¿Es posible evitar el divorcio?

Con esta pregunta quiero manifestar mi visión al respecto, luego de mucho tiempo tratando de comprender el aumento de este fenómeno, no de un modo ligero, yendo al fondo o quizás al origen del mismo.
Mucho se sostiene que hoy en día, tiempos de relativismos, incluso respecto del amor (luego veremos que no es relativismo sino ignorancia) el matrimonio es un contrato solemne “descartable”, de papel y si no resulta es fácil deshacer lo hecho.
Creo que esta mirada es muy simplista. Lo primero a tener en cuenta son tres preguntas fundamentales: ¿Por qué me caso? Luego vendrá el ¿Para qué me caso? Y finalmente la pregunta que muchos realizan al principio (primer error) ¿Me caso?

Y es que el fracaso del matrimonio no proviene del camino recorrido, tiene su origen en la “decisión” de casarse. Si, porque ante tamaña empresa, se suele confundir el estar “enamorado” con el “amar”, como bien lo explica el P. Gustavo Ferraris en su libro “Se casan creyendo que….”, ello en concordancia con el libro “Vive la sacramentalidad de tu matrimonio” , de Alfonso Milagro y un magnífico guía, cual es “Guíanos según tus sabios planes”(P. José Kentenich)
Para no extenderme mucho diré que la gran mayoría cree que estos dos términos son sinónimos, primera caida en esta tremenda estructura. El enamorarse, contempla un elemento absolutamente externo, una atracción , como imán hacia “otro”, que se “siente” , no requiere de esfuerzo alguno, es una magia que se da gratuitamente. El enamoramiento llega solo, es “pasivo”.

El amor, en cambio, es opuesto, es “activo” , depende principalmente de la voluntad, de mi capacidad de “decisión”. “ Jugarme por esa persona…yo decido comprometerme….yo decido buscar el bien de ella/él, pongo todo de mi parte para lograr “su” felicidad, me esfuerzo por hacerla(o) más feliz.
El amor , por ser una decisión que se pone al servicio de la felicidad de la otra persona, requiere de esfuerzo…luchar, comprometerse” (1)
Desde esta perspectiva, es frecuente escuchar al preguntar “¿Por qué te quieres casar?” la respuesta “Porque me hace feliz” “porque es perfecto(a) para mi” “porque me ama”, en fin. Pero ¿no debería ser ,la respuesta, un compromiso de amor? No debería ser, en cambio, un “Porque sé que lo puedo hacer feliz””porque quiero construir con él /ella un futuro conjunto, crecer juntos” “Porque él / ella es importante para mi y deseo su bien, su felicidad, sé que lo puedo lograr”?
Luego vendrá el “Para qué” ¿para no estar solo? ¿sólo porque Dios creó a hombre y mujer para que no estuvieran solos? ¿para que “me” amen y “me” cuiden y se preocupen por “mi”?

El matrimonio fluye desde la razón de una construcción armónica, desde la mirada “Si tú creces yo crezco” sin anularse uno ni otro, sin esa autocomplacencia en que muchas veces se cae. Al contrario, ese sentido de ver todo lo bueno en el otro, el potenciar aquellas virtudes que sabemos el ser amado tiene, es, a su vez, el mejor regalo que podemos recibir porque es una retroalimentación.
“ Estamos hablando de dos personas, hombre/mujer que, estando enamorados deciden unirse para amarse de verdad y para siempre”.(3)
El amor, esa decisión que proviene de la voluntad, supone, si, el enamoramiento, de esa “química”, gustarse recíprocamente, sentir que están hechos el uno para el otro. Pero el matrimonio no se puede basar sólo en este atractivo, muy potente al principio, como dice el P. Ferraris “El aire también es indispensable para vivir pero no suficiente ¡ nadie puede vivir de puro aire!”(3)

En resumen, el enamoramiento es fundamental para una relación, pero puede desaparecer porque no depende de uno, uno no controla esa parte, ese imán. En cambio, el amor depende de nuestra voluntad de decidir jugármela por el otro y desde este punto el amor se cultiva, se cuida, es creación y así este enamoramiento puede crecer, no sólo en cuanto físico (sabemos que el cuerpo con los años se deteriora) , sino aquel enamoramiento más profundo, valorar a la persona completa, admirarla, cultivar sus virtudes, dones y talentos, estimularla a ser cada día mejor, porque “cada uno da lo mejor de si”…así podemos llegar a la unión perfecta de enamoramiento-amor.“
El amor es , sobre todo, una “decisión”, decido regalarme al otro y acogerlo como es, porque amo y quiero amar más, quiero ser feliz al hacer feliz al otro”(4)

Si tuviéramos claro tan sólo este punto tratado antes de contestar a la pregunta “¿Me caso?” no dudo que tantos divorcios no existirían, como también es cierto que la cantidad de parejas que dan el “si” también disminuirían. Vale la pena dar el “no” si no se tiene certeza de la trascendencia del matrimonio.
Este texto es sólo un primer esbozo a mi pregunta inicial. El amor existe siempre, son los sentimientos (en sus tres grados) los que se deben anular para lograr que se haga la voluntad del Padre en nosotros y nos guíe por el camino del matrimonio como sacramento y camino de santidad.
Este tema (anulación y grados de los sentimientos) quedará para otra oportunidad.
Apoyo: “Se casan creyendo que….” P. Gustavo Ferraris. Ed. Don Bosco
”Guíanos según tus sabios planes” P. José Kentenich. Ed . Schoenstatt.




