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Hace poco leí una frase del beato Tomás de Kempis que ciertamente me horrorizó, pero era necesario leer, antes, el contexto.
Fue así como comencé a leer su gran obra “Imitación de Cristo” , reconciliándome con sus escritos.

“De la doctrina de la Verdad.
1. Feliz al que la Verdad le enseña directamente no por medio de imágenes o voces pasajeras sino tal como es.
Nuestras percepciones y opiniones fallan con frecuencia y nos orientan mal. ¿De qué aprovecha cavilar tanto sobre asuntos ocultos y oscuros de cuyo conocimiento nadie nos acusará en el día del Juicio?
¡Qué ignorancia tan grande desconocer lo que es útil y necesario prestando atención a curiosidades y daños. Realmente, teniendo ojos, no vemos.!
¿Qué nos importan los análisis y las síntesis? Cuando nos habla la Palabra Eterna quedamos liberados de las opiniones cambiantes.
Todo proviene de la única Palabra, todo lo creado se refiere sin cesar a Ella y es el principio, que nos habla.
Si falta, ninguno entiende nada o puede discernir justamente. Para quien todas las cosas son Uno, y son atraídas hacia el Único y a todos las ve en el Único, los sentimientos se le estabilizan y permanece con Dios en paz.
Dios verdadero haz que me una contigo en perpetuo amor; con frecuencia siento hastío al leer o escuchar variedad de cosas; en Ti encuentro todo lo que quiero y deseo.
Callen todos los sabios, aquiétese la creación entera, en tu presencia háblame Tú solamente.

2. Mientras mejor esté alguien unificado y sea simple interiormente más abundantes y sublimes conocimientos obtendrá sin esfuerzo porque su inteligencia será iluminada desde arriba.
El espíritu puro, simple y constante no se distrae en la variedad de experiencias e informaciones porque dirige toda su actuación a la alabanza de Dios esforzándose por permanecer siempre dispuesto y libre de averiguaciones individualistas.
¿Qué te dificulta y fastidia más que los incontrolados deseos de tu corazón?
El hombre bueno y siempre dispuesto para seguir la voluntad de Dios, prepara dentro de sí las actividades que luego debe realizar externamente, de tal manera que no lo lleven hacia el deseo de las inclinaciones viciosas y siempre se orientará según el juicio recto de su corazón.
¿Quién tiene mayor combate que el que se esfuerza por vencer sus malas inclinaciones?
Ésta debe ser nuestra principal empresa: vencer efectivamente lo que se encuentre de malo en uno, hacerse día a día más fuerte y aprovechar en ser mejor.

3. En esta vida, toda perfección lleva consigo ciertas imperfecciones y todo nuestra especulación no carece de alguna oscuridad. El humilde conocimiento de sí mismo es más cierto camino hacia Dios que la profunda investigación científica.
No se trata de echarle la culpa a la ciencia o a cualquier información correcta sobre las cosas que en sí consideradas son buenas y ordenadas a Dios, pero siempre debe preferirse la conciencia tranquila y la vida virtuosa.
Muchos están más preocupados del saber que de vivir cristianamente, por eso se desvían con frecuencia y casi nada o muy poco fructifican.

4. Si se pusiera tanto empeño en extirpar los vicios y sembrar virtudes como el que se emplea en promover discusiones habría menos delitos y escándalos entre el pueblo y menos superficialidad en las comunidades. Ciertamente, cuando llegue el día del juicio no nos preguntarán qué leímos sino qué hicimos ni si hablamos bien sino qué honestamente hemos vivido.
Dime ¿dónde están ahora todos esos señores y maestros a quienes conociste bien cuando vivían y se destacaban en los estudios?
Actualmente otros ocupan su lugar y nadie se acuerda de ellos. Mientras vivían tenían prestigio; ahora nadie habla de ellos.

5. ¡Qué pronto pasan las glorias del mundo! Ojalá la vida que llevaron haya concordado con sus ciencias, entonces sí habrían estudiado y aprendido provechosamente.
¡Cuántos se consumen por la intranscendente ciencia de este mundo y qué pocos se interesan por mirar a Dios! Y porque muchos eligen ser más poderosos que humildes, están vacíos por dentro como sus propios pensamientos.
De verdad es grande quien tiene grande amor. De verdad es grande quien reconoce sus limitaciones y tiene en nada los honores.
De verdad es consciente quien considera cualquier cosa como pérdida con tal de ganar a Cristo.
Y de verdad es un sabio quien sigue fielmente la voluntad de Dios y somete su propia voluntad.

