de ese estado ni anímica ni mentalmente, no puedo pensar en completa libertad y con la conciencia clara y pura para ver el camino. Mucho menos podré tener esa animosidad que proviene de la esperanza y optimismo que toda persona debe ponderar como don implacable frente a este escenario.
Los Padres de la Iglesia- nos cuenta el padre Cosp- estudiaron esta materia y señalan cómo el demonio se aprovecha de esta circunstancia anímica para obrar en nosotros, sembrando mayor amargura y con ello generando mayor ira, desenfado, resentimiento, desesperación.
La tristeza destruye la dignidad humana y nos aleja de Cristo resucitado, quien vino para que tengamos vida y en abundancia y nuestra felicidad sea perfecta.

Pero no nos quedemos aquí. Hablamos de dos caminos. El otro es la alegría. Pese a los múltiples dolores que tenemos , ser feliz, incluso llevar una vida plena, aún en medio de la más grave circunstancia, es posible.
La alegría es una elección, por tanto dejo que Dios obre de tal modo que no permito que terceros influyan en mi, incluida mi felicidad y sólo está en mis manos no permitirlo, ello nos lleva a ser “proactivos” y no reactivos, no pasivos, esperando que la felicidad llegue sola, este camino es vegetar en el mundo, acto al que no estamos llamados.
Dije que la alegría era una elección, es “decidir” ser feliz y luchar con ahínco por conquistarla, trabajar en ella. “Es proponerse que nada me quitará la alegría”. Si, porque en eso consiste la vida de todo buen cristiano y persona de buena voluntad. El lado positivo de cada situación negativa existe, ver es lado a la luz de la fe, a la luz del entendimiento positivo, nos permite descubrir que no importa cuanto dolor se genere en nuestras vidas, ésta vale la pena porque ” después de un día gris siempre sale el sol”.

El ejemplo más claro de que debemos trabajar en la felicidad consiste en tener sed. No espero que el agua llegue sola, la busco y tomo de ella. La alegría es un bien espiritual y debo poner todo mi esfuerzo por recorrer el camino adecuado para permanecer en ella. El amor opera aquí como un conmutador, es entrar a un lugar sin luz y apretar el switch correcto que llenará de luz mi corazón. Esta luz es única, no proviene del hombre sino del Padre
” Se trata de convertir en objeto de alegría todo lo difícil, también lo que no podemos cambiar. Para ello es imprescindible encontrar las motivaciones que me llevan a la comprensión y aceptación de aquello que no puedo modificar” dice el padre Cosp.
Ver el lado bueno de cada situación me lleva un estado de permanente alegría , por difícil que sea. Quienes conocemos al padre Kentenich sabemos que ello es así, mientras estuvo en Dachau, campo de concentración, no dejó que la amargura se apoderara de su corazón y veía la cara alegre aún en la circunstancia más infeliz.
“Dios permite todo lo que me sucede en la vida y por esta razón todo lleva una cuota de positividad . La mano del Creador puede sacar de lo negativo y pecaminoso algo feliz. Y si no , hay que mirar al hijo pródigo….el padre lo resucita….la enfermedad más grave en el hombre es la negatividad en el pensar”
Nada me quitará la alegría. Y para ello basta pensar en que el amor es mágico. Debemos poner magia para descubrir la alegría y conquistarla ¿Irreal? No. La magia consiste en fortalecer el amor día a día, sabiendo conquistar el Amor del Padre. Hay que despertar esa magia que yace dormida, muchas veces, en nuestro interior, así, un amor débil, perezoso, se convierte en fuerte y proactivo, lleno de imaginación y poder creativo para construir puentes para vivir, para amar. Y ser amados. Así un trozo de mi vida se convierte en cielo, aún en la tierra.
“Pedro dijo a Jesús: Maestro que bien estamos aquí!”.




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Mayo 6, 2008 en 3:26 pm
Marcelo Arrabal
En descubrir nuestra capacidad de amar y ser amados yace la felicidad.
A mi modesto entender es: abrirnos a los demás dándoles lo mejor nuestro y dejándonos amar por ellos.
Animarse a dar y recibir sin temor.
La felicidad no consiste en hacer “mi” voluntad, dictar las normas, tener lo más posible, disponer de los otros, pontificar sobre los demás.
La felicidad no es egoista sino que va de la mano del altruismo.
- Abrirse a los demás,
- permitirles “ser” con nosotros,
- ser un puente entre Dios y los hombres,
- esa actitud de sorpresa permanente ante la vida, es parte del camino a la felicidad.
La felicidad es en definitiva una opción de vida, que al menos personalmente he decidido vivir.
Mayo 6, 2008 en 3:46 pm
luis robert
Felicito a mi querida Andrea por este texto: trascendente y esclarecedor de una actitud que no es ajena a muchos de nosotros. No deseo hablar de mí, pero puedo decir que aun siendo un ser humano alegre, vivaz, positivo, esperanzador, me deprimo en ciertas ocasiones con facilidad. El tema de los efectos de esa tristeza, sea ensimismamiento, resignación, dolor, etc., es otro asunto, que sin dejar de tener relevancia, es secundario ante la tristeza en sí misma.
No es posible decir que todos los seres humanos son felices siempre. Hay dolor presente en la felicidad, la alegría; en otras palabras, quien conoce de la felicidad verdadera, también conoce el dolor. Esto quiere decir que, desde el dolor, la vocación o llamado es darle sentido hacia las cosas de arriba, antes que replegarse o quedarse quieto en la angustia o desesperanza. He aprendido en mi experiencia que se ama trascendentalmente, esto es, fuera de las cosas del mundo, enfrentando la realidad tal como es: con dolor, sufrimiento, defectos propios, obstáculos externos, caídas, etc., y no creyendo, figurándose que el amor se fragua en la mera interioridad, subjetividad propia, que es un camino distinto, en apariencia elevadísimo, pero vacío de sentimientos y profundos y sobre todo, de Dios.
Me parece significativo lo dicho en favor de la libertad humana. No viene la tristeza a priori, sino que es ante todo, una opción de vida. Me parece que en el caso del dolor, se trata de un asunto más complejo. La tristeza se puede comprender en el dolor, pero es la primera más un camino libre, una decisión ante algo más objetivo, que es el dolor en la condición humana, siempre presente. Si es la tristeza la elección en virtud de la cual la libertad se manifiesta, apunta ésta a la separación de la vocación del hombre: ser para Dios.