22 comments
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Marzo 23, 2008 en 1:29 pm
Humberto
Sra. Andrea.
Muy interesante su texto: “Es posible evitar el divorcio?”.
Me gustaria participar dando mi opinion pero no me atrevo. Es que mi suegra conoce la direccion de su sitio…
Marzo 23, 2008 en 8:35 pm
luis robert
““Si tú creces yo crezco” sin anularse uno ni otro, sin esa autocomplacencia en que muchas veces se cae”
Cuestión absurda es homologar dos personas, porque se aman. Se suele decir que “polos opuestos se atraen”, y parece ser un patrón común. Esto se explica por la complementariedad. Mi poder está condicionado en el tuyo, y el nuestro, en el de Él. En algún momento creí que existían excepciones a esta regla, es decir, dos personas muy parecidas, casi iguales, podían enamorarse y a la postre, amarse. En otras palabras, romper con aquella complementariedad, ese “te necesito”. Comprendí, en lo sucesivo, que tal razonamiento mío es erróneo, por cuanto dos personas pueden inclusive compartir ideales culturales, sociales, religiosos, políticos, etc., y bien todavía no pueden, por separados, hacer por sí mismos lo que se espera, porque, siendo casi iguales ¿Para qué te necesito, entonces, si en el caso de estar “abatido”, por ejemplo, actúas tú, y en otro momento, yo lo hago por ti? En tal caso, existe una homologación que podría decirse obedece a una generalidad, pero en ningún caso, tal condición puede anular la presencia del “otro”. Un matrimonio así perdería su propia vocación; en tal supuesto, habría que casarse con uno mismo ¿no le parece?
Aun cuando dos personas confluyan misteriosamente, y en apariencia da para pensar que son “idénticos”, “¡mire, si son clones!”, en la intimidad, en lo más profundo de sus almas, se necesitan. Sus ideales culturales, por ejemplo, pueden ser los mismos, exactos. Pero sus puestos allí, diferentes. No se trata de verificar ese dicho que dice “hoy por ti, mañana por mí”. No. Implica desde el comienzo un “nosotros”, un “tú eres mi proyecto”, sin ti, no es posible proyectarme. Obvio que en el caso de enfermedad, uno de los dos actuará por el otro; lo que quiero decir es que después de conocerte, descubrí que mi “vocación” es el matrimonio, y sólo “tú” la has despertado, ninguna otra persona me da esa certeza.
Al ser un “nosotros”, se cumple el dictamen Evangélica “y serán una sola carne”. Todo lo que tú necesitas, te lo puedo dar yo. De no poder, me esfuerzo, venzo mis limitaciones para ser digno de ti. Dono mis talentos, mis virtudes, no solamente para tu salvación, sino para “nuestra” salvación. No reprocho tus caídas, pero sí ofrezco mi mano para que subas en mi espalda. Soy paciente y olvido lo que es malo. Con mi ejemplo, busco enseñarte lo que tú puedes mejorar. Amo tu esencia de ser humano, mas no lo que es pasajero.
El amor al ser una decisión, supone desde el comienzo el ejercicio de la voluntad. Y por tanto, de la inteligencia. No hay amor sin razón. Se puede muy bien decir que el amor se “intelectualiza”, como alguna vez me lo dijeron en otro blog, y de este modo, se mina su naturaleza. Pero si el amor está desprovisto de inteligibilidad, muy bien en su momento puede prometer, pero el mismo tiempo se encargará de destruírlo. Si no hay inteligencia, no hay entrega. No hay donación. Menos esfuerzo, ni tampoco, derrota del egoísmo propio. Una cosa así es un mero sentimentalismo que no tiene el derecho de ser llamado amor.
El amor es un escrutinio diario. Un cortejo que parte desde la fijación en el otro, ¿qué le sucede?, ¿por qué está escribiendo, o hablando así? Es escuchar en el fondo de mi alma ese silente “más que nunca te necesito”. Cuando se habla de lucha, esfuerzo, uno piensa que es a largo plazo. Pero no es cierto. Desde que mi compromiso de enamoramiento, se inicia la lucha. No es una lucha con bombas de racimos; es una lucha sobre todo espiritual, entroncar con el ser amado…Pueden existir caídas, pero el solo hecho de levantarse, ya supone una derrota a la resignación y la cobardía. Mostrar la autenticidad del ser propio, hacer lo que antes de conocer al ser amado, parecía inimaginable o un disparate. En mi alma vive la tuya, y la mía en la tuya. Cristo, en la nuestra.
Marzo 23, 2008 en 11:32 pm
Andrea
Querido Humberto