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Si sufres, no te extrañes, es que Dios te está preparando como instrumento suyo, para que cumplas Su Santa Voluntad.

Dios permite el dolor de sus hijos, para afianzarlos en Su seguimiento.
No te quejes ante el dolor, ten ánimo, sé fuerte como lo fue la Mujer ante la Cruz.
El costo de lo mejor es alto
Si tú sufres, teniendo el respaldo de la oración y puedes desahogarte con Dios y con Su Madre, ¿Cómo sufrirán quienes no tienen con quien desahogarse?
Tu dolor, Dios se ha encargado de llevarlo y no se lo vayas a quitar.
Tu dolor, cada vez te duele menos, cuando te llenas del amor de Dios.
Donde los que no tienen fe ven tragedia; los que tienen fe sacan motivos para dar gracias a Dios.
La dificultad del dolor radica en no querer soportarlo, en la ceguera de no ver la Voluntad de Dios en todo lo que pasa.
Cuando sientas dolor, no digas ¡ay! ; sino ¡Jesús!
El dolor aceptado con amor, mantiene fuera a Satanás.
El dolor bien llevado, incrementa la fe, alienta la esperanza, dilata el amor.
El dolor agranda el corazón para que pueda recibir el amor de Dios.
El dolor agudiza el oído del corazón para escuchar a Dios.
El dolor busca el silencio para escuchar la Voz de Dios.
El dolor es la Voz de Dios que llama al hombre para que acuda a Él.
Cuando tu corazón llore, no añores consuelos humanos; refúgiate en los divinos.
El amor de Dios, Su Gracia, es la única fuente de alegría verdadera.
¡Pobres los hombres, que por pensar solo en sí mismos adquieren la triste enfermedad del egoísmo!. Si quieres salir de la tristeza, piensa en Dios, olvídate de ti y ocúpate en servir a los demás. ¡No hay otra fórmula!

El dolor es curativo divino

Es sobrecogedor encontrar en los medios, en la calle y en la vida cotidiana situaciones de abuso y violencia sistemática contra las mujeres sin importar edad, grupo social, condición ni estado civil.
Probablemente la mayoría conocemos estos antecedentes y lo triste es que no hacemos nada para poner un alto definitivo a esta situación.

En países del Lejano Oriente, los bebés son evaluados mediante ecografías y si se comprueba que son niñitas son abortadas masivamente por ser improductivas en la economía.
En los países más fundamentalistas del Islam, las mujeres no tienen derechos ni a la salud adecuada, ni a la educación, ni a escoger su pareja. Ni siquiera a ser felices en el matrimonio porque, a corta edad, les practican una mutilación genital para que no puedan gozar de la intimidad.

En la mayoría de los países de América Latina las mujeres a igual trabajo no reciben igual salario.
Se producen por año miles de violaciones y no se hace justicia, más aún si no hay denuncia debido a las humillaciones por las que las víctimas pasan para probar el delito en cuestión.
Un altísimo porcentaje de las demandas por acoso sexual, son presentadas por mujeres. Probar es tan complejo que quedan sin ser resueltas, “archivadas”.
Miles de jóvenes son secuestradas o engañadas anualmente para transformarse en materia prima del tercer negocio ilegal más rentable del planeta: la esclavitud sexual y la prostitución. (tratas de blanca)
Millones de madres de familia son contagiadas por sus maridos de sida, porque nunca son prevenidas por ellos de la promiscuidad en la que viven.
A pesar de haber demostrado con creces su nivel intelectual equivalente al hombre todavía hay retrógrados (incluso en prestigiosas universidades) que las creen menos inteligentes.

En la actualidad el machismo es una conducta primitiva muy popular que hace que millones de mujeres sean golpeadas, humilladas y hasta vejadas por sus parejas.
Miles de mujeres mueren en el mundo todos los años víctimas de sus parejas.
Detengamos la mirada en el punto principal: la dignidad. A muchas mujeres victima de éstos y otros atropellos no sólo les han quitado la dignidad, sino, incluso, las ganas de vivir .
Que lejanos estamos del Mensaje Final del Concilio Vaticano II donde auguraba:
“Ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga.”
No podemos caer en el facilismo de creer que todo está perdido, ello va contra nuestra fe.
¿Hasta cuando tiene que ser crucificado Cristo en sus hermanas, para que los varones entendamos que la relación con las mujeres se debe basar en el respeto y a la justicia?