El hecho que una persona esté en un estado de tristeza, sienta cierto abatimiento ante las vicisitudes de la vida, no quiere decir que siempre tomará como suya aquella actitud. No. Ni que sea un atributo de su esencia. Muy bien está la inteligencia para discernir, a tiempo, que no es una elección seguro en la verdad. Porque de la tristeza, como se dice arriba, ya en estados permanentes y depresivos, no provisionalmente, arrraca muchos males que socavarían en ciertos casos, virtudes, dones, que el Padre nos entregó. Vislumbro un maridaje entre tristeza y verdad: la verdad, al mundo, duele, como lo dice una frase de Danton. Pero en nosotros, la verdad libera, eterniza el Evangelio que es fuente de gozo en los corazones de todos. El dolor que trae consigo la verdad al mundo es, aunque no se sepa reconocer, una complacencia, un acostumbramiento con la mentira, que, al verse en capitulación, a pérdida, hace resistencia el corazón ya algo viciado, envilecido, con las cosas ajenas a Dios. Entonces, es el dolor de la verdad, una oportunidad del Padre para reconocernos en su camino: tomar la actitud del humilde y levantar hacia el cielo el canto de humildad que destierra la maldad. El dolor que ya no se puede quitar, se transforma, así, en fuente de nueva esperanza, de vida en abundancia, como dice el texto. Al seguir la frase del Padre Hurtado, “penas y alegrías son visitas de Dios”, se estaría de verdad enfrente del misterio de la humanidad.
Parece curioso, una paradoja, pero entre más se ame, más son las oportunidades que se presentan para la tristeza. Y esto es así porque el demonio destruye, aunque sea a pausas, en apariencia de bondad, todo lo que le parece un atentado para sus intenciones. Entre más amo, más dispuesto y ensanchado está mi corazón para enfrentar la tristeza; aunque a veces llegue, lo importante es saber salir y tomarle en la dirección profunda de la esperanza. Se refuerza y solidifica el amor, me hago más “hombre”, hijo de Dios, en las tribulaciones. No podría ser de otro modo. Un amor fuerte, bondadoso, necesita de fuerza espiritual, y si está flaco en algún lugar, además nuestra libertad dar consentimiento a la voluntad del Padre, no tardará en algún momento, nuestro Señor, en echarnos una mano en esa sección de nuestro corazón que reclama vencerse en la armonía del amor trascendente. Si el amor es la finalidad, la redención de todo ser humano, Cristo, no tardará, aun en las caídas, el hombre en levantarse, observar que su sangre se purifica en el ser de amor que es Dios.
Mayo 6, 2008 en 6:33 pm
Marcelo Arrabal
Estimado Luis
muy interesante tu comentario pero tengo una brevísima discrepancia.
Dices: “Parece curioso, una paradoja, pero entre más se ame, más son las oportunidades que se presentan para la tristeza.”
En esta frase no estoy de acuerdo, en mi sentir mientras más amo más feliz soy.
Definitivamente lo que abre oportunidades a la tristeza es la expectativa de ser correspondido en nuestro amor.
El que ama sin esperar nada a cambio muy pocas veces está triste. Sin embargo el que espera retribución a sus sentimientos puede caer en estados de depresión, tristeza y apatía.
Amar sin esperar nada a cambio. El verdadero amor consiste en eso.
Y no creo que sea culpa del diablo sino del egoísmo que todos y cada uno de nosotros tenemos muy arraigados adentro y contra el cual debemos luchar cotidianamente.
Este tema de la tristeza y la felicidad es mi favorito. Soy un convencido que el ser humano nace para ser feliz. Es la expectativa que tiene el Padre de cada uno de nosotros. No solo que seamos felices sino que hagamos felices a los demás.
Y hay un mandamiento de Jesús que nos deja mediante el cual nos garantiza la felicidad: “amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
El secreto es leerlo de atrás para adelante.
Nadie que no se ama a si mismo verdaderamente (lo que no implica egocentrismo sino ser conciente de la dignidad que tenemos), puede amar a los demás. Y nadie que no ama al prójimo al cual ve, siente y escucha; puede amar a Dios a quien no ve.
Tan simple como eso: si me amo y amo a los demás puedo llegar a amar a Dios. Y esa simple verdad nos garantiza la felicidad.
Nadie que ama verdaderamente al Padre puede estar triste mucho tiempo, pues debemos estar llenos de alegría por el hecho de ser hijos de Dios.
Alegría, mucha alegría, porque Dios se ha vuelto loco de amor y en Jesús se ha quedado en medio de nosotros.
Mayo 6, 2008 en 10:09 pm
luis robert
Estimado Marcelo:
Tu comentario tiene un contenido amplísimo. Si lees el último párrafo de mi comentario, te darás cuenta que aquella primera frase de la cual has desarrollado toda una interpretación, tiene allí su explicación clara y precisa. Al decir que son más abundantes las oportunidades que se presentan para la tristeza en el amor de verdad, denoto la amplitud misma de lo que significa amor: al decidirse por amar, el hombre, se encontrará en el camino con obstáculos tremendos, en apariencia tortuosos, pero llenos de trascedencia y sentido. Digo con ello que está en la libertad humana tomar o dejar de lado la tristeza, tal como en el texto principal se precisa. Tiene esto pleno sentido con el camino estrecho: vía por la cual todo cristiano debe transitar si desea vivir en plenitud con Dios, por toda una eternidad. Y este camino no es fácil; seguro estoy que en el camino fácil se le llama amor a un estado de burbuja que desconoce la tristeza, más aún el dolor. Bien sabes que el dolor es vida para el amor. Bueno sería que le dieses una lectura teleológica y sistémica a mi comentario.
Es cierto: amar sin esperar nada a cambio, sin espera de retribución alguna. De eso se trata amar, puesto que un alma verdadera no está sujeta a condiciones, menos si se trata del amor. Mientras más amas, más feliz eres. Si dentro de la felicidad está comprendido el dolor, el sufrimiento, tu frase tiene real sentido. Mas no hay que olvidar que cuando nuestro Señor promete la felicidad, no se refiere a la vida terrena, sino a la morada perfecta y eterna. Hay personas que no nacen, necesariamente, para ser felices, -en la comprensión del mundo-. Su mirada está puesta en la eternidad, y mientras más ahínco hay en esta posición, acaso el dolor, la vuelta de espaldas del mundo, el desprecio de los seres humanos, será lugar común en sus años de paso por esta vida. Pero si nuevamente comprendes la felicidad, tal como arriba lo señalé, esa persona es completamente feliz, aun en esta vida terrena sufra los peores males, pues tiene la certeza del tesoro de vivir a plenitud junto al Padre. Hay que tener cuidado con esta interpretación, que no digo que sea lo que hayas querido expresar, pues la felicidad, así comprendida, se reduciría a un saciarse acá y ahora, olvidando la trascendencia, cayéndo, sin saber, en la inmanencia.
