
Es sobrecogedor encontrar en los medios, en la calle y en la vida cotidiana situaciones de abuso y violencia sistemática contra las mujeres sin importar edad, grupo social, condición ni estado civil.
Probablemente la mayoría conocemos estos antecedentes y lo triste es que no hacemos nada para poner un alto definitivo a esta situación.

En países del Lejano Oriente, los bebés son evaluados mediante ecografías y si se comprueba que son niñitas son abortadas masivamente por ser improductivas en la economía.
En los países más fundamentalistas del Islam, las mujeres no tienen derechos ni a la salud adecuada, ni a la educación, ni a escoger su pareja. Ni siquiera a ser felices en el matrimonio porque, a corta edad, les practican una mutilación genital para que no puedan gozar de la intimidad.

En la mayoría de los países de América Latina las mujeres a igual trabajo no reciben igual salario.
Se producen por año miles de violaciones y no se hace justicia, más aún si no hay denuncia debido a las humillaciones por las que las víctimas pasan para probar el delito en cuestión.
Un altísimo porcentaje de las demandas por acoso sexual, son presentadas por mujeres. Probar es tan complejo que quedan sin ser resueltas, “archivadas”.
Miles de jóvenes son secuestradas o engañadas anualmente para transformarse en materia prima del tercer negocio ilegal más rentable del planeta: la esclavitud sexual y la prostitución. (tratas de blanca)
Millones de madres de familia son contagiadas por sus maridos de sida, porque nunca son prevenidas por ellos de la promiscuidad en la que viven.
A pesar de haber demostrado con creces su nivel intelectual equivalente al hombre todavía hay retrógrados (incluso en prestigiosas universidades) que las creen menos inteligentes.

En la actualidad el machismo es una conducta primitiva muy popular que hace que millones de mujeres sean golpeadas, humilladas y hasta vejadas por sus parejas.
Miles de mujeres mueren en el mundo todos los años víctimas de sus parejas.
Detengamos la mirada en el punto principal: la dignidad. A muchas mujeres victima de éstos y otros atropellos no sólo les han quitado la dignidad, sino, incluso, las ganas de vivir .
Que lejanos estamos del Mensaje Final del Concilio Vaticano II donde auguraba:
“Ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga.”
No podemos caer en el facilismo de creer que todo está perdido, ello va contra nuestra fe.
¿Hasta cuando tiene que ser crucificado Cristo en sus hermanas, para que los varones entendamos que la relación con las mujeres se debe basar en el respeto y a la justicia?

No creo que las grandes políticas de Estado, que las cartas de los grandes organismos internacionales, ni siquiera los documentos y las encíclicas tan perfectas y llenas de caridad puedan hacer mucho por cambiar esta situación que denigra al genero humano completo. Soy bastante más simple y pragmático.
Propongo un breve decálogo para empezar a cambiar este flagelo:

1.La dignidad es inherente a toda mujer por ser hija de Dios.
2.Recuerda siempre que naciste de mujer.
3.Las mujeres son las predilectas de Dios, porque colaboran con El diariamente en el misterio de la vida.
4.La inteligencia es un don compartido entre las mujeres y los hombres.
5.Tratar como objetos a las mujeres sólo habla de tu poca dignidad y capacidad de amar.

6.Cuando hables con cualquier mujer trátala con el respeto que merece tu madre, tu hermana, tu hija o tu mujer.
7.Sácate de la cabeza el machismo, el cual sólo reduce tu mirada de las relaciones humanas y te hace un ser muy limitado y prejuicioso.
8.Recuerda estas palabras: respeto, cariño, dulzura, ternura y amor. Son las más valoradas por ellas.
9.No discrimines nunca por género, no es justo a los ojos de Dios, que creó al hombre: varón y mujer.
10.Rechaza activamente la prostitución, la pornografía, el hedonismo y toda práctica que atente contra la dignidad de la mujer.

Si estas pequeñas cosas que acabo de proponer son realizadas todos los días por muchas personas, se puede educar en el amor y el respeto que merecen las mujeres y comenzar una nueva etapa en la humanidad, donde todos, sin importar el género, puedan ser felices.
Finalmente, demos gracias por todas las mujeres y por cada una: por las madres, las hermanas, las esposas; por las mujeres consagradas a Dios ; por las mujeres dedicadas a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otra persona; por las mujeres que velan por el ser humano en la familia, la cual es signo fundamental de la comunidad humana; por las mujeres que trabajan , mujeres cargadas a veces con una gran responsabilidad social; por las mujeres «perfectas» y por las mujeres «débiles».
Por todas ellas, tal como salieron del corazón de Dios en toda la belleza y riqueza de su feminidad, tal como han sido abrazadas por su amor eterno; tal como, junto con los hombres, peregrinan en esta tierra que es «la patria» de la familia humana, que a veces se transforma en «un valle de lágrimas». Tal como asumen, juntamente con el hombre, la responsabilidad común por el destino de la humanidad, en las necesidades de cada día y según aquel destino definitivo que los seres humanos tienen en Dios mismo, en el seno de la Trinidad inefable.




39 comments
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Abril 22, 2008 en 5:33 pm
Marcelo Arrabal
Estimados
me cuesta creer que un tema tan sensible como este no haya despertado comentarios, saquemos el machismo de nuestra mente y nuestros corazones, dejemos de ver como objetos a las mujeres y reconozcamos nuestras pequeñeces…
Un abrazo en Cristo
Abril 22, 2008 en 6:52 pm
GRAZNIDO
No me queda otra opción, Don Marcelo, que obedecer.
Hace minutos me apareció esta entrada pero sin acceso a comentarios, valga la explicación.
Los hombres somos un poco mujeres y las mujeres son un poco hombres, cada unos o unas en dosis diferentes, diversidad obliga. Lo que les hacemos a las mujeres nos lo hacemos a nosotros mismos, pero muy pocas veces lo vemos así.
Yo no sé en su país Don Marcelo pero lo que está sucediendo en Chile es muy inquietante no pasa un par de días sin conocer públicamente de femicidios, golpizas o abusos sexuales contra mujeres.