No creo que las grandes políticas de Estado, que las cartas de los grandes organismos internacionales, ni siquiera los documentos y las encíclicas tan perfectas y llenas de caridad puedan hacer mucho por cambiar esta situación que denigra al genero humano completo. Soy bastante más simple y pragmático.
Propongo un breve decálogo para empezar a cambiar este flagelo:

1.La dignidad es inherente a toda mujer por ser hija de Dios.
2.Recuerda siempre que naciste de mujer.
3.Las mujeres son las predilectas de Dios, porque colaboran con El diariamente en el misterio de la vida.
4.La inteligencia es un don compartido entre las mujeres y los hombres.
5.Tratar como objetos a las mujeres sólo habla de tu poca dignidad y capacidad de amar.

6.Cuando hables con cualquier mujer trátala con el respeto que merece tu madre, tu hermana, tu hija o tu mujer.
7.Sácate de la cabeza el machismo, el cual sólo reduce tu mirada de las relaciones humanas y te hace un ser muy limitado y prejuicioso.
8.Recuerda estas palabras: respeto, cariño, dulzura, ternura y amor. Son las más valoradas por ellas.
9.No discrimines nunca por género, no es justo a los ojos de Dios, que creó al hombre: varón y mujer.
10.Rechaza activamente la prostitución, la pornografía, el hedonismo y toda práctica que atente contra la dignidad de la mujer.

Si estas pequeñas cosas que acabo de proponer son realizadas todos los días por muchas personas, se puede educar en el amor y el respeto que merecen las mujeres y comenzar una nueva etapa en la humanidad, donde todos, sin importar el género, puedan ser felices.
Finalmente, demos gracias por todas las mujeres y por cada una: por las madres, las hermanas, las esposas; por las mujeres consagradas a Dios ; por las mujeres dedicadas a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otra persona; por las mujeres que velan por el ser humano en la familia, la cual es signo fundamental de la comunidad humana; por las mujeres que trabajan , mujeres cargadas a veces con una gran responsabilidad social; por las mujeres «perfectas» y por las mujeres «débiles».
Por todas ellas, tal como salieron del corazón de Dios en toda la belleza y riqueza de su feminidad, tal como han sido abrazadas por su amor eterno; tal como, junto con los hombres, peregrinan en esta tierra que es «la patria» de la familia humana, que a veces se transforma en «un valle de lágrimas». Tal como asumen, juntamente con el hombre, la responsabilidad común por el destino de la humanidad, en las necesidades de cada día y según aquel destino definitivo que los seres humanos tienen en Dios mismo, en el seno de la Trinidad inefable.