No digo que la culpa la tenga el demonio. Decir aquello me instala en una irresponsabilidad mayor, pues, desconocería la libertad humana, y la responsabilidad que esta supone. El texto principal lo explica y refiere muy bien. Destruye el demonio, una vez creado el ambiente vulnerable para su entrada, -donde cabe el egocentrismo que hablas-, a posteriori, todo lo que le parece contrario para sus intenciones. San Pedro dice que anda como un León rugiente. Otro santo del cual no recuerdo nombre, bien dice que es como un perro rabioso, pero encadenado: si te acercas, muerda, pero si te alejas de él (en sentido inverso, si te acercas a Dios), no puede. Esto es lógico cuando de un momento sabes que es un ángel, limitado, y por más que pretenda ser Dios, su poder es ínfimo ante el Creador.
Por último, me parece peligroso, aunque no tengas la intención de expresar esa idea, que el amor a Dios está condicionado por un amor previo a uno mismo. En otro lugar del Evangelio se dice que quien se niega a sí mismo, sigue la cruz de Cristo. Los últimos serán los primeros. Esta diferencia en apariencia linguística, puede devenir en una confusión material, que, a la postre, degeneraría en el original sentido freudiano de autoestima, hoy algo corregido por el valor de la dignidad humana, pero algo camuflado en esas formas inconexas. Esto tiene sentido con lo que tú mismo has dicho: amar sin esperar nada a cambio. En un supuesto, quien se ama a sí mismo y a los demas para amar a Dios, no podría cumplir ni siquiera la segunda de las expectativas, -el prójimo-, menos Dios, pues, nada espera sino darse. Más bien hablaría yo que los amores humanos se sostienen en el gran amor, por semejanza. Entre más grande es el edificio, más profundas tienen que ser las bases: lo grande se sostiene en lo pequeño. Si el amor está en dirección completa al Padre, el corazón humano amará en trascendencia y plenitud.
Mayo 10, 2008 en 7:43 pm
luis robert
Cuando se está presto en el presente, es decir, en el sentido de fijar la mirada exclusivamente hacia delante, en un principio, se viven periodos de felicidad que parecen de nunca acabar; un claro optimismo se apodera de la persona. No es esta la actitud que hay que menospreciar, al contrario: un optimismo entendido en el buen sentido de la esperanza cristiana, es la actitud exigible para todos, cuando se trata de enfrentar la realidad, sea fácil, con mayor razón, difícil. Pero deseo yo ir más atrás.
Cada uno de nosotros sabe que la felicidad no es en esta vida terrena un bien constante. Gran parte de estas ambivalencias en los hombres se explica por su comprensión erronea de persona feliz, que conlleva tristeza, dolor, sufrimiento, etcétera: si pudiésemos nombrar un globo por “felicidad”, se puede decir que dentro de él están todos estos estados que progresan en la felicidad que es duradera y eterna, mas no en el tiempo humano. Es este estado de alta exigencia, pero pende también de volverse, de vez en cuando, hacia el pasado, sin quererlo cambiar, absurdo sería, pero deteniéndose en lo que de algún modo configura mi vida presente y futura. Las personas que soslayan esta dimensión del optimismo, pronto difuman su inteligencia y voluntad; no teniendo a quien culpar, traspasan su responsabilidad a hechos que nadie sabe dónde se hayan o bien, a sus propios seres hermanos que le rodean terminan siendo lesionados en su libertad.
El optimista que se recrea y respira en bienes superiores, como la verdad, el bien, se preocupa. No atiende al pesimismo, pero sabe que es señal de alerta saberse muy sonriente sin dolor durante demasiado tiempo. El dolor es patente de vida. En su silencio personal, busca el recoveco exacto de su conciencia que le dará luces sobre cómo alimentar la esperanza, la cual es regazo y garantía de su actitud proyectiva ante la vida. No pocas veces prosigue el arrepentimiento; después de asomado un episodio más o menos de impacto, ya se desea retrotraerse al momento en que se tomó la decisión de sentarse. Es consustancia a la condición humana temerse uno mismo; el sempiterno problema del autoconocimiento. Allí donde impacta, está presente la razón de seguir siendo felices. No se concibe tal o cual momento anterior; se desparrama impresión vana, que no lleva más que a valoraciones superficiales en apariencia profundas. Hasta se cree ser “uno” en “dos.”, una suerte de lo que se llama comunmente bipolarismo. El impacto materializa un examen veraz de lo que se llama conciencia: no hay dos, ni pena, menos muerte, por un desconocerse. Levantamientos en el amor, es lo que en dirección a la hora actual, llama en profundidad al oído.
Los impactos, si se llevan a la esfera del presente, sin olvidar que la vida fluye, terminan siendo rocas que sostienen lo que se espera. Si se deja de lado lo negativo a favor de lo positivo, las luces desploman el impacto, con lo cual ya queda atrás: el desplome, efecto de la luz más sentido trascendente, une presente y eternidad. Si en algún instante se te arranca, nuevamente es conveniente hacerse un tiempo, impactarse y desplomarse en la verdad. No se sigue una vida sin miradas hacia atrás, necesarias para vivificar el presente. Se agradece, así, la condición de ser hijos de Dios. Se comprende, además, -desde esta mirada ajena a lo terrorífico-, que, no hay ser humano que no se impacte, ni despilfarre segundos, minutos, días y años de vida terrena, en sus momentos de retrotracción. Anejo es saberse falible. No desplomarse es señal de falsa humildad. Reconocerse en el Padre es llevar el futuro, la vida eterna, en el presente, sosteniéndose en el pasado que va de la mano con lo que nos pide la esperanza que se invoca. No hay amor ni virtudes excelsas sin pasado irreconocible en la trascendencia. Como en la línea de tiempo, es de suyo situarse arriba, no de un lado, para saber de lo dificultoso del caminar sin espalda que no se hace abdomen.
Mayo 11, 2008 en 11:42 pm
andre
Dificil exposición la que leo. Trataré de reflexionar de modo simple, aunque dificultoso.
M: “En descubrir nuestra capacidad de amar y ser amados yace la felicidad.”
Me parece que ese es el pensar de muchos, más aún, el pensar de la mayoría. Sin embargo refuto tal idea toda vez que el sólo hecho de poder amar ya es motivo, causa eficiente y eficaz, para ser felices. ¿Requieres de ser amado para alcanzar la verdadera felicidad? De ser así ¡¡cuánta infelicidad tiene el Padre frente a quienes buscan sustitutos de El, frente a quienes ceden a la tentación de querer ser Dios, pecado original. Frente a quienes sólo aspiran a su individual voluntad y deseo, desconociendo y desoyendo a Dios. Y sin embargo, el Padre ama, sólo ama y aguarda, figura perfecta de quien no espera nada a cambio, paciente en su llamado. Son muchas las personas que no sienten esa capacidad de amar sin reservas, incapaces de comprender el amor verdadero, semejante al del Padre, ni en el intento luchan y confunden el querer con el amar, el anhelar con la esperanza…
La reciprocidad, así, tiene buen fundamento, mas con ello no sería posible amar al prójimo (recuerda lo que significa prójimo en hebreo, extendida luego a los que creen en Jesús, pero más aún , Cristo dice:“Ama a tu prójimo (Lv 19) y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen. Así serán dignos hijos de su Padre del cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,43-44); «y uno de ellos, experto en la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?” Jesús le contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma (Dt 6,5) y con toda tu mente… El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”…» (Mt 22,35-40)) , como Dios nos pide, porque , en efecto, no conocemos a todo este espectro, incluso a aquellos que si conocemos y que no nos quieren, menos aman. Y esperar ser amados por desconocidos y conocidos que no nos aceptan nos llevaría a la paradoja de no poder amar sin que ellos nos amen primero.