Yo creo que a tu suegra si le gustaría saber qué piensas tú al respecto, porque estoy segurisima que ella conoce tu sentido elevadisimo del matrimonio. Así que no temas, adelante! Me gustaría saber qué piensas
Saludos
Andrea
Marzo 24, 2008 en 12:15 am
Andrea
Cuando el amor es tal y reconocido como tal, surge , en efecto, la complementariedad: “Juntos ser más”. Pero este complemento esgrime, enaltece, por sobre todo, a la persona que cada uno es.
El P. Ferraris dice algo muy lindo “La mujer llega a ser mujer bajo la mirada del varón y viceversa” Pero no es una mirada física sino al alma, a la “persona” en si, a su esencia “conocer al otro en profundidad es llegar a ser plenamente “uno mismo”” y si yo me conozco a través de ese otro implica que “existo”, que “soy” y que este “soy” lo ve el otro: “soy” para el otro, “existo para el/ella”. Luego de ello podemos vislumbrar a ese “ser” irrepetible para él/ella, en comunión. Esta es la unión con el otro y para el otro, de lo contrario estamos frente a personalismos, individualismos que generarán, a la postre un fracaso y separación.
Lo esencial aquí es que uno sea siempre lo que es, nunca dejar de ladola propia esencia, aquello que nos hace ser únicos, singulares e irrepetibles. Anular esta esencia significa cosificarnos por el otro y ello también nos reduce al fracaso, no sólo de un matrimonio sino de nuestra propia identidad. Una relación en que alguno de los dos se anule como persona implica que este ser anulado no enriquece la relación.
Y bien dices, Luis, el amor es noble y auténtico pero también debe ser inteligente, pero, además dinámico
“ Tu amor sin exigencias me empobrece
Tus exigencias sin amor me enfurece
Sólo tu amor exigente me engrandece” ( Se casan creyendo que….Pág.102)
El amor en el matrimonio no es mediocre, exige ser cada día mejor, crecer, evolucionar, enriquecerse mutuamente, y respetar esa libertad que cada uno posee, como “personas” Aún siendo un “nosotros” debe existir un cada uno, lo contrario sería invasión a la libertad, que a la larga es asfixiante en cualquier relación.
Como creyentes, somos seres conscientes de la trilogía: 2+ UNO. Sin esa trilogía, como fundamento, cimiento de la relación en el matrimonio, su sustento es debil. Si tenemos conciencia de ello, el amor se hace más fuerte ante los obstáculos.
“El amor (si es verdadero) es más fuerte” ( id, pág. 17
Marzo 24, 2008 en 4:27 am
roberto viera gonzalez
¡Qué tema Santo Dios! Tengo mucho que decir. pero después de estar dos días “guardado” tengo que responder correos y ver otros asuntillos. Y ya son las 4.30 am. Prometo opinar antes que termine la semana. En todo caso mi respuesta es rotunda, categórica, lapidaria: SI.
Marzo 24, 2008 en 11:57 pm
Andrea
Roberto, amigo
Sin duda el tema es muy relevante, poco abordado y en especial criticado desde la superficialidad, pero no se va al cuestionamiento de fondo.
Con todo, lo expuesto es un barniz, el tema es muy profundo, este es el origen , la base medular, las razones que conducen a un divorcio están en en el momento de la decisión y no con fecha posterior,lo siguiente es sólo un desenlace , una consecuencia que podría haber sido evitada si fueramos conscientes de lo que la institución del matrimonio significa, aún en la eventualidad de no ser cristianos, creyentes, católicos.
Saludos afectuosos.
Marzo 25, 2008 en 4:48 am
roberto viera gonzalez
¡Ay, Andrea linda! El punto es que yo estuve ya dos veces a punto de la separación. Con abogado y todo. Y en las dos veces se metió este Señor que tanto nos une. Terapia, sicólogos, etc. Y curas…. muchos curas. ¡Qué haríamos sin el cura, Santo Dios! Perdona la traición. El Domingo nos fuimos a tomar onces al Müncher de Malloco y allí hay un acordeonista alemán que ameniza muy bien y por supuesto mi Sole le compró un CD que ahora escucho. Tu nueva música es muy bonita. pero está calladita. Escucho en acordeón Arrivederci Roma y ahora Edelwies. ¡oh, qué dias! Me acuerdo de mis días en Alemania. Bueno. ya tendré más tiempo. Un abrazo.
Marzo 25, 2008 en 10:13 am
Marcelo Arrabal
A mi modesto entender para poder responder esta pregunta hay que responder muchas preguntas antes…
- En primer lugar ir al génesis de ese matrimonio, cuál fue el motivo real, profundo y fundamental por el que esa pareja decidió casarse…
¿fue para solucionar un problema? ¿para escapar de una situación? ¿para asegurarse el futuro? ¿para no estar sólo? ¿por amