¿Es posible evitar el  divorcio? 

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Con esta pregunta quiero manifestar mi  visión al respecto, luego de mucho tiempo tratando de comprender el aumento de este fenómeno, no de un modo ligero, yendo al fondo o quizás al origen del mismo.

Mucho se sostiene que hoy en día, tiempos de relativismos, incluso respecto del amor (luego veremos que no es relativismo sino ignorancia) el matrimonio es un contrato solemne “descartable”, de papel y si no resulta es fácil deshacer lo hecho.

Creo que esta mirada es muy simplista. Lo primero a tener en cuenta son tres preguntas fundamentales: ¿Por qué me caso? Luego vendrá el ¿Para qué me caso? Y finalmente la pregunta que muchos realizan al principio (primer error) ¿Me caso?

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Y es que el fracaso del matrimonio no proviene del camino recorrido, tiene su origen en la “decisión” de casarse. Si, porque ante tamaña empresa, se suele confundir el estar “enamorado” con el “amar”, como bien lo explica el P. Gustavo Ferraris en su libro “Se casan creyendo que….”, ello en concordancia con el libro “Vive la sacramentalidad de tu matrimonio” , de Alfonso Milagro y un magnífico guía, cual es “Guíanos según tus sabios planes”(P. José Kentenich)

Para no extenderme mucho diré que la gran mayoría cree que estos dos términos son sinónimos, primera caida en esta tremenda estructura. El enamorarse,  contempla un elemento absolutamente externo, una atracción , como imán hacia “otro”, que se “siente” , no requiere de esfuerzo alguno, es una magia que se da gratuitamente. El enamoramiento llega solo, es “pasivo”.

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El amor, en cambio,  es opuesto, es “activo” , depende principalmente de la voluntad, de mi capacidad de “decisión”. “ Jugarme por esa persona…yo decido comprometerme….yo decido buscar el bien de ella/él, pongo todo de mi parte para lograr “su” felicidad, me esfuerzo por hacerla(o) más feliz.

El amor , por ser una decisión que se pone al servicio de la felicidad de la otra persona, requiere de esfuerzo…luchar, comprometerse” (1)

Desde esta perspectiva, es frecuente escuchar al preguntar “¿Por qué te quieres casar?” la respuesta “Porque me hace feliz” “porque es perfecto(a) para mi” “porque me ama”, en fin. Pero ¿no debería ser ,la respuesta, un compromiso de amor? No debería ser, en cambio, un “Porque sé que lo puedo hacer feliz””porque quiero construir con él /ella un futuro conjunto, crecer juntos” “Porque él / ella es importante para mi y deseo su bien, su felicidad, sé que lo puedo lograr”?

Luego vendrá el “Para qué” ¿para no estar solo? ¿sólo porque Dios creó a hombre y mujer para que no estuvieran solos? ¿para que “me” amen y “me” cuiden y se preocupen por “mi”?

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El matrimonio fluye desde la razón de una construcción armónica, desde la mirada “Si tú creces yo crezco” sin anularse uno ni otro, sin esa autocomplacencia en que muchas veces se cae. Al contrario, ese sentido de ver todo lo bueno en el otro, el potenciar aquellas virtudes que sabemos el ser amado tiene, es, a su vez, el mejor regalo que podemos recibir porque es una retroalimentación.

“ Estamos hablando de dos personas, hombre/mujer que, estando enamorados deciden unirse para  amarse de verdad y para siempre”.(3)

 El amor, esa decisión que proviene de la voluntad, supone, si,  el enamoramiento, de esa “química”, gustarse recíprocamente, sentir que están hechos el uno para el otro. Pero el matrimonio no se puede basar sólo en este atractivo, muy potente al principio, como dice el P. Ferraris  “El aire también es indispensable para vivir pero no suficiente ¡ nadie puede vivir de puro aire!”(3)

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En resumen, el enamoramiento es fundamental para una relación, pero puede desaparecer porque no depende de uno, uno no controla esa parte, ese imán. En cambio, el amor depende de nuestra voluntad de decidir jugármela por el otro y desde este punto el amor se cultiva, se cuida, es creación y así este enamoramiento puede crecer, no sólo en cuanto físico (sabemos que el cuerpo con los años se deteriora) , sino aquel enamoramiento más profundo, valorar a la persona completa, admirarla, cultivar sus virtudes, dones y talentos, estimularla a ser cada día mejor, porque “cada uno da lo mejor de si”…así podemos llegar a la unión perfecta de enamoramiento-amor.

El amor es , sobre todo, una “decisión”, decido regalarme al otro y acogerlo como es, porque  amo y quiero amar más, quiero ser feliz al hacer feliz al otro”(4)

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Si tuviéramos claro tan sólo este punto tratado antes de contestar a la pregunta “¿Me caso?” no dudo que tantos divorcios no existirían, como también es cierto que la cantidad de parejas que dan el “si” también disminuirían. Vale la pena dar el “no” si no se tiene certeza de la trascendencia del matrimonio.

Este texto es sólo un primer esbozo a mi pregunta inicial. El amor existe siempre, son los sentimientos (en sus tres grados) los que se deben anular para lograr que se haga la voluntad del Padre en nosotros y nos guíe por el camino del matrimonio como sacramento y camino de santidad. 

Este tema (anulación y grados de los sentimientos) quedará para otra oportunidad. 

Apoyo: “Se casan creyendo que….” P. Gustavo Ferraris. Ed.  Don Bosco

             ”Guíanos según  tus sabios planes” P. José Kentenich. Ed . Schoenstatt.

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