Por otro lado, dable es recordar : Dios nos amó primero….Pero no nos condicionó en nuestro amor, Dios nunca ha dicho “Yo te amo, pero tú me debes amar también” donde el “pero” llama a la condición. Si yo “decido” en forma consciente amar , no lo haré bajo condición restrictiva ni suspensiva,menos resolutoria, sino que simplemente amaré, porque a eso hemos sido llamados. Es por ello que enfatizo y ratifico que para ser feliz no es necesario ser correspondido, es una condición que objeta incluso la caridad al necesitado, ergo, no comparto esta tesis.
ii.-.” La felicidad no es egoista sino que va de la mano del altruismo”
“El Diccionario de la Real Academia define altruismo corno «esmero y complacencia en el bien ajeno, aun a costa del propio, y por motivos puramente humanos». En definitiva, el altruismo es una actitud de servicio aceptada y querida de buen grado. El altruismo y la solidaridad tienen una dimensión claramente humana y de servicio a la sociedad que se pone a prueba si para prestar ayuda a los demás tenemos que renunciar a beneficios propios, inmediatos y significativos.
Pocas veces el hombre es más feliz que cuando dedica su vida a los otros en complacida actitud de servicio y de solidaridad.”
De lo anterior se desprende, una vez más, que el amor no requiere de amor, me explico, el amar no implica ser amado. El amar implica una actitud de abandono y renuncia al propio ser para ser efectivamente amor.
Decido ser feliz pero no para que me hagan feliz; a través de la felicidad de otros mi felicidad se multiplica, las alegrías, logros, triunfos, más aún espirituales, de otros colma el alma de sana alegría y hacemos de aquella felicidad un gozo personal en la medida que reconocemos, sabemos que el Padre es feliz.
L: “El hecho que una persona esté en un estado de tristeza, sienta cierto abatimiento ante las vicisitudes de la vida, no quiere decir que siempre tomará como suya aquella actitud. No. Ni que sea un atributo de su esencia. Muy bien está la inteligencia para discernir, a tiempo, que no es una elección seguro en la verdad.”
Es como todo en la vida, la contraposición existente entre elección y decisión. Frente a una vicisitud, cualquiera, elijo estar triste y permanecer en ese estado o “decido” superar el impass y anteponer la felicidad derivada del padre “Contento , Señor Contento” como diría el padre Alberto Hurtado, pase lo que pase jamás perderé la alegría primera y que es motor: vivir.
Lo que conlleva el estado de tristeza es justamente al estancamiento, nos paralizamos , como en el caso del temor, el miedo, no sabemos hacia donde remar. Frente al dolor, decidiendo “aún en el dolor ser feliz,” remamos mar adentro sin temor.
Guillermo ha puesto , en su blog , un video (youtube) muy lindo al respecto, es un testimonio que permite acreditar por parte de un ser humano, con sólo tres meses de vida por delante lo que aquí señalamos.
http://guillegg.wordpress.com/2008/05/07/randy-pausch-espanol/
Hasta aquí dejo mi comentario por hoy, tengo mucho que decir al respecto, pero la falta de tiempo me consume….
Sólo una observación más:
M: “Definitivamente lo que abre oportunidades a la tristeza es la expectativa de ser correspondido en nuestro amor…
El que ama sin esperar nada a cambio muy pocas veces está triste
Amar sin esperar nada a cambio. El verdadero amor consiste en eso.”
Hasta aquí todo muy bien. Pero hay contradicción con lo que sigue y no me explico el punto de conexión.
“En descubrir nuestra capacidad de amar y ser amados yace la felicidad
: abrirnos a los demás dándoles lo mejor nuestro y dejándonos amar por ellos.
Animarse a dar y recibir sin temor.” Todos aspectos condicionados.
A ello agrego un comentario muy peligroso que me agradaría mucho, Marcelo, que explicaras, para no caer en malas interpretaciones, me abstengo por ahora de opinar acerca de este punto en que con una simple lectura puedo caer en el horror lector sin más :” Tan simple como eso: si me amo y amo a los demás puedo llegar a amar a Dios. Y esa simple verdad nos garantiza la felicidad.” Espero que sea una equivocación en la redacción o en la forma de expresión de lo que quisiste decir, toda vez que, reitero : Dios nos amó primero…….
Saludos.
.
Mayo 12, 2008 en 12:33 am
luis robert
Estimado Marcelo:
Cuando por opción de vida se sigue la felicidad, a priori hablamos de libertad. Pero la libertad se recrea y es puente del amor, lo que denota una conexión profunda entre ambas, inseparables: no hay amor sin libertad. Se es libre amando. Se puede decir, así, que de este binomio, brota la felicidad del hombre.
Empero, no es tan simple. Claro está que al elegir la felicidad, en el sentido cristiano ya expuesto, se derrota el egoísmo. Pero hablas a la vez de altruísmoSon muchas las palabras que se dicen y escriben sin dar lugar a la reflexión, con lo que no digo que aquella haya sido tu intención final: sino que, integrando todos tus comentarios, cosa que no hiciste con el mío, llego a la final conclusión que siguiendo la verdad simple (sic) que aduces, -la fórmula para ser felices en esta vida, amarse uno mismo, después al prójimo, como condiciones anteriores para asir el amor de Dios-, lo expuesto por ti, que espero sea una falla en la expresión, se condice totalmente y en derecho, con la noción primigenia de altruísmo, que tiene su vertiente original en las filosofías positivistas del s. XIX y XX. Baste pensar en lo propuesto por Freud, (autoestima, “estima a uno mismo”), para darse cuenta de lo opuesto y terrible de estos planteamientos para con las enseñanzas de Cristo. Es esta época la del auge de la sociología, con el mismo Comte, ya concebida ajena a Dios, olvidando la doctrina del Cuerpo Místico, o la parábola del Buen Pastor. Es cierto que bien puedes intentar decir lo mismo que lo que evangélicamente se exhorta, con aquel término, pero, hay que tener sumo cuidado. Algunos filósofos cristianos ya proponen en reemplazo de la noción de altruísmo, una ética de la benevolencia cristiana, por estar ésta más en concordancia final con las propias enseñanzas de Cristo. Más radical, es, por cuanto connota el darse con entereza, el amor extremo de quién nos amó primero, Dios, como dice más arriba. El profundo pensamiento de Santo Tomás de Aquino, San Agustín, fundamentarían esta tesis a la cual adscribo.
Desde el momento que se toma como propia la naturaleza inicial del altruísmo, se hace secular el “amar”, es decir, se ama con prescindencia de Dios, lo que es un disparate, por cuanto, “Dios es amor”, puro amor. No hay amor humano que no se explique desde ese manantial eterno que es Dios mismo. Es por ello que también me gustaría que explicases tu frase, en el antepenúltimo párrafo de tu precedente comentario, por cuanto pienso y sostengo que estás abrazando, con tus dichos, aquella visión sobre el amor, secularizada, que muy bien parece heroíca, pero deviene prontamente en el mismo egoísmo que dice combatir, al alejarse, a pasos, de la fuente de amor perenne y total que es nuestro Señor Jesús.
Mayo 12, 2008 en 10:45 am
Marcelo Arrabal
Estimados Andrea y Luis
Cuando escribo: “si me amo y amo a los demás puedo llegar a amar a Dios.”, es efectivamente lo que quiero decir, no hay ningún error de escritura ni de razonamiento.
Estoy convencido de que quien no se ama no puede amar a los demás, en lo personal lo encuentro al menos un mentiroso y un presuntuoso.
Paso a explicarme para hacerlo más simple y entendible.
Se ama el que se respeta.
Se ama el que se cuida su salud física, anímica y espiritual.
Se ama el que no comete excesos de ningún tipo.
Se ama el que evita el pecado y procura la virtud.
Se ama el que se entrega libremente por los demás.
Se ama a si mismo el que hace lo conveniente para su alma y para su vida eterna (aunque esto implique dolor en la vida terrena).
No vayamos a confundirnos con que amarse es entregarse al libertinaje, a los abusos de su propia vida, a las pasiones desordenadas, esas personas definitivamente no se aman para nada. Por el contrario. ¿Cómo se van a amar si ni siquiera se conocen?
Nuestra vida, nuestro cuerpo, todo nuestro ser, no nos pertenece. Somos de Dios. Por esa simplísima razón es que debemos amarnos.
Cuando hablo de amarse, hablo de reconocer en uno mismo la dignidad que Dios nos otorga como sus hijos. No de un egocentrismo desenfrenado, instintivo y narcicista.
En ese amor a si mismo está la responsabilidad de conducir nuestro ser hacia el Bien Supremo, durante toda nuestra vida y para eso es necesario amarnos seria, responsable y radicalmente. Decir que no a todo lo que nos hace daño es amarnos y en mi modesto entender es cumplir la voluntad del Padre.
Una vez que me amo puedo amar totalmente a los demás, de la manera que Dios propone: santamente y hasta entregar la propia vida si fuera necesario. ¿Cómo le vamos a pedir a una persona que está sumida en vicios y miserias personales que tenga amor ágape? Sería incapaz de hacerlo, porque desconoce lo que es el verdadero amor propio (antítesis del egocentrismo).
Luego sí, después de entender mi vida como parte del proyecto del Padre, puedo amarme y amar a los otros verdaderamente (de acuerdo al Plan de Dios único Amor Verdadero), recién en ese momento puedo amarlo a El, porque antes no soy capaz de hacerlo por ignorancia en el verdadero amor.
A la frase “miente el que dice amar a Dios y no ama al prójimo”, humildemente agregaría: “miente el que dice amar al prójimo y no se ama a si mismo”.
¿Cómo no amarnos si la Segunda Persona de la Santísima Trinidad dio la vida en la cruz por cada uno de nosotros?
Paz y Bien.
Marcelo
Mayo 12, 2008 en 11:05 am
andre
Marcelo
He leido tu comentario atentamente, veo tu ratificación, ciertamente no sorpresiva….el peligro del ser humano es que muchas veces y de modo antojadizo interpreta aquellas palabras donde no es dable la interpretación, sobre todo cuando se tienen ideas existencialistas, conductistas o constructivistas, corriendo serio riesgo de caer en relativismos y acomodaciones tendenciosas.
Por falta de tiempo no comentaré ahora, si por respeto notifico la lectura y mi completo desacuerdo con lo expresado. Probablemente en la noche pueda extender mi linea de pensamiento.
Dios esté contigo, Marcelo.
Mayo 12, 2008 en 2:15 pm
andre
De: es.catholic.net.
“La verdadera felicidad no consiste en amarte a ti mismo, sino en saberte amado por Dios y responsable de dar ese amor a los demás.
Si cada día recuerdas que eres un hijo de Dios, que todo lo has recibido de Él y que tienes que entregar cuentas de eso que te han dado, será suficiente para que hagas bien todas las cosas, pero sin dejarte lugar alguno para el orgullo, pues sabrás que Dios es el protagonista de la obra y tú únicamente el encargado de ponerle la escenografía para que Él sea el que brille.
Pienso que la vida es como un juego de pelota, en el que Dios nos lanza un balón para que se lo pasemos a los otros.
El balón son los talentos que Él nos da, que pueden ser muchos o pocos y que realmente, para el objetivo del juego, que es “pasar el balón a los demás” interesa muy poco si el balón es bonito o feo, grande o pequeño, brillante u opaco. Lo importante es que lo pasemos.
Fomentar la autoestima es algo tan tonto como pensar que, en el juego, Dios me pasa el balón y yo, en lugar de pasárselo a los otros, lo cacho y lo escondo, lo agarro para mí, me lo llevo a mi cuarto, lo limpio, lo contemplo, lo admiro, lo acaricio, lo beso, le aplaudo, lo envuelvo y luego… salgo a presumírselo a los otros, como algo mío, sintiéndome privilegiado y orgulloso “porque Dios me lo lanzó a mí”.
¿Qué me dirán los otros?
-Ya lo sabemos, vimos que Dios te lo lanzó, pero… no seas tonto y pásalo ya, que de eso se trata el juego!
No echemos a perder el juego de Dios. Enseñemos a nuestros hijos a pasar el balón, casi sin verlo.
Termino con las palabras que pronunció la más grande de las mujeres, María, nuestra Madre Santísima, expresando las razones de “su autoestima”:
“Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de gozo en Dios mi salvador, porque se ha fijado en la humildad de su esclava. Desde ahora, Bienaventurada me llamarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí”
De ella, S.S. Benedicto XVI dice: “María es grande precisamente porque quiere enaltecer a Dios y no a ella misma” Deus Caritas est n.41.”
“En el cristiano, lo bueno que ha recibido de Dios, no le sirve para “formarse una imagen positiva de sí mismo” sino que significa un compromiso, una enorme responsabilidad ante Dios y los hombres.
El auténtico seguidor de Jesucristo, es el que sabe que nada puede sin Él “Sin mí nada podéis hacer”, pues lo que haga al margen de Dios es algo que no tiene valor eterno.
El cristiano sabe que no vale por lo que tiene (coches, casas, etc), sabe que tampoco vale por lo que es (guapo, simpático, inteligente), sino que vale porque Dios lo ha amado y por esto puede servir a los demás y a Dios. Está consciente de que “Al final de la vida lo único que queda es lo que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres” (P. Marcial Maciel L. C.)
Jesús nos lo enseña muy bien en la parábola de los talentos: el que recibió cinco, entregó cinco más, el que recibió dos, entregó dos más, pero… el que se preocupó por “su autoestima” y se guardó para sí el talento, recibió un fuertísimo regaño.
Los talentos que recibe el cristiano no son algo para enorgullecerse y sentirse “con una elevada autoestima”. Al contrario… para el cristiano, cada talento es un compromiso, una exigencia: “Al que mucho se le ha dado, mucho se le exigirá”
Así que… si ves que tu hijo tiene muchos talentos, lejos de elogiarlo para que “su autoestima se eleve”, lo único que debes elevarle es su grado de entrega a los demás, porque por cada talento recibido se le pedirán frutos.”
Nosotros, como creaturas de Dios valemos muchísimo y eso nadie lo niega. Pero valemos porque Dios nos ama y no porque nosotros nos amemos.
Tx completo:
http://es.catholic.net/temacontrovertido/330/1749/articulo.php?id=29904
Mayo 12, 2008 en 2:25 pm
andre
“Un cristiano no debe amarse a sí mismo, sino negarse a sí mismo para ir en busca de los demás. Desprenderse de todo lo suyo para servir, para amar. Quitarse todo lo que le estorba (y lo que más le estorba es su egoísmo) para salir y entregarse a los otros, sin pensar en sí mismo.”
“La autoestima es la puerta grande que se ha abierto en la Iglesia a la infiltración de las ideologías de la Nueva Era, que todas tienen algo en común: buscar la autocomplacencia, la autosatisfacción, poner el Yo en el centro, olvidándose de Dios.
Ya hace años S.S. Pablo VI, dijo: “El humo de Satanás ha entrado en la Iglesia”
Dice “humo”, porque el humo es ligero, sutil, penetra fácilmente por cualquier grieta, es difícil taponarlo, impedir su paso, es volátil, se mezcla perfectamente con el aire puro, se respira junto con el aire, aún sin pretender aspirar humo.
El amor a uno mismo, la autoestima, es una grieta ideal para que entre el “humo” de muchas ideologías como las de Freud, Teilhard de Chardin, Hans Küng, Leonardo Boff, Anthony de Mello, Paulo Coelho, Cony Mendez, etc., porque se meten en la mente de los católicos de una manera sutil, refinada, casi imperceptible.
Son ideologías que “suenan bonito” (autoestima, autorrealización, libertad interior, paz interior, bienestar, orden, equilibrio, sentirte bien contigo mismo), pero que son realmente diabólicas, engañosas, embaucadoras, destructoras de la más auténtica esencia del cristianismo que es olvidarse de uno mismo por amor a los otros.
Estas ideologías se mezclan, al igual que el humo con el aire, con la verdadera doctrina, con palabras fáciles de aceptar por las conciencias laxas, y construyen una nueva “doctrina” contaminada con el egoísmo, que gradualmente, va destruyendo el verdadero mensaje de Jesucristo (amor y entrega), hasta apoderarse totalmente de la inteligencia y del corazón del creyente, provocando finalmente el reinado del Yo y la desaparición total de Dios en su vida
Estas han sido las consecuencias de la infiltración de la autoestima dentro de la Iglesia: hombres centrados en sí mismos que creen que ya no necesitan a Dios para alcanzar la felicidad y lo cambian por cualquier cosa que se acomode mejor a sus ideas egoístas.”
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“El Papa Benedicto XVI muestra su preocupación por estas obras apostólicas que han perdido su identidad cristiana, sustituyendo al hombre (con una elevada autoestima) por Dios:
«De ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón» Benedicto XVI Carta con motivo de la Cuaresma 2006″
“El Card. Ratzinger nos dice cómo debían ser los discursos católicos: “No buscamos que se nos escuche a nosotros; no queremos aumentar el poder y la extensión de nuestras instituciones; lo que queremos es servir al bien de las personas y de la humanidad, dando espacio a Aquél que es la Vida. Esta renuncia al propio yo, ofreciéndolo a Cristo para la salvación de los hombres, es la condición fundamental del verdadero compromiso en favor del Evangelio: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibía; si otro viene en su propio nombre, a ese lo recibiréis” (Jn 5, 43). Joseph Ratzinger Conferencia pronunciada en Roma, 10.XII.00.”
“Benedicto XVI nos dice: Ahora el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca. (Deus Caritas Est n.6)”
Luis, cada día siento más cercano al Papa Benedicto, sus palabras llegan fuerte aún en los más duros de corazón.
Saludos
Mayo 12, 2008 en 3:30 pm
Marcelo Arrabal
Pocas veces he merecido tanto denuedo en alguno de mis comentarios.
Los argumentos han sido técnicamente perfectos, contundentes y apabullantes.
Acepto mi error y aquellas palabras fuertes que me dejan siempre un poco más lejos.
Mayo 12, 2008 en 3:45 pm
andre
Querido Marcelo
No son pocas las veces en que tenemos sana y pura convicción acerca de algunos factores o elementos a nuestro alcance, como tampoco son pocas las veces en que Dios de algún modo se las arregla para decirnos ” Presta atención” del modo que sólo El conoce.
Este tema derivado es muy delicado, muy profundo y ciertamente no es dificil caer en alguna equivocación. Todos nos equivocamos, todos comprendemos, en algún momento, las cosas de modo quizás errado, pero siempre anteponiendo la buena fe, la buena voluntad. Es lógico que como católicos no propendemos al mal, ni al relativismo, sino a La Palabra, nuestra mirada se dirige al Padre. Y es a El a quien reconocemos, nos anonadamos en El y Dios, como Padre perfecto y maravilloso, nos toma en sus brazos, nos regalonea y nos ama en la humildad de ese reconocimiento.
Estoy segura que nuestro Padre en este momento tiernamente dirige Su mirada a tu alma.
La reflexión, la meditación, un cierto alcance del misticismo, es, para el cristiano, luz en el alma, sabiduría no contemplada en los libros.
Cariños, Marcelo.
PS: Al contrario, cada día un poco más cerca.
Mayo 12, 2008 en 5:04 pm
luis robert
Estimado Marcelo:
He leído con atención la ratificación de tu planteamiento y, en lo que sigue, un reconocimiento de tu error. Siempre en este blog hemos seguido, en fidelidad, el diálogo que nos exhorta a hacer nuestras, -fe y razón-, inserapables para un católico, de donde nace todo intercambio en la verdad, respetuoso, elevado, lleno de espiritualidad.