De la amistad o amor fraterno
En estos tiempos donde casi todo, se puede comprar , es necesario volver a valorar la importancia de los amigos en el desarrollo espiritual de los seres humanos. Desde la más tierna infancia vamos conociendo personas que van marcando nuestra vida con su pensamiento, con su lealtad y con su entrega por nosotros. Pocos tienen el privilegio de tener amigos de toda la vida. Las actuales condiciones en la sociedad hacen que vayamos perdiendo contacto con aquellas personas que han marcado nuestra vida y nuestra forma de ser.
Quizás abría que meditar el motivo por el cual perdimos o dejamos durmiendo esa amistad, que tanto bien nos hacia en tiempos pasados. No es un tema menor en el desarrollo del hombre, sin importar la edad que tenga, es tan importante tener amigos verdaderos que en muchos casos son más íntimos y confiables que hasta los propios hermanos. De ahí el dicho que los amigos se eligen y la familia no.
No olvidemos que el mismo Jesús decía: “No hay mayor amor que dar la vida por sus amigos”.
Del amor filial
Los que tenemos la dicha de ser padres, sabemos que no existe una bendición más grande que las personitas que Dios nos ha encomendado. Es común ver hoy como muchos padres ven crecer a sus hijos en forma horizontal. Efectivamente, se van antes de que los chicos se levanten y vuelven cuando están durmiendo.
Paulatinamente se va perdiendo el rol de padre y se va reemplazando por el rol de proveedor. Grave error es apuntar nuestros esfuerzos a que nuestros hijos tengan todo lo que merezcan para que sean felices, cuando en realidad el secreto de la felicidad es que sean lo mejor que puedan ser en sus vidas.
Esta dicotomía existente entre querer que sean felices y concentrar los esfuerzos en el tener, genera grandes frustraciones en los chicos y los transforma en pequeños tiranos, que exigen a sus padres cosas, que rápidamente quedan desechadas una vez que el capricho de tenerlas queda cumplido. Ponen de esa manera sus esperanzas de felicidad en las posesiones y no en lo esencial: la constante mejora de ellos mismos.
No hay arrepentimiento que valga cuando por no hacer lo correcto (que generalmente es enemigo de lo fácil) tu hijo cae en vicios de todo tipo (droga, alcohol, promiscuidad, tabaquismo). Si lo amas verdaderamente es necesario que puedas poner límites a tiempo.
No te vayas a confundir; tu no eres amigo de tus hijos, el rol que Dios te ha encomendado es mucho más importante: ser padre o madre.
Por amor debes educar, guiar, proteger, cuidar y preparar como personas de bien a tus hijos. Aunque implique que tengas que poner límites y reglas que a veces te duelan el alma. No olvidemos el modelo paternal de Dios, nunca nos da lo que queremos, sólo aquello que nos hace bien. Ese debe ser nuestro mayor anhelo, darle a nuestros hijitos los que les hace bien a su alma, a su cuerpo, a todo su ser. Sin importar que tan difícil nos sea. Es nuestra misión y vale la pena.
Del amor erótico
“Se unirá el hombre a su mujer y serán una sola carne”, dice el Génesis. Es fundamental entender el sentido que tiene en hebreo antiguo la palabra carne, según los expertos. Carne se refiere a todo el ser humano, cuerpo y alma. De esta forma se evita una antropología dicotómica en la que fácilmente se toman los términos cuerpo y alma como opuestos y excluyentes.
Cuando el escritor sagrado habla de una sola carne, nos quiere hacer notar que sus cuerpos, sus mentes, sus voluntades, sus sacrificios, sus almas, sus historias, sus mismas existencias, deben estar compenetradas del ser amado. Es necesario hacer notar que esa unión perfecta tiene que darse con dos condicionantes indispensables: sin que ninguno pierda la identidad y haciendo a Dios parte de ese matrimonio, como fuente única e irremplazable del Amor.
¿ Esto es lo que entiende el mundo actual por amor de pareja? Muy pocos quizás lo vean así, la mayoría lo minimiza a un contrato donde por un tiempo determinado van a compartir algunas de sus cosas y eventualmente se procuraran un poco de compañía y placer. Nada más contrario al plan de Dios para este sacramento.
¿Es factible provocar cambios en los matrimonios que están en formación actualmente? Afortunadamente si, Dios siempre nos da inteligencia y voluntad para solucionar cualquier dificultad.
Para salvarlo debemos evitar: la desconfianza, los celos, el arrebato de la personalidad a la pareja, la violencia de todo tipo (verbal, física y psicológica), el abuso, la infidelidad, la ironía, el hedonismo y el placer.
Dios debe ser parte de un matrimonio que quiera perdurar en el tiempo.
Dios nos quiere felices, pero para eso el hombre debe procurar la felicidad de su mujer (no la propia bajo ninguna justificación) y viceversa.
La caridad…. sin dar hasta que duela, es imposible formar una familia sólida y permanente.
Del amor ágape
Este amor esta reservado a Dios y a los hombres y mujeres que deciden estar cerca de El. Es el amor más trascendente, no pretende nada para si mismo. Se entrega en su totalidad y es en definitiva un don de Dios.
Es cierto que la voluntad, la razón, la fe y las certezas, pueden encaminarnos hacia el amor ágape, pero la confirmación del mismo, en el momento de la donación absoluta, cuando se produce la entrega incondicional del ser, es un don de Dios. Porque El tácitamente acompaña en ese momento al ser que es capaz de darse todo. Es Dios el único que , en silencio y con gran amor acompaña , al que se ofrenda, puede durar un instante u horas (como le sucede a los mártires), días y hasta años (como los miles de misioneros que tiene la Iglesia en misión Ad Gentes), lo único común a ese momento de ágape es la vida entregada totalmente del hijo y el amor incondicional del Padre.
¿ Podemos los seres humanos comunes aspirar a este tipo de amor?
No solo podemos, debemos. Es un imperativo dejado por nuestro Señor y Maestro: sean santos como mi Padre es santo.
- En nuestra vida cotidiana debemos orar y tratar de vivir con coherencia. Entregarnos al Padre y ofrecernos como ofrenda agradable a El, pidiéndole la gracia de poder compartir su muerte salvadora para , de esa manera, poder compartir también su resurrección.


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“Soy”…”Y el amor puede ser profundizado y custodiado solamente por el amor, aquel amor que es “derramado” en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5, 5).
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“Los peligros que incumben sobre el amor constituyen también una amenaza a la civilización del amor, porque favorecen lo que es capaz de contrastarlo eficazmente.
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Piénsese ante todo en el egoísmo, no sólo a nivel individual, sino también de la pareja o, en un ámbito aún más vasto, en el egoísmo social, por ejemplo, de clase o de nación (nacionalismo). El egoísmo, en cualquiera de sus formas, se opone directa y radicalmente a la civilización del amor. ¿Acaso se quiere decir que ha de definirse el amor simplemente como “antiegoísmo”? Sería una definición demasiado pobre y, en definitiva, sólo negativa, aunque es verdad que para realizar el amor y la civilización del amor deben superarse varias formas de egoísmo.
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Es más justo hablar de “altruismo”, que es la antítesis del egoísmo. Pero aún más rico y completo es el concepto de amor, ilustrado por san Pablo. El himno a la caridad de la primera carta a los Corintios es como la carta magna de la civilización del amor.
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En él no se trata tanto de manifestaciones individuales (sea del egoísmo, sea del altruismo), cuanto de la aceptación radical del concepto de hombre como persona que “se encuentra plenamente” mediante la entrega sincera de sí mismo. Una entrega es, obviamente, “para los demás”: ésta es la dimensión más importante de la civilización del amor.
Entramos así en el núcleo mismo de la verdad evangélica sobre la libertad. La persona se realiza mediante el ejercicio de la libertad en la verdad. La libertad no puede ser entendida como facultad de hacer cualquier cosa. Libertad significa entrega de uno mismo, es más, disciplina interior de la entrega. En el concepto de entrega no está inscrita solamente la libre iniciativa del sujeto, sino también la dimensión del deber. Todo esto se realiza en la “comunión de las personas”. Nos situamos así en el corazón mismo de cada familia.
Nos encontramos también sobre las huellas de la antítesis entre individualismo y personalismo. El amor, la civilización del amor, se relaciona con el personalismo. ¿Por qué precisamente con el personalismo? ¿Por qué el individualismo amenaza la civilización del amor? La clave de la respuesta está en la expresión conciliar: “una entrega sincera”. El individualismo supone un uso de la libertad por el cual el sujeto hace lo que quiere, “estableciendo” él mismo “la verdad” de lo que le gusta o le resulta útil. No admite que otro “quiera” o exija algo de él en nombre de una verdad objetiva. No quiere “dar” a otro basándose en la verdad; no quiere convertirse en una “entrega sincera”. El individualismo es, por tanto, egocéntrico y egoísta. La antítesis con el personalismo nace no solamente en el terreno de la teoría, sino aún más en el del “ethos”. El “ethos” del personalismo es altruista: mueve a la persona a entregarse a los demás y a encontrar gozo en ello. Es el gozo del que habla Cristo (cf. Jn 15, 11; 16, 20. 22).
Como es sabido, en la base del utilitarismo ético está la búsqueda constante del “máximo” de felicidad: una “felicidad utilitarista”, entendida sólo como placer, como satisfacción inmediata del individuo, por encima o en contra de las exigencias objetivas del verdadero bien.
El proyecto del utilitarismo, basado en una libertad orientada con sentido individualista, o sea, una libertad sin responsabilidad, constituye la antítesis del amor, incluso como expresión de la civilización humana considerada en su conjunto. Cuando este concepto de libertad encuentra eco en la sociedad, aliándose fácilmente con las más diversas formas de debilidad humana, se manifiesta muy pronto como una sistemática y permanente amenaza para la familia.
El amor de los esposos y de los padres tiene la capacidad de curar semejantes heridas, si las mencionadas insidias no le privan de su fuerza de regeneración, tan benéfica y saludable para la comunidad humana. Esta capacidad depende de la gracia divina del perdón y de la reconciliación, que asegura la energía espiritual para empezar siempre de nuevo.”
Carta a las familias
Papa Juan Pablo II. Febrero 1994

Apoyo: “Se casan creyendo que….” P. Gustavo Ferraris, sdb)

El pasado no volverá. Lo que no fue ayer nunca será mañana.
Y un nuevo amanecer asoma, expectativas nuevas, sol naciente.
Mas la oscuridad de la lejana noche del pasado sucumbirá en los recuerdos del futuro que no retrocede en su tiempo
Tren raudo desde el ayer, recorrido en las sombras; en la Luz conduce al mañana, pero pide detención, cautela.
Los pasajeros anhelan algo mejor, nuevos horizontes se ciernen sobre ellos, cubiertos de esperanzas renovadas en el presente.
Brillo en la mirada puesta en el futuro, opacidad anulada del ayer.
Tarde bajo lluvia incandescente, de luminosidad en París compartida.
Arco iris al final del camino. Preciso y exacto punto al infinito.
Al término, Él
Este es el recorrido de mi vida.
“Soy como soy
Porque así me has creado,
Soy cuanto soy
porque es tu voluntad,
Yo nada soy
si no estás en mi barro
Y si algo soy
Lo debo a tu bondad

Aunque así soy
Deseo ser tu esclavo,
pecador soy
y obtengo tu piedad,
Tal como soy
Me admites como hermano
y si en Ti soy
Me darás tu heredad

Contigo soy
Una hoja de tu árbol,
Humilde soy
Digno de majestad,
Yo se que soy hechura de tu mano
y por Ti soy
un ser en libertad

Con tu bien soy
Valiente, sobrehumano,
Con tu luz soy
Faro en la oscuridad
En tu paz soy
Feliz y sosegado
Y por fe soy
Divina inmensidad
Por ser quien soy
Te has hecho Dios humano,

Por tu amor soy
Dueño de tu verdad,
Así cual soy
Me llamas a tu lado
Y lo que soy
Será en Ti eternidad. ”
Emma Margarita R.V-Valdés.

Hoy se cumplen 3 años desde que mi amado Papa Juan Pablo II retornó al Padre.
Dejo aquí dos aspectos fundamentales visiblemente reconocibles en su figura: La valentía misionera y el camino de santidad.
Dedicado al Santo Padre.

“Allí donde está la alegría que brota del bien, allí está el amor. Y sólo donde hay amor existe la alegría que procede del bien. El libro del Génesis, desde los primeros capítulos, nos revela a Dios, que es amor (si bien esta expresión la utilizará San Juan mucho más tarde). Es amor porque goza con el bien. Por consiguiente, la creación es a la vez donación auténtica: donde hay amor, hay don.”
Catequesis “Porque viene el Señor” Papa Juan Pablo II
http://es.youtube.com/watch?v=h2flNunR4pw
“El hecho de que los hombres y mujeres, en muchas partes del mundo, sientan como propias las injusticias y las violaciones de los derechos humanos cometidas en países lejanos, que posiblemente nunca visitarán, es un signo más de que esta realidad es transformada en conciencia, que adquiere así una connotación moral.”
Encíclica Sollicitudo Prei Socialis. Papa Juan Pablo II

“La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad. Cada misionero, lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad: ” La santidad es un presupuesto fundamental y una condición insustituible para realizar la misión salvífica de la Iglesia “.
La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión. Todo fiel está llamado a la santidad y a la misión. Esta ha sido la ferviente voluntad del Concilio al desear, ” con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia, iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura “.
La espiritualidad misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad.”
Carta Encíclica Redemptoris Missio. Papa Juan Pablo II
http://es.youtube.com/watch?v=mGmb-Cdn-rQ
” Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo ” (Lv 19, 2).. . Se trata de uno de los puntos centrales de la Constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II La santidad es la meta del camino de conversión, pues ésta ” no es fin en sí misma, sino proceso hacia Dios, que es santo.
Ser santos es imitar a Dios y glorificar su nombre en las obras que realizamos en nuestra vida (cf. Mt 5, 16) “ En el camino de la santidad Jesucristo es el punto de referencia y el modelo a imitar: Él es ” el Santo de Dios y fue reconocido como tal (cf. Mc 1, 24).
Él mismo nos enseña que el corazón de la santidad es el amor, que conduce incluso a dar la vida por los otros (cf. Jn 15, 13). Por ello, imitar la santidad de Dios, tal y como se ha manifestado en Jesucristo, su Hijo, no es otra cosa que prolongar su amor en la historia, especialmente con respecto a los pobres, enfermos e indigentes (cf. Lc 10, 25ss) “
Jesús, el único camino para la santidad ” Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida ” (Jn 14, 6). Con estas palabras Jesús se presenta como el único camino que conduce a la santidad. Pero el conocimiento concreto de este itinerario se obtiene principalmente mediante la Palabra de Dios que la Iglesia anuncia con su predicación. Por ello, la Iglesia en América ” debe conceder una gran prioridad a la reflexión orante sobre la Sagrada Escritura, realizada por todos los fieles ” Esta lectura de la Biblia, acompañada de la oración, se conoce en la tradición de la Iglesia con el nombre de Lectio divina, práctica que se ha de fomentar entre todos los cristianosLa conversión (metanoia), a la que cada ser humano está llamado, lleva a aceptar y hacer propia la nueva mentalidad propuesta por el Evangelio.
Esto supone el abandono de la forma de pensar y actuar del mundo, que tantas veces condiciona fuertemente la existencia.
Como recuerda la Sagrada Escritura, es necesario que muera el hombre viejo y nazca el hombre nuevo, es decir, que todo el ser humano se renueve ” hasta alcanzar un conocimiento perfecto según la imagen de su creador ” (Col 3, 10).
En ese camino de conversión y búsqueda de la santidad ” deben fomentarse los medios ascéticos que existieron siempre en la práctica de la Iglesia, y que alcanzan la cima en el sacramento del perdón, recibido y celebrado con las debidas disposiciones “. Sólo quien se reconcilia con Dios es protagonista de una auténtica reconciliación con y entre los hermanos”.
Exhortación apostólica postsinodal, Ecclesia in América Papa Juan Pablo II
http://es.youtube.com/watch?v=VP14K3fmJw0&feature=related

“La esperanza cristiana nos sostiene en nuestro compromiso a fondo para la nueva evangelización y para la misión universal, y nos lleva a pedir como Jesús nos ha enseñado: ” Venga tu reino, hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo ” (Mt 6, 10).
No podemos permanecer tranquilos si pensamos en los millones de hermanos y hermanas nuestros, redimidos también por la sangre de Cristo, que viven sin conocer el amor de Dios. Para el creyente, en singular, lo mismo que para toda la Iglesia, la causa misionera debe ser la primera, porque concierne al destino eterno de los hombres y responde al designio misterioso y misericordioso de DiosLa actividad misionera exige una espiritualidad específica, que concierne particularmente a quienes Dios ha llamado a ser misioneros.
Dejarse guiar por el Espíritu Esta espiritualidad se expresa, ante todo , viviendo con plena docilidad al Espíritu; ella compromete a dejarse plasmar interiormente por él, para hacerse cada vez más semejantes a Cristo.También la misión sigue siendo difícil y compleja como en el pasado y exige igualmente la valentía y la luz del Espíritu. Vivimos frecuentemente el drama de la primera comunidad cristiana, que veía cómo fuerzas incrédulas y hostiles se aliaban ” contra el Señor y contra su Ungido ” (Act 4, 26).
Como entonces, hoy conviene orar para que Dios nos conceda la libertad de proclamar el Evangelio; conviene escrutar las vías misteriosas del Espíritu y dejarse guiar por él hasta la verdad completa (cf. Jn 16, 13) .”
Carta Encíclica Redemptoris Missio. Papa Juan Pablo II


Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia el mas fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
Aúnque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño
Cambia todo cambia…

Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente
Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana
Pero no cambia mi amor…
(Mercedes Sosa)
http://es.youtube.com/watch?v=bkan9AmOWwQ










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