El sábado recién supimos de un femicidio contra una bella joven, cuatro balazos, aparentemente por parte de su joven amigo “amoroso”.
Hoy sabemos de un hombre que embarazó a su hijastra de ¡12 años!, es un caudal que no para, algunos dicen que siempre ha sido así la diferencia es que la prensa es ahora más ubicua. Lo que desde luego no aminora el horror.
Realmente es una situación esta, que me desconcierta completamente y no sé a que atribuirla, no me explico como puede anidarse en la mente de tantos hombres la convicción de que el hombre es dueño de su mujer como si esta fuera su auto, su casa, su celular o su pc o su máquina de afeitar.
Es tal vez el residuo del macho primitivo, salvaje, cazador de la selva, falto de evolución, de civilización el que los lleva a tanto exceso muchas veces auto destructivo.
En una sociedad libre nos necesitamos todos para crecer, solos no podemos, la crueldad homicida destructiva contra las mujeres no puede sino que hacernos daño a todos por igual.
Por otra parte está el tema de la creciente tendencia a la informalidad en las relaciones de pareja, lo que condena a muchas mujeres modestas a la indefensión acompañadas de sus hijos. Así nos encontramos con que la mayor parte de los hijos hoy en Chile nacen fuera del matrimonio y con que las mayor parte de los hogares de extrema pobreza son uni parentales, siendo la mujer la jefa única de hogar. En Chile la extrema pobreza tiene signo de mujer.
Querida Andrea, muy buena y muy de actualidad tu entrada, el tema es bastante complejo y extenso, tiene que ver con el creciente avalorismo, el machismo, la inveterada costumbre de la pillería vista como una virtud por muchos, la falta de respeto a los compromisos contraídos y a la familia como ladrillo base de la sociedad.
saludos
Abril 22, 2008 en 7:09 pm
Marcelo Arrabal
Estimado Graznido
acá en Argentina pasa lo mismo, la violencia contra las mujeres no tiene fin. Lamentablemente hay una cultura utilatarista que trata de cosas a las personas y hay hombres que creen que están aún en los años donde nadie les podía enriquecer, discutir y cuestionar sus opiniones.
Cada vez se ve mayor violencia, en una ocasión tuve que intervenir fisicamente porque un tipo de metro ochenta tenia del cuello a su novia contra la pared, él estaba borracho y drogado. La soltó, me tiro a pegar y cuando se dio cuenta de su error, se arrepintió y se tomó un taxi…
Lo patético fue que ella lo llamo al taxista, se subió con el agresor y se fueron juntos, en vez de denunciarlo.
Los que tenemos hijas debemos educarlas en la conciencia plena de su dignidad humana, para que estas cosas dejen de suceder algún día.
Un abrazo
Marcelo
Abril 22, 2008 en 7:59 pm
Graznido
Don Marcelo
A me sucedió algo parecido, hace un tiempo intervine en una desagradable disputa callejera entre una joven y un joven que no soltaba a la niña, que quería irse, todo con gran escádalo.
Ante mi intervencion la linda niña me dijo:
“No se meta Señor nosotros nos vamos arreglar”.
Plop
Abril 22, 2008 en 11:25 pm
fran
“La dignidad humana es la especial singularidad y grandeza que posee el ser humano por su capacidad de comprender y trasformar el mundo, de amar en la donación libre a los demás y de elegir y determinar su futuro de acuerdo a sus propias decisiones. Es nuestro valor innato que hace que siempre debemos ser considerados como un fin y nunca como un medio.”
(http://es.catholic.net/mujer/)
Cuando se pierde de vista la dignidad del ser humano es cuando se cometen las atrocidades que los medios de comunicación dan a conocer hoy con mayor velocidad. Sin embargo este no es un problema nuevo, ni tampoco se presenta sólo entre los más limitados, ni tampoco es exclusivo de las mujeres. Los medios de comunicación nos muestran las atrocidades que terminan con la muerte de ella o de ambos, porque son noticias que atraen la audiencia y permiten cobrar más por la propaganda.
Sin embargo, los atropellos a la dignidad humana y sobre todo a la dignidad de la mujer, ocurren a cada minuto sin que sean difundidos por nadie. Cuando alguien aparenta ser lo que no es, cuando alguien miente sin tapujos para tratar de conseguir un objetivo, cuando alguien hiere a su hermano porque no logró conseguir lo que buscaba, cuando alguien mañosamente se muestra como lo que no es, está atentando en contra de la dignidad de quien recibe la ofensa. Como por naturaleza, las mujeres son más confiadas que los hombres, creen con más ahínco en lo que muchas veces en forma ladina se les ofrece, están más propensas a ser heridas y a ver su dignidad atropellada. Nada de esto aparece en los medios de comunicación, pero es algo que ocurre a cada minuto, en cada mail que no contiene la verdad, en cada llamado telefónico que sólo pretende engañar.
Las atrocidades que Andrea nos presenta son de una dimensión que sobrecoge. Sin embargo hay millones de “pequeñas” atrocidades que pueden ser tanto o más dañinas para nuestras mujeres, que las descritas.
Abril 23, 2008 en 3:16 am
roberto viera gonzalez
Acaba de temblar. ¡Qué susto da cuando el silencio y la tranquilidad es total! Pero……. ¡quién entiende! Ayer por lo menos llenaron dos Alamedas en contra de quien le dio derechos a la mujer en occidente, Jesús. Saludos.
Abril 23, 2008 en 8:55 am
Marcelo Arrabal
Estimado Graznido
por eso insisto en la educación como medio de prevención de estas iniquidades.
Sería un error pensar que esto se da solo en los estratos sociales bajos. Lamentablemente tanto la clase media, como la alta, sufren del mismo flagelo, tristemente mientras más alto es el nivel de la persona, más sofisticado es el mecanismo de presión, de aprovechamiento y de violencia. Las armas que usan van desde hacer sentir unas inútiles a sus mujeres, hasta la amenaza con perjuicios sociales y económicos para ellas y sus hijitos.
Como menciona el Sr. Fran más arriba hay muchos ladinos que se aprovechan de la credulidad de las mujeres para hacer estragos físicos, psicológicos, económicos y espirituales. Buscando exclusivamente su satisfacción fisiológica hedonista o acrecentar su ego, sin importarle el ser humano que tienen al lado.
Es mucho lo que queda por hacer, no solo debemos educar a las nenas, para que no sufran a futuro estas miserias; sino principalmente a los varones para que valoren correctamente a las que más adelante serán sus esposas y compañeras, desde la más tierna infancia. Aunque parezca insuficiente, la solución a este problema es la educación para el amor, sin la cual nadie puede hacer a otro feliz y menos serlo el mismo.
Debemos enseñar a amar. Querer es fácil porque es instintivo, pero amar se aprende cuando se aleja el egoísmo de uno mismo.
Que la Mater, modelo de mujer, nos ilumine en este difícil pero imprescindible camino de la dignificación de las mujeres.
Marcelo
Abril 23, 2008 en 4:22 pm
Ricardo
Marcelo, he seguido esta pagina. Gracias, por que la causa es justa, buena, es cristiana. Al venir la primera vez me impresiono la fotografia de esa mujer semisepultada en vida. Horrores que crispan el alma.
Comparto contigo que es necesaria la educacion de nuestros hijos. Teniendo si bien en cuenta la fuente del problema: el mal. No es asexuado, ataca tanto al espiritu de “ella” como al de “el.” La oposicion al mal, a la violencia en este caso, la veo optima mediante una educacion de nuestros hijos en el evangelio.
Que el mal no tiene sexo para presentarte Marcelo un dilema en cuanto a la violencia en la pareja. Me refiero a la violencia fisica y verbal. No nos apresuremos en juzgarle a “el” sin tambien juzgarla a “ella”. Quien lanza la primera piedra en una situacion que deriva en violencia? Y es que hay palabras que hieren profundamente, que golpean tan duro como los pun’os.
Esto Marcelo bien sujeto a la violencia en los matrimonios; pareja. Hay muchisimas formas de violencia; fisica y verbal principalmente en la pareja, pero ambas emanan de una fuente comun, el mal. No dejemos Marcelo de orar al Espiritu Santo por su sosten, para que sea El quien actue sobre “ellos” y “ellas”, sanandoles, santificandoles. Nos ayude tambien en la educacion de las generaciones futuras.
Placer saludarte Marcelo.
Abril 23, 2008 en 7:47 pm
Marcelo Arrabal
Estimado Ricardo,
comparto contigo que muchas veces la violencia de las actitudes, de las respuestas, de la provocación abierta y de la búsqueda cierta de conflicto, pueden venir de la mujer. De facto es muy habitual que esto suceda en todas las latitudes.
Sin embargo, eso no justifica en absoluto ninguna reacción violenta de parte del hombre, ante una mujer que es idéntica en dignidad, superior en delicadeza e inferior en fuerza física (en la mayoría de los casos).
El varón debería ser lo suficientemente hombre, para no devolver ningún tipo de violencia:
- Física, jamás porque sería un cobarde.
- Psicológica, tampoco porque es un tipo de tortura y no es ético torturar a nadie, menos a una mujer.
- Verbal, daría muestra de que no se controla, ni mantiene la calma y actitudes viriles que se esperan de un hombre.
A lo más ante semejante cantidad de violencia, la alternativa es hablar con ella después del problema seriamente para que corte la agresión y si no entiende buscar ayuda profesional.
Si aún así no cambia te quedan dos opciones legítimas: o aguantarse la situación hasta que crezcan los hijos o terminar de raíz la relación. Decidiendo según te dicte la conciencia.
En este ejemplo que pones, Ricardo, donde el varón recibe una buena dosis de agresión y de provocación habitualmente, creo que lo mejor es escuchar el consejo de San Josémaría Escriba de Balaguer:
“Sé recio. Sé viril. Sé hombre.” (camino 22).
Pidamos al Espíritu Santo que nos de la fortaleza para tolerar, la inteligencia para buscar caminos y la sabiduria para decidir lo mejor en nuestras vidas.
Ricardo, un abrazo desde Buenos Aires.
Marcelo
Abril 23, 2008 en 9:05 pm
sentires
Termino de leerles a todos Uds.
Hombres que han comentado conmovidos el post que precede y entonces me “amigo” y digo, Hay que confiar, a pesar de todo.
Porque si bien es cierto que algunas conductas no pertenecen a nuestra cultura ¡gracias a Dios! la generalidad de los hombres se manejan con el hábito del maltrato psicológico, la manipulación, la indecisión afectiva o labilidad emocional, tanto de esto, que a las Mujeres nos genera “espanto”. Pluralizo y no dudo de mi afirmación sin titubeo, porque estoy segurísima que coincidimos en la opinión. Claro que tampoco dejo afuera de estos manejos a las mujeres, aunque convengamos que en comparación el porcentaje es menor.
Siempre me pregunto qué cosa habremos hecho tan mal para que los hombres hayan cambiado tanto. Porque si bien es cierto que “de todos los males hubo en todos los tiempos”, creo que en éste, se agudizan los errores, por llamarle de alguna manera.
De hecho, nos impide establecernos en el territorio del amor, el respeto y gentileza, la amistad cordial, la atención y miramientos de uno para con otro en las relaciones que cada vez duran menos y terminan peor. Pero insistimos en llamar afectivas.
Algo hemos hecho mal Mujeres. Debemos encontrar urgente qué es lo que tanto daño provocó en el Varón para que el cambio se fortalezca en lugar de perder fuerza a medida que pasa el tiempo.
Tal vez la cosa pase por los Valores y cómo los transmitimos -si es que lo intentamos- Entonces me preguntaba ¿Cómo enseñamos a nuestros hijos (varones y muejeres) discurseando?
Y…¿el ejemplo en los hechos? ¿lo olvidamos o siempre es doble el mensaje?
Un cariño para todos.
Viviana
(Andrea: comunicate, me regresan los mails que te envío. Besito)
Abril 23, 2008 en 9:31 pm
GRAZNIDO
Para las mujeres, lo puse hace unos meses en mi blog:
http://youtube.com/watch?v=9x_FZ08tKBI
Abril 23, 2008 en 9:46 pm
Ricardo
Marcelo, comparto plenamente tu posicion. El ideal seria una conducta masculina como la que tu sen’alas. Por lo mismo sostenia como necesaria una educacion evangelizadora, concordando contigo sobre este punto; educacion necesaria. Solo pretendi Marcelo exponer de cierta manera el reverso de la medalla, sosteniendo que hay diversas maneras de violencia que pueden destruir la paz de una pareja y que el mal en si mismo no selecciona sexualmente. Todo esto sujeto a un enfoque bien limitado a la pareja humana, esa delicada relacion que sucumbe ante la violencia sea masculina o femenina, violencia fisica o verbal. Quizas mi comentario anterior desubique un poco saliendo de la esfera que trata del problema de la violencia hacia las mujeres propiamente tal, drama penible por supuesto. Intente ir a la raiz del asunto, el mal en si mismo, aceptando nuestras limitaciones para solucionarlo, pidiendo la intervencion divina en auxilio.
Te saludo cordialmente Marcelo y te reitero mi agradecimiento por este articulo tuyo tan util de dialogar.
Abril 23, 2008 en 10:00 pm
Ricardo
Sentires; es verdad lo que tu planteas. El problema del trato violento hacia las mujeres parece ser un mal en aumento y ahora, en nuestros dias, continuamos viendo casos estremecedores. Parece ser esto parte de las sen’ales de los ultimos dias y preocupa. Sin embargo Sentires no creo que Uds. las mujeres hayan hecho algo tan mal como para merecer tal comportamiento masculino, que lejos de ser complementario como deberia, resulta antagonico. Yo creo Sentires que es el humano en general, hombres y mujeres, que han conformado sociedades basadas en miramientos alejados de Dios. Las cosas de este mundo parecen afectar mas que nunca a la familia, nucleo basico de la sociedad humana. Hay un problema valorico inmenso en todo este drama y realmente cuesta imaginar soluciones. Sin embargo y tal como tu lo dices, hay que confiar a pesar de todo. Interesante tu comentario. Te saludo cordialmente Sentires.
Abril 23, 2008 en 11:34 pm
luis robert
Agradezco este texto, pues, Marcelo. En mi caso, desde niño, he estado rodeado de mujeres ejemplares, firmes, con gran tesón. Y en cierto modo, lo que dice también don Guillermo es cierto: algo de mujer tienen los varones. No se explica la exquisita sensiblidad sin ellas.
El hombre, en sentido genérico, está hecho a imagen y semejanza de Dios, y es la mujer importantísima en el devenir cristiano. Cristo las eligió a ellas, siendo que la cultura judía reprochaba su compañía. Fue una mujer quien le vio por primera vez Resucitado; fue una mujer, sin pecado concebida, quien le acompañó aun en el dolor de la Cruz, a su vez, Madre de Dios. En tal sentido es importantísimo el fundamento de la dignidad de la mujer en primer lugar, en el Evangelio, y el Magisterio de la Iglesia. Es importante seguir un etinerario, más o menos práctico, pero con un fundamento sólido. Baste pensar en los grupos feministas actuales que disipan toda cuanta tradición en raíz cristiana exista, en razón de su tesis odiosa a la religión por considerarla un obstáculo para la plena realización de la mujer. Son estos grupos los más lacerantes anticatólicos existentes, después de los ejemplos del Islam que menciona. El feminismo es una cosa, y la dignidad de la mujer, otra. Importantísimo, entonces, el fundamento que se puede hallar en aquellas fuentes indicadas para no dar pie por una causa justa, a una tergiverzación de la misma, que no hace sino abogar por el aborto, la incultura del sexo, las idealogías de género, etc.
El hombre no es digno si su amada, la mujer, tampoco lo es.
P.S.: Me alegra muchísimo que se otorgue real importancia a las palabras, a propósito de este tema trascendental. En este sitio, tienen un valor elevadísimo. Son las palabras, el lenguaje, no una realidad independiente del pensamiento, el intelecto. No. Exige, por tanto, responsabilidad. Las palabras dejan la esencia de un hombre, declarada per secula. Bien se puede elogiar, alabar, contemplar, admirar, venerar, adorar, amar; bien enrostrar, herir, lacerar, lastimar, blasfemar, odiar.
Abril 24, 2008 en 4:49 am
andre
Queridos amigos
Pido disculpas por mi ausencia. Días agitados he tenido, pero ya estoy de vuelta
Ciertamente el texto presentado por Marcelo es un acierto. Pero ha permitido ir más allá del texto mismo y enriquecerlo con otra realidad: maltrato a los hombres.
Esta realidad , aunque en grado y porcentaje muy inferior al maltrato hacia la mujer, no deja de ser alarmante dado que ha ido en aumento en cuanto a conocimiento, pero no estimo que sólo a ello se deba. El hombre, por una cuestión de orgullo mal entendido, un cierto complejo que delataría su poco valor como “hombre”, pocas veces revela estos antecedentes a la comunidad, baste hacer un estudio acerca de denuncias masculinas por maltratos ante carabineros (policia) o en los mismos tribunales de justicia. Sienten su ego lastimado, cuando en realidad lo verdaderamente herido no es el ego masculino sino la “persona “ como unidad, más allá del género. Ese machismo latente latinoamericano no les permite aún denunciar hechos que atenten contra su dignidad en un sentido pleno.
Somos personas, luego deviene el sexo que es una segmentación distintiva.
Si vuelvo al sentido del texto original, puedo señalar que el análisis de Vivi es relevante porque va al origen mismo de la causa del fenómeno.
La mujer en su esencia femenina y delicada ha sido por siglos representada en su debilidad física sumada a la intelectual, siglos de detrimento aún teniendo iguales potencialidades y más aún, reconociendo ese especial estado que le permite ver y conocer o saber aquello que los hombres no pueden o no han aprendido, dada la sensibilidad amorosa que ella posee desde siempre, ya lo vemos en la Mater.
Sin embargo , el hombre mermó grandes capacidades en las féminas haciéndolas ver como seres “inferiores” e “incapaz”. De ello da cuenta la propia legislación y más notorio hoy, el trato no sólo discriminatorio sino abiertamente vejatorio hacia el sexo femenino, en otras latitudes (Afganistán, India, sólo dos ejemplos) estimándolo “cosa”(res en latín) y no persona. Los derechos de las mujeres se fueron ganando en épocas muy recientes como consecuencia de luchas incanzables por reivindicar a la persona por sobre la categorización
Poco a poco la mujer se ha ido igualando en términos teóricos conceptuales , mas no pragmáticos.
Qué hemos hecho mal, Vivi? Permitir estos atropellos , no detener la situación apenas existe un asomo que evidencie lo que viene. Pensar en “va a cambiar” cuando en efecto la persona, si bien puede cambiar, la sola idea de que “nosotras” los podemos cambiar induce a error. Al decidir amar (es decisión, recordemos que sólo el enamoramiento no lo es, éste es voluntario, carente de esfuerzo, a diferencia del amor, que exige del esfuerzo permanente en este enaltecer el alma , ser para otro, camino de perfección conjunto) debemos saber que ese “amar” implica la aceptación del otro con virtudes y defectos y que aquellos defectos son superados a partir de si mismo con la ayuda amorosa de quien, ha decidido amar.
Pero la sola pretensión de augurar un cambio en la persona por el amor que uno tiene es una falsa ilusión, una utopía con mal futuro.
También y evidentemente nos encontramos frente a otra realidad y consiste en el mundo de las apariencias, donde sólo el transcurso del tiempo nos muestra el verdadero rostro del personaje en cuestión. Basta que permitamos una sola vez esta dechado de indignidad para que el resto sólo se transforme en una constante casi costumbre en el actuar del otro
Finalmente: quién es el culpable o responsable de esta situación? Aquel que lo permite.
Pero esto no es ligereza, la pregunta es ¿por qué lo permite? Los argumentos son variados y todos razonables, algunos comprensibles, otros injustificados en virtud del fundamento cristiano de persona. Desde la problemática económica (ojo, el ser humano no es cosa y por tanto no se compra ni vende), pasando por la presión social (el qué dirán) y su condena, los hijos y la estructura familiar, aunque pareciera en esta situación que no importara lo que los niños ven y sienten , todo queda en “mantener unida a la pareja” ¿Alguien comprenderá el daño brutal que sufren los menores al ver estos actos de violencia ya sea física y/o verbal entre los progenitores ¿ Alguien pregunta al corazón del niño qué siente? Sin duda el error más grave es el que justifica mantener una relación en virtud de los hijos cuando son ellos los principales agredidos en esta situación, vulnerando la propia dignidad de los menores y a la larga dando el ejemplo contrario para su futura familia….se crea una suerte de naturalidad en el trato irrespetuoso. Desgraciadamente esta parte de la historia es la más triste y cruel. Entonces los matrimonios optan por seguir unidos aún “sabiendo”, conociendo el propio daño que provoca este ambiente, ya no sólo hostil, sino abiertamente violento , en los niños.
Pero hay un argumento que es el más preocupante: El miedo. el temor ineludible a un acto más violento que todos los anteriores. Y como luego del maltrato viene la disculpa , el pensamiento siguiente es “El/ella me ama, lo perdono” Pero” ¿quién me perdona, a mi, por permitir tal agresión?” Lo permito y justifico, luego doy el pie a la actuación.
Esto es válido para ambos, termino con una generalidad, tal como comencé y siendo justa en la causa.
Es todo por ahora, luego seguiré comentando, no logré ponerme al día
Cariños a todos
PS: Los documentos y encíclicas son la base , si bien no primera, sólo el Evangelio está en ese digno lugar, de nuestra formación y fundamento cristiano, ellos nos dan el argumento y base “ideal” para educar a nuestros hijos en el amor y respeto.
Abril 24, 2008 en 4:54 am
andre
Este comentario lo publiqué en El Mercurio, a mediados del año pasado.
“Hay cuatro premisas básicas para exigir el derecho de las mujeres a la igualdad , dignidad y a no ser discriminadas:
— Los derechos humanos son universales: pertenecen a todas las personas por igual.
— Los derechos humanos son indivisibles: no hay unos más importantes que otros;
todos tienen el mismo valor y urgencia y no pueden considerarse por separado.
— Los derechos humanos no pueden suprimirse ni invalidarse. El ejercicio de algunos
de ellos puede limitarse, pero sólo temporalmente y en circunstancias muy excepcionales.
— Los derechos humanos son interdependientes, por lo que la promoción y protección de cualquiera de ellos exige la del resto.
Las mujeres, pese a ser de diferentes países y continentes, tener distinta religión, cultura y origen social, haber recibido educación o ser analfabetas, ser ricas o pobres, vivir en medio de una guerra o en tiempos de paz, están unidas por un denominador común: la violencia, a menudo perpetrada por el Estado o por grupos armados, por la comunidad en la que viven o por su propia familia.
Según una organización no gubernamental de la India, hay mujeres a las que los psiquiatras han administrado potentes medicamentos tras “diagnosticar” que son lesbianas, o que están siendo sometidas a terapia “aversiva””.
En algunos países, el Estado obliga a las mujeres a abortar o esterilizarse.
El art. 5 de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer pide concretamente a los Estados Partes que tomen todas las medidas apropiadas para “modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres”.
En la India, sufren diariamente abusos y violencia.
En el estado de Gujarat (India), a comienzos de 2002 se acusó a la organización política en el poder, el Partido del Pueblo Indio (Bharatiya Janata Party), de connivencia con los grupos hindúes en sus ataques contra la minoría musulmana. Algunos cálculos cifran en más de 250 el número de mujeres y niñas musulmanas que, en el curso de esos ataques, fueron violadas colectivamente en público y luego quemadas vivas
“En muchos sentidos, las mujeres han sido las protagonistas de la carnicería de Gujarat, y sus cuerpos, el campo de batalla [...]. Los cuerpos de las mujeres se han empleado como armas en esta guerra, desfigurándolos hasta lo grotesco o utilizándolos para deshonrar a los hombres, y sin embargo a las mujeres se les está pidiendo que soporten todo esto en silencio”. Citizen’s Initiative, How has the Gujarat massacre affected minority women? The survivorsspeak. Fact-finding by a Women’s Panel, 2002, p. 16
El gobierno, la administración y la policía del estado no sólo no protegieron a estas personas, sino que, según los informes, en muchos casos actuaron en connivencia con los agresores.
El infanticidio femenino priva a innumerables mujeres de la vida misma.
Algunas formas de violencia, como los embarazos y los abortos forzados, la “quema de novias” y los abusos relacionados con la dote, son específicas de las mujeres. Otras, como la violencia en el ámbito familiar —conocida también como violencia doméstica—, tienen entre sus víctimas un número desproporcionado de mujeres.
La violencia contra las mujeres no es exclusiva de ningún sistema político o económico; se da en todas las sociedades del mundo y sin distinción de posición económica, raza o cultura. Las estructuras de poder de la sociedad que la perpetúan se caracterizan por su profundo arraigo y su intransigencia. En todo el mundo, la violencia o las
amenazas de violencia impiden a las mujeres ejercitar sus derechos humanos y disfrutar de ellos.
Quienes callan frente a los avances en el reconocimiento a la dignidad de la mujer, en decir no más discriminación , no más personas de segunda categoría, difícilmente comprenderán la esencia del ser humano
Aunque el tema en esta oportunidad no está referido a la realidad de nuestro país, me permito explicar nuestras disposiciones legales en lo referente al tema. En los casos de aplicación de extraterritorial de la ley penal chilena, nuestra legislación confiere competencia a los tribunales para juzgar y sancionar, conforme a la ley nacional, hechos ocurridos fuera de Chile, en virtud de los principios de personalidad (Nacionalidad del imputado), principio Real o de defensa (al estar comprometidos los intereses del Estado) y el principio de universalidad (por estar comprometidos los intereses de la comunidad internacional o DDHH por sobre los intereses de la comunidad interna). Todo ello implica que los hechores pueden ser perseguidos en Chile, no que nuestros juzgados tengan facultades procesales que se puedan ejercer fuera del territorio nacional. Por tanto resulta indispensable la colaboración del país donde se cometió un delito. Ahora bien, conforme al art 6 del Código Orgánico de Tribunales, los crímenes o simples delitos cometidos por chilenos contra chilenos, si el culpable regresa a Chile, sin haber sido juzgado por la autoridad del país en que delinquió, podrá ser juzgado en nuestro país. Es de carácter subsidiario.
Finalmente, con independencia del lugar donde se haya cometido el delito o de la nacionalidad del actor o victima, de acuerdo al principio de universalidad, la ley chilena es aplicable a limitados bienes jurídicos, internacionalmente protegidos, entendiéndose éstos como patrimonio de todos los países, reflejados, en general mediante Tratados Int’ls. Por ejemplo: trata de blancas, genocidio. Si el delito de que se trata no está tipificado en el derecho interno no podrá perseguirse y castigarse en virtud de la lex certa. Y aquí surge la pugna, ya que mientras en Chile el aborto si constituye delito, en otros países no es tal.
“Está en nuestras manos, No más violencia contra las mujeres” Ed. Amnistía Int’l(edai) http://www.amnistiainternacional.org
http://www.amnesty.org
Neferti Tadiar, 2000, citado en INCITE! Women of Color Against Violence, página web. 50 Citizen’s Initiative, How has the Gujarat massacre affected minority women? The survivorsspeak. Fact-finding by a Women’s Panel, 2002, p. 16.)”
Abril 24, 2008 en 5:02 am
andre
Lo justo es justo….
Jamás permitas que una mujer esté a tu lado sólo por lo que le puedas dar…tú eres un hombre digno de amor.
Jamás permitas que tu corazón sufra por una mujer que no mira más allá de tu persona…mereces ser amado por ser quien eres, por quien conoce tu alma.
Jamás permitas que el orgullo te vuelva mudo…no eres débil si le dices cuanto la necesitas a tu lado.
Jamás permitas que las bajas pasiones te lleven a un pozo sin fin. Ella estará aguardando por ti, cuando llegue….
Jamás permitas que quieran un cambio radical en ti. Eres valioso en tu esencia y ella lo comprenderá así
Jamás permitas que el status maneje tus relaciones. Ella no estará contigo por un afán social, sino por el amor que ella descubrió en ti.
Jamás llores por no ser amado…ella llegará cuando menos lo pienses. Estará junto a ti. No la busques.
Jamás permitas un grito, tuyo o de ella. El respeto se pierde con el primer grito.
Jamás pidas perdón sin sentirlo verdadero. Si tienes razón, da tiempo. Ella comprenderá
Jamás apresures los pasos. El tiempo se encargará de ello.
Jamás postergues tu vida, esa vida que maravillosamente Dios te dio para surgir, para “ser” en este mundo. Ella admirará tu afán, admirará tu camino
Jamás dependas de una mujer. Depende del amor trascendente que se encuentra en cada cosa que la naturaleza nos da. Ella te hará libre.
Jamás permitas los celos, las debilidades. Ella sabrá creer en ti.
Y cuando ella surja:
Caminen por la misma senda, pero respeten sus mundos, complementen su accionar, mas valoren su universo de crecimiento.
Amen, amen mucho, pero no olviden que el amor surge a partir del Amor primero, el Alfa y Omega de todas las cosas.
Amen sin posesión, amen en libertad, amen sin coartar, amen y sean libres en el amor.
Amen pacientemente al otro. Hay momentos para callar , hay momentos para hablar, para reir y llorar.
Amen en el crecimiento. Ayúdense mutuamente a evolucionar, a crecer. En el dolor estén juntos. Cuando la carga se lleva de a dos todo es más fácil.
Jamás permitan que el entorno se apodere de sus sentimientos, de su
amor puro y cristalino. El amor verdadero mira en los ojos del ser amado y no se preocupa de externalidades. No hay Capuleto, no hay Montesco.
Vivan el día a día, minuto a minuto. Alimenten ese amor con pequeñas cosas…una sonrisa, una mirada cómplice, un roce….
Escuchen, ya no las palabras, sino las miradas, los silencios, lo que sólo el amor comprende…Mírense…
Sorprenderse! Esa magia de nunca acabar…ese gesto sorpresivo…esa palabra inesperada, esa rosa cortada de un jardín ajeno…esa caricia…
Aprendan a decir: Estoy contigo… te comprendo…deja que te ayude… Quédate a mi lado… te necesito….te amo.
Cuando ella, cuando él , llegue no te maravilles. Mírala, míralo, ve lo que hay detrás de sus palabras , gestos, acciones y luego, convencido, convencida di : con todo, te amo, simplemente te amo.
Dedicado a hombres y mujeres de buena voluntad
Abril 24, 2008 en 7:58 am
Marcelo Arrabal
Andrea
lo justo es justo: bellisimo escrito. Está lleno de confianza y de esperanza en el futuro del matrimonio, hoy tan cuestionado como institución y como sacramento.
Marcelo
Abril 24, 2008 en 1:37 pm
Ricardo
Mercelo, es cierto. Y no tan solo cuestionado el matrimonio sino ademas en vias de desaparicion. Ocurre ya en sociedades “desarrolladas”. Aca donde yo vivo Marcelo el matrimonio quedo ya reducido a un simple contrato notarial, anulable facilmente bastando la voluntad de el o ella. Un penoso contrato lleno de clausas repartiendose de antemano los bienes dado el caso de anulacion del contrato. Lo mio es mio y lo tuyo es tuyo. Y ya no esta Cristo festejando esa union, que ademas, ya ni se festeja delante del altar, sino en la oficina de un notario. Es triste esto que te cuento Marcelo. Pero estamos llamados a la esperanza.
Saludo afectuoso Marcelo.
Abril 24, 2008 en 1:46 pm
andre
Marcelo
Este texto lo hice en el antiguo blog, en compensación a otro que había subido acerca de la mujer.
Más que pensar en el matrimonio, lo hice dando el valor real a la “persona”, al ser humano, un llamado a la no búsqueda sino a la espera paciente en Dios , nuestro Señor.
Toda búsqueda ansiosa nos lleva a error y a no respetarnos como seres humanos, como criaturas del Padre, los primeros en vulnerarnos somos nosotros al no querernos y reconocernos en Dios, tener clara conciencia de nuestro valor y humildemente agradecer por las virtudes, dones y talentos otorgados. Al no querernos nos dejamos pisotear, humillar, hacemos un sin fin de locuras permitiendo el maltrato, para “no perder”.
La dignidad humana, debe prevaleceren primer término en nosotros mismos para luego defenderla en los demás
Quien no me ame por lo que soy en esencia y no respete mi condición de persona, creación divina, no merece estar junto a mi, porque yo valgo, por ser hija del Padre, ese sólo hecho me da fortaleza y valor; me doy a respetar, pero antes lo hago en virtud del respeto hacia Dios. Esta sentencia a veces uno la comprende tardíamente, pero más vale que así sea antes que “no” sea. Mis palabras son válidas tanto para hombres como mujeres. Todos debemos ser respetados en virtud de ser hijos del Señor y no podemos ser obligados a vivir en la indignidad.
El llamado es en todo orden: social, político, laboral, matrimonial, relación padres/hijos, en fin
Saludos
Abril 24, 2008 en 2:39 pm
Ricardo
Andrea, una preocupacion y sin afan de polemizar ni contrariar tu texto que comparto, salvo en el punto: “Jamas permitas un grito, tuyo o de ella. El respeto se pierde con el primer grito.” Claro que el respeto se pierde con el primer grito. Pero yo puedo controlar mi grito mas no el de ella. Y en el jamas permitirlo, queda abierta una antepuerta a la violencia, por que el no permitirlo implica severidad y en esa situacion de menage, domestica como tu lo llamaste, la severidad bien podria derivar en violencia. Mas me parece Andrea que se requiere de antemano una voluntad a perdonar por que se ama. Perdonar en el o en ella, ese primer grito irrespetuoso y tambien los 7 x 70 venideros. Solo el perdon, cuando es verdadero, logra borrar del corazon el rencor. Seguramente ya escuchaste Andrea decir que se perdona pero no se olvida. Ya en la memoria anidado el dan’o de ese primer grito, que bien podria ser un gesto, una mueca, una actitud. A veces basta una simple mirada de el o de ella, y ya hay un corazon herido. Ahora bien, yo creo Andrea que si la pareja permanece sujeta a Dios, interactuara en un “…asi como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…” Reclama resignacion el amar verdaderamente, humildad, perdon. Y ese perdonar cuando es captado sincero por Dios, el nos cura la herida de ese primer grito que nos hirio, y si en la memoria queda, esa memoria perece confrontada al amor de Dios. Por supuesto Andrea que siendo ambos, el y ella sujetos a Dios, o sea la pareja, en este estado ideal para la pareja que trato de imaginarte. Y precisamente cuando eso pasa, cuando el o ella no se da a Dios, el divorcio se presenta inevitable.
Andrea, vuelvo al trabajo, te dejo aqui un saludo fraterno. Al igual que para todos los amigos del Refugio de Andrea…
Abril 24, 2008 en 3:03 pm
andre
Ricardo
He leido muy atentamente todos tus comentarios. Lo primero que pido es que mantengamos la objetividad , por favor, porque derivar en subjetivismos todo apuntaría a un cierto valor de resentimiento en las palabras ¿no te parece?
Aquella frase es mucho más simple: Si en una relacion , cualquiera sea ésta, se permite el primer grito inicial, ya sea de él o ella (objetividad) y peor aún se responde del mismo modo, todo acto posterior derivará en violencia ¿me equivoco? Si con el primer grito, en vez de “yo” gritar opto por el silencio inicial para calmar los ánimos y luego el diálogo, en virtud del respeto, ¿estoy conduciendo mi relación a la violencia o al entendimiento?
Aunque comprensible tu exposición me parece en extremo errada, porque lo que se persigue en toda relación es un estado de civilización, de relación humana adulta y bajo el alero del RESPETO.
Si yo permito que me griten una , dos , cien veces o más, soy yo misma quien no me estoy dando a respetar ¿o no?. Pero el texto está referido a dos seres que se “aman” donde el valor asignado al otro es excelso, hablamos de amor verdadero y no de seudo amor, en que es facil caer en lo que tú mencionas
Otro comentario tuyo que me llama poderosamente la atención es
“No nos apresuremos en juzgarle a “el” sin tambien juzgarla a “ella”.
“Y es que hay palabras que hieren profundamente, que golpean tan duro como los pun’os”
Desconcertante frases , sin duda que da para meditar en una derivación media personalista que no había visto en ti. Supongo que tratas de ser objetivo y has entrado en el plano de la generalidad y equidad, espero que así sea.
Ahora bien, Ricardo, un puño duele mil veces menos que las palabras, lo último se llama maltrato psicológico y lacera al alma misma, lo otro es el fisico, el golpe pasa, la herida en el alma es para siempre, puede cicatrizar mas está ahí, porque y te pregunto a ti, que eres católico “Donde yace Dios?” Está demás que diga algo más ….
Hablas de darse a Dios. El matrimonio es de dos, no de uno, el que “hasta que las muerte los separe” no indica precisamente “hasta que uno de los cónyuges termine con tu vida”. Creo muy ligeras ciertas palabras, en las parejas donde la violencia no sólo se ha permitido en su grado inicial sino que se permite el aumento ¿Es dable continuar en ella hasta que uno de los dos termine con la vida del otro? Eso es pensamiento católico? No por nada el mandato es amar al prójimo como a uno mismo. Dios nos exige dignificar su obra y no mermarla ¿Dios quiere que permitamos los malos tratos? Estamos hablando de un Dios masoquista o sádico? Abierta contradicción con Sus enseñanzas ¿verdad?
En resumen, Ricardo, el primer grito es sólo el punta pie inicial para la violencia posterior y en aumento sostenido
Como sea, te pido objetividad en el tratamiento.
No estoy a favor del maltrato ni del hombre hacia la mujer ni de la mujer hacia el hombre, ambos deleznables, es como la mentira, el engaño, las falsedades, los cinismos, en fin, todas materias no admitidas tanto para hombre como mujer. El fin no justifica los medios.
Saludos
Abril 24, 2008 en 3:10 pm
andre
Ah! Ricardo, la “Declaración de no matrimonio papal” existe, en primera y segunda instancia, en el tribunal de la Rotta, las causales están , y ellas existen en virtud justamente de la dignidad del ser humano y del Amor excelso del Padre a sus hijos. Conviene el estudio de derecho canónico al respecto
Saludos
PS: “Perdón y olvido”
De la experiencia se aprende, de los errores también, camino a la perfección humana. La conciencia es la guia que permite comprobar las equivocaciones personales, enmendar el rumbo y no caer nuevamente en el mismo error. Si no lo hacemos de nada nos sirve la experiencia dada y cada vez somos menos sabios. A la luz de la fe, estos errores se convierten en perlitas de conocimiento al ser superados.
Abril 24, 2008 en 3:39 pm
Ricardo
Por supuesto Andrea, viola tu integridad el dejarte gritar por tu pareja. No eres tu sino el otro que no esta sujeto a Dios y entonces es viable el divorcio. El matromonio es un sacramento, pero permanece bendito si ambos, la pareja, actuan de acuerdo a la voluntad de Dios y se abandonan a ella. Basta que el o ella opte por el camino ancho y el matrimonio perece, siendo en tal caso el divorcio no solo un resulltado logico, sino tambien un resultado justo en cuanto al digno de la pareja, sea el o ella. Es lo que he pretendido Andrea plantearte, no una puesta en causa del divorcio y por supuesto, no sujeto a caso particular alguno. Ni mio ni de otro, en la generalidad, solo un pusto de vista. En todo caso disculpa Andrea si te herido.
Abril 24, 2008 en 3:43 pm
Anonimo
((… ppsssstttt, Lucho… la leiste enoja? …
chis ! .. dime tambien que tu le prestaste el Manual de Severidad Leguleya pa’retarme poh…
))
Abril 24, 2008 en 6:40 pm
Marcelo Arrabal
Estimados
a mi modesto y quizas arcaico entender, caer en la violencia de cualquier tipo, contra una mujer es un acto de cobardía, aunque sea provocado.
El fuego prueba el hierro, y la tentación al hombre justo.
Tenés también la consolación de Dios, para que el hombre sea más fuerte para sufrir las adversidades.
Un abrazo en Cristo.
Marcelo
Abril 24, 2008 en 9:36 pm
luis robert
Ricardo:
“Jamás permitas un grito, tuyo o de ella. El respeto se pierde con el primer grito.” El respeto nace de la dignidad del ser humano. El permitir un grito, ofende en primer lugar a Dios y, en lo que sigue, sus criaturas, sea de quien provenga, varón o mujer. El texto presentado trata sobre la dignidad femenina, claro es, pero antes, en los fundamentos de la antropología cristiana está presente la dignidad de la persona humana, valor importantísimo, fundamental, irradiador de los demás. Esto presupone objetividad, “tuyo o de ella”.
Sobre estas premisas, no habría ninguna antepuerta a la violencia, como dices. Sí el hombre puede darse a respetar. Sí puede direccionar un conflicto hacia el diálogo; buscar en el amor libre, la razón, apuntando hacia Dios, de lo que parece fatigoso, mas es una oportunidad en el conocimiento mutuo, en el darse. Por consiguiente, pienso que la idea de no poder controlar un grito de ella me parece ilusoria, y no hay fundamento para pensar que porque lo controlas, eres severo, o vas a caer en violencia. Si yo conozco plenamente a mi amada, sé de sus virtudes y defectos, ¿cómo no voy a saber, con la ayuda de Dios, dirigir un conflicto hacia el diálogo, y al final, un reconocimimiento de quien corresponda, de los errores? De la humildad, se fortalece más aún el amor. De las vivencias en el dolor, se edifica el deber, se solidifica el compromiso que apunta a la eternidad.
Abril 24, 2008 en 10:17 pm
Ricardo
Si Luis, de acuerdo, pero creo que situado en una