Aquí no se trata de exponer lo que pienso y siento, sin considerar al otro. Es por ello que, siguiendo la finalidad de nuestro blog, al leer palabras como las referidas por ti, se busca no dejar que el humo entre, como más arriba metafóricamente se dice, en la finalidad suprema que nos orienta. Cuesta comprender que cuando se habla de amor, no pasa su comprensión y sobre todo, realización, por una condición de amor propio: lo que es exigible en ese caso es hacer valer a dignidad del ser humano, la condición de ser hijos de Dios, que tan bién se sigue de la cristología de San Juan. No habría, así, espacio para despreciar la obra del Creador, ni menos, tiempo para no adorarle si se lleva a la plenitud, el misterio de nuestra filiación divina. Nace, de ahí, una especial gracia que nos lleva a amar a Dios por sobre toda las cosas, y desde Él, a nuestros hermanos. Sólo desde este estado surge la verdadera felicidad del hombre, aun viva todos sus años de dolor, sufrimiento, que siente que su vida tiene un sentido trascendental; que no está aquí para vagar unos cuantos años, trabajando duramente, sin que nada tuviese sentido, sino que lo hace por amor a su Creador, amor al Señor, quien le da “vida eterna”, eternidad, no temporalidad. Es allí donde todo amor humano debe apuntar para consumarse en el crisol de Cristo.
Es muy cierto que hay personas que utilizan ciertos términos con raíz totalmente opuesta a las enseñanzas evangélicas, pero que con el tiempo, se han atenuado, o, formalmente, dicen de lo que se debe hacer en realidad, sólo quedando la palabra, significando materialmente lo verdadero. El problema estriba cuando se entremezclan o se hacen sincretismos entre diversas doctrinas, contrarias, -a veces involuntariamente-, y se pierde la esencia misma del cristiano de veras. O derechamente, se toma tal o cual doctrina, p. ej., la autoestima, tal como fue concebida, y se vende y desparrama tal ideología bajo máscaras más o menos representativas del cristiano medio, que desdeña la inteligencia y voluntad, y con ello, se embauca a toda una generación de personas que sólo están ávidas de Dios. Las personas que están en un estado de mayor responsabilidad en la sociedad civil, por mandato de Dios, deben exigirse a sí mismos sobre lo perentorio que es no dejarse llevar por el hilo más mínimo de doctrina, sobre todo modernas, que atentan contra la vocación misma de un cristiano. Diferente es cuando se reconoce a los hombres de buena fe que, sin reconocer a Dios, por medio de la razón, sí lo han palpado. Tal es el ejemplo del Papa Juan Pablo II que tomó lo mejor de la fenomenología, Max Scheler, y lo llevó a la luz de la fe. En estos casos no se puede hablar de eclecticismo, ni sincretismo.
En mi personal visión, no utilizo términos que puedan tener una raigambre contraria a lo que deseo expresar, por más que materialmente, diga lo contrario. Te hablaba de altruismo, autoestima, etc. Muy bien puedo yo discernir las diferencias profundas que hay, pero una persona que no conoce, sí, por mis dichos, desde ahí, comienza a decaer, lentamente, en justamente lo contrario que busca: Dios.
Te dejo un abrazo, Marcelo. Me alegro que estés de buena salud y contento, en los caminos del Señor. Tú sabes que un verdadero intelectual gusta del debate en la caridad, y jamás menosprecia la representación de un error propio, sino que en el alma, lo agradece, goza en Dios por esta oportunidad de conocerle más. En cuanto al amor, es la virtud más importante de todas, y si tienes, tú, una visión distinta, y has reconocido tu error, la misma paciencia es el fruto por el cual nacerá en tu alma, la comprensión plena de lo que hoy has dicho. Yo no comparto tu visión inicial sobre el amor y felicidad, por considerarla contraria y peligrosa para la salvación de las personas. En su contenido, un galimatías del egocentrismo. Dice atacarlo pero decae en su misma salsa una vez saboreado lo que significa hacerse un lado de Dios, pues, todo amor proviene de Él: nos amó primero, somos grandes porque renunciamos a nosotros mismos por los demás. Se puede hablar en esta dirección de salvación, en la renuncia y el abandono de uno mismo.
Un abrazo para ti.
Mayo 13, 2008 en 7:09 am
danielfuengirola
Hola Andrea:
Gracias por tu comentario en mi Blog, no sabia que era un exactamente un trackback, ya se aprende algo nuevo cada día, aparte de seguir aprendiendo a amar cada día un poquito mas, para elegir cada mañana la alegría en vez de la tristeza.
E visto que pones entradas tan largas inclusive los comentarios, tantas cosas que decir, que te falta espacio, y es difícil comentarte dices tantas cosas, condensar como tu dijiste que hice, suele estar bien. o repartir en varias entradas.
Mayo 13, 2008 en 2:21 pm
andre
Estimado Daniel
Que bueno que has escrito y más aún tus palabras porque siento que tienes razón. Al final es tanto lo que digo que poco se comprende. A veces simplemente es incomprensible el mensaje que trato de transmitir.
Tomaré muy en cuenta tu consejo, muchas gracias. Tal vez por eso me agradó tanto entrar a tu blog y leer todo tan lindamente condensado en forma de poesía, virtud que yo no poseo.
Un afectuoso saludo
Andrea
PS: Te pondré en mi blogroll, me encantaría que lo que escribes sea conocido por todos.
Mayo 29, 2008 en 8:06 pm
Marcelo
Como nada es eterno (excepto Dios) y todo tiene su ciclo
Quiero agradecerles infinitamente sus oraciones y buenas intenciones en los momentos que lo necesité. Realmente he aprendido mucho de sus ideas, de sus certezas, de sus errores y de sus virtudes y por ello se que valió la pena este tiempo
Me considero un viajero de paso en esta vida y se que nunca voy a ser completamente feliz mientras no este de vuelta en la casa del Padre. Espero haber contribuido con un granito de arena con los escritos y los comentarios. A los que ofendí y lastimé, les pido perdón de corazón.
Y para no darle más vueltas al asunto, me voy despidiendo con una antigua bendición irlandesa:
Que los caminos se abran a tu encuentro
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.
Que guardes en tu corazón, con gratitud,
el recuerdo precioso de las cosas buenas de la vida.
Que todo Don de Dios crezca en ti
y te ayude a llevar la alegría
a los corazones de los demás.
Que tus ojos reflejen un brillo de amistad,
gracioso y generoso como el sol,
que sale entre las nubes
y calienta el mar tranquilo
Que la Fuerza de Dios te mantenga firme
que los ojos de Dios te miren
que los oídos de Dios te oigan
que la Palabra de Dios te hable,
y que la Mano de Dios te proteja.
Y que, hasta que nos encontremos,
Dios te tenga, y nos tenga a todos,
en la Palma de Su Mano Providente.
