Hace poco leí una frase del beato Tomás de Kempis que ciertamente me horrorizó, pero era necesario leer, antes, el contexto.
Fue así como comencé a leer su gran obra “Imitación de Cristo” , reconciliándome con sus escritos.

“De la doctrina de la Verdad.
1. Feliz al que la Verdad le enseña directamente no por medio de imágenes o voces pasajeras sino tal como es.
Nuestras percepciones y opiniones fallan con frecuencia y nos orientan mal. ¿De qué aprovecha cavilar tanto sobre asuntos ocultos y oscuros de cuyo conocimiento nadie nos acusará en el día del Juicio?
¡Qué ignorancia tan grande desconocer lo que es útil y necesario prestando atención a curiosidades y daños. Realmente, teniendo ojos, no vemos.!
¿Qué nos importan los análisis y las síntesis? Cuando nos habla la Palabra Eterna quedamos liberados de las opiniones cambiantes.
Todo proviene de la única Palabra, todo lo creado se refiere sin cesar a Ella y es el principio, que nos habla.
Si falta, ninguno entiende nada o puede discernir justamente. Para quien todas las cosas son Uno, y son atraídas hacia el Único y a todos las ve en el Único, los sentimientos se le estabilizan y permanece con Dios en paz.
Dios verdadero haz que me una contigo en perpetuo amor; con frecuencia siento hastío al leer o escuchar variedad de cosas; en Ti encuentro todo lo que quiero y deseo.
Callen todos los sabios, aquiétese la creación entera, en tu presencia háblame Tú solamente.

2. Mientras mejor esté alguien unificado y sea simple interiormente más abundantes y sublimes conocimientos obtendrá sin esfuerzo porque su inteligencia será iluminada desde arriba.
El espíritu puro, simple y constante no se distrae en la variedad de experiencias e informaciones porque dirige toda su actuación a la alabanza de Dios esforzándose por permanecer siempre dispuesto y libre de averiguaciones individualistas.
¿Qué te dificulta y fastidia más que los incontrolados deseos de tu corazón?
El hombre bueno y siempre dispuesto para seguir la voluntad de Dios, prepara dentro de sí las actividades que luego debe realizar externamente, de tal manera que no lo lleven hacia el deseo de las inclinaciones viciosas y siempre se orientará según el juicio recto de su corazón.
¿Quién tiene mayor combate que el que se esfuerza por vencer sus malas inclinaciones?
Ésta debe ser nuestra principal empresa: vencer efectivamente lo que se encuentre de malo en uno, hacerse día a día más fuerte y aprovechar en ser mejor.

3. En esta vida, toda perfección lleva consigo ciertas imperfecciones y todo nuestra especulación no carece de alguna oscuridad. El humilde conocimiento de sí mismo es más cierto camino hacia Dios que la profunda investigación científica.
No se trata de echarle la culpa a la ciencia o a cualquier información correcta sobre las cosas que en sí consideradas son buenas y ordenadas a Dios, pero siempre debe preferirse la conciencia tranquila y la vida virtuosa.
Muchos están más preocupados del saber que de vivir cristianamente, por eso se desvían con frecuencia y casi nada o muy poco fructifican.

4. Si se pusiera tanto empeño en extirpar los vicios y sembrar virtudes como el que se emplea en promover discusiones habría menos delitos y escándalos entre el pueblo y menos superficialidad en las comunidades. Ciertamente, cuando llegue el día del juicio no nos preguntarán qué leímos sino qué hicimos ni si hablamos bien sino qué honestamente hemos vivido.
Dime ¿dónde están ahora todos esos señores y maestros a quienes conociste bien cuando vivían y se destacaban en los estudios?
Actualmente otros ocupan su lugar y nadie se acuerda de ellos. Mientras vivían tenían prestigio; ahora nadie habla de ellos.

5. ¡Qué pronto pasan las glorias del mundo! Ojalá la vida que llevaron haya concordado con sus ciencias, entonces sí habrían estudiado y aprendido provechosamente.
¡Cuántos se consumen por la intranscendente ciencia de este mundo y qué pocos se interesan por mirar a Dios! Y porque muchos eligen ser más poderosos que humildes, están vacíos por dentro como sus propios pensamientos.
De verdad es grande quien tiene grande amor. De verdad es grande quien reconoce sus limitaciones y tiene en nada los honores.
De verdad es consciente quien considera cualquier cosa como pérdida con tal de ganar a Cristo.
Y de verdad es un sabio quien sigue fielmente la voluntad de Dios y somete su propia voluntad.




4 comments
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Abril 30, 2008 en 5:55 pm
sentires
Gloria mundana, eres tan pasajera como una ráfaga.
Y tú, dolor, que te agigantas ante el egoismo: Más que cualquier otra enfermedad, dueles de un dolor que se arraiga, que no se va de quien lo padece.
Un abrazo Andrea, impecables tus mensajes, Luz para el camino.
Vivi
Abril 30, 2008 en 10:45 pm
luis robert
“En esta vida, toda perfección lleva consigo ciertas imperfecciones y todo nuestra especulación no carece de alguna oscuridad.”
Se escucha recurrentemente en ciertas filosofías, que los absolutos serían inalcanzables para el hombre, es decir, puede éste sólo aproximarse a través de destellos o ráfagas, más o menos relativas, pero nunca, contemplarlo, vivirlo. Dios, infinito, misericordioso, puro amor, así, no tendría sentido sino, desde una óptica exclusivamente mundana. La perfección de la cual se habla más arriba ya no estaría dicha desde lo alto, sino desde la propia conciencia. Su legitimidad está dicha, ahora, por el yo, antes que en el Aquel. Se configura, así, un estado de resignación que mal interpreta el mismo significado de absoluto, -perfección, en este caso-, que socava tremendamente toda la actividad del hombre. Si no existe un absoluto, de algún modo la estampa que Dios ha puesto en los corazones de los hombres, reclamará esa sed de infinito. Si no se puede conocer el absoluto, el hombre lo elabora por sí mismo. Ejemplos claros hay en las teologías políticas que homologan el “más allá”, con el “más acá”.
Un verdadero y trascendental significado de lo que es absoluto, comprende, en humildad, qué es una certeza: para nosotros, la Resurrección de nuestro Señor, gran acontecimiento sin el cual nuestra fe sería un fantasma. La perfección, entonces, sí puede ser conocida por los hombres, tal como el mismo Jesús lo exhortó. Toda imperfección entonces, dentro de los cánones humanos, se recrea dentro de aquella certeza, que a la vez, la alimenta y fundamenta, porque en la imperfección está el autoconocimiento, camino que lleva a la perfección, iluminación permanente en la certeza última.
Es en el alma donde todo hombre, sea o no creyente, escucha el agua profunda. Entre los sabios de este mundo y la sabiduría de Dios (otro absoluto), no hay parangón. Pero esto no quiere decir que a Dios lo podamos conocer sólo por esta vía unilateral. Se nos ha donado la fe y la razón, en armonía, binomia que nos permite asir el absoluto en majestad; descender desde lo más alto, hasta el hacer humano. Un hacer separado del Absoluto, Dios, degenera, se envilece, y termina legitimando un nuevo absoluto desde su propia actividad.
La voluntad de Dios no está en la razón, ni tampoco en la fe sola. Yace en el alma, pero fundida en estos preciosos dones que Dios nos regaló. No lejos. Cualquier mal uso de estos regalos, fideísmo, racionalismo, etcétera, impide la escucha verdadera. Los caminos se ponen difíciles y nos alejamos del Único Bueno, para hacernos sabios de este mundo y no en la humildad de la Verdad de Cristo.
Mayo 1, 2008 en 4:38 pm
andre
Querida Vivi
Que cierto lo que dices, la gloria de este mundo no sirve a la trascendencia, no sirve a los estados superiores y verdaderos de vida, allí no se encuentra la felicidad a la que aspiramos. Todo lo provisorio se queda aquí, la gloria, en cuanto éxito relativo de nada sirve a la hora de “ser”.
Es necesario ese dolor que finalmente se transforma en alegría al ser superada por la fortaleza, la valentía y el amor , esa fe exquisita que mueve montañas y que no nos permite que la angustia, el padecimiento se instale de modo destructivo en nuestras almas. Cada sufrimiento es un aprendizaje, un trascender en lo simple de la vida, de la naturaleza….buscamos en lo complejo….la simpleza es verdadero regocijo.
Eres luz en mi vida, sigo aprendiendo de ti, tu fortaleza me enseña a apreciar la belleza de lo que no se ve y la tranquilidad del alma que reside en ti.
Un beso, Vivi.
(te envié un mail y rebotó, no sé qué ocurre)))
Mayo 2, 2008 en 8:42 am
Marcelo Arrabal
De que le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma.
En más de una oportunidad me ha tocado asistir a funerales de personas importantes, algunos desde el tener y otros desde el ser.
En los primeros he sido testigo de actitudes de soberbia que exceden la muerte, cofres costosisimos, llevados al cementerio en carrozas tiradas por caballos negros. Un espectaculo sombrio, lugubre y carente de sentido. Como queriendo distinguirse aun despues de la más justa y niveladora de las situaciones: la muerte.
En los segundos, personas importantes por el ser, el ambiente era sentido. Las lágrimas genuinas y los recuerdos enriquecedores. Se hablaba poco de la causa de muerte y mucho del bien recibido por aquel que partia a la casa del Padre.
Que gran diferencia!
Amigos, que el texto seleccionado por Andrea, nos sirva para hacernos una sola pregunta trascendente:
¿Si tu vida se acabará hoy, como te recordarían los que te conocieron?
¿ Cuanta gente te acompañaria hasta el camposanto y cuales serian sus motivaciones?
¿ Como te recibiría el Señor?
Un abrazo en Cristo
Marcelo