Nos vemos, Dios mediante
Marcelo
Mayo 29, 2008 en 8:55 pm
Ricardo
Marcelo, espera un poco querido amigo. Te despides? Te vas? Una muy mala noticia Marcelo. Si no vuelvo a verte, dejame pedirte disculpas por mis bromas si alguna de ellas te hirio quizas en algun momento. Si no vuelvo a leerte, dejame decirte hermano que a Dios fuente de bondad le ruego por ti y por los tuyos. Te deseo mucha paz Marcelo. Gracias por todo lo que de ti recibi, que no fue sino esperanza en el advenimiento del Reino de Dios, y compromiso para con el projimo, en obediencia al mandamiento de amarnos los unos a los otros. Un sentido abrazo Marcelo.
Mayo 29, 2008 en 10:29 pm
Luis Robert
Estimado Marcelo:
Con razón dices que sólo Dios es eterno, y tanto bien los ciclos existen, la vida no es un eterno retorno, como un decurso vivo y lleno de sentido. Nada es superfluo ni demás está. La letra de la canción que has puesto lo ilustra excepcionalmente.
Te deseo en Dios, todo los parabienes. Rezo porque se haga la voluntad del Señor en todo tiempo y lugar, siempre, aun no se sepa comprender en la inmediatez, es siempre amor sin condiciones, del más puro, como lo describe un texto mediante la imagen del papá y el hijo, puesto en este blog.
Gracias, Marcelo, te reitero mi saludo…
Afectuosamente…
Luis.
Mayo 30, 2008 en 12:42 am
andre
Por qué eliges la tristeza? es que Dios nada te ha enseñado?
Cuánto tiempo se puede sostener aquel padecimiento que Dios no te ha pedido ni te ha dado?
Por qué eliges el camino ancho y no te centras en lo que el alma dice, y escuchas la voz del Padre? La razón no te llevará a ello.
Debe nuestro Señor suplicar un cambio para que lo escuches?
No eres tú quien dice que Dios nos quiere felices? Por qué eliges la tristeza?
Si nosotros no vamos al Padre, El con su amor perfecto irá hasta ti.
Marcelo, has hecho muy bien en este blog, has sido un buen aporte reflexivo, no dudo que muchas personas están de acuerdo con tu visión. Bien sabes, tanto aquí como por c.e mi parecer. Sin embargo, estimo que el que no estés más aquí sólo implica el dejar de colaborar con este refugio porque bastante tienes en la pastoral, con los jóvenes, en el geriátrico, en el hospital, en fin, tú mejor que nadie sabe. Pero no olvides las palabras del Papa Juan Pablo II acerca de los medios de comunicación. Ambos amamos al Papa, considéralo.
Con todo, te respeto y no puedo interferir en tu decisión. Dios sabrá el por qué y estará siempre a tu lado, dándote ánimo, amor y miericordia.
Cariños a tus hijitos, en especial a las dos menores.
Andrea
Mayo 31, 2008 en 2:10 pm
GRAZNIDO
Lamentable la partida de Don Marcelo. Espero que vuelva por estos pagos, fue un gran aporte.
Comprendo tu dolor Andrea, eres de esas personas para quienes el alejamiento de un amigo es una gran pérdida, ya que cultivas la amistad como otras personas las plantas, tratas de regar día a día con sacrificio, cariño y dedicación.
Desde mi punto de vista no hay ciclos, no es cierto que cada cosa, si hablamos de relaciones amistosas, tengan su época, las amistades son como círculos que se abren y habrán de cerrarse aunque queden temporalmente abiertos por las razones que sean.
Una verdadera amistad siempre está latente a la espera que un azar o un acto voluntarista provoque el re encuentro, azar y determinismo.
En esto como en todo es necesario un poco de fe, pero si los caminos no vuelven a cruzarse, en el cielo de la fe se econtraran los amigos y los amores.
¿Sabes Andrea? Hoy en día la ciencia está cada vez inclinada a creer que existen mundos paralelos, el caso del gato Schrodinger está cada vez más presente, así entonces puedes imaginar que cada cosa que no se da como tu quieres o anhelas en este universo se esta dando en otro universo paralelo.
Hoy es un día luminoso, la vida y las oportunidades nacen inmensamente a cada momento.
Un abrazo
Mayo 31, 2008 en 2:35 pm
andre
Y sabes Guillermo? Tu comentario me ha llenado de felicidad y optimismo…
La verdadera amistad. Tengo una amiga hace más de 20 años. Nos vemos muy poco, pero cuando nos vemos recordamos que la amistad es siempre la misma, el cariño, el amor de amigos sigue presente , nunca se agota. Soy de las personas que piensa que el amor de amigos es tan único porque es el más conciente de todos, es un amor que no obliga, es….hay un texto que habla de eso
“Del segundo tipo de amor leemos: «La amistad es —en un sentido que de ningún modo la rebaja— el menos “natural” de los amores, el menos instintivo, orgánico, biológico, gregario y necesario» .
Y después, en la misma línea argumentativa: «De ahí, si no me interpretan mal, la exquisita arbitrariedad e irresponsabilidad de este amor. No tengo la obligación de ser amigo de nadie, y ningún ser humano en el mundo tiene el deber de serlo mío.
No hay exigencias, ni la sombra de necesidad alguna. La amistad es innecesaria, como la filosofía, como el arte, como el universo mismo, porque Dios no necesitaba crear. No tiene valor de supervivencia; más bien es una de esas cosas que le dan valor a la supervivencia».
Asegurado lo cual, puede nuestro autor concluir: «Este amor, libre del instinto, libre de todo lo que es deber, salvo aquel que el amor asume libremente, casi absolutamente libre de los celos, y libre sin reservas de la necesidad de sentirse necesario, es un amor eminentemente espiritual. Es la clase de amor que uno se imagina entre los ángeles. ¿Habremos encontrado aquí un amor natural que es a la vez el Amor en sí mismo?» ”
Este tx es de catholic.net, hace un muy breve análisis de “los cuatro amores” de CS Lewis.
A veces, muchas veces , las personas confunden, tergiversan, no son capaces de separar situaciones. He aprendido, a lo largo de mi vida, que todo debe separarse. Es así como en el ámbito académico una cosa es el docente dentro de la sala y otra fuera de ella. Yo misma fui así, sin nunca perder la esencia de lo que uno es. Pero muchas personas no saben distinguir y eso apena. Sin duda.
Pero te das cuenta? Has vuelto a escribir. Eso me produce una gran alegría y con ello agradezco a Dios.
Cariños, como siempre, Guillermo
PS: Si, hoy es un lindo día, ayer también fue lindo, mis padres estuvieron aquí , en mi casa, conmigo ¿puedo pedir más a Dios? No.
Mayo 31, 2008 en 6:17 pm
GRAZNIDO
El camino de la alegría.
Mayo 31, 2008 en 8:12 pm
andre
Somos dos
Junio 1, 2008 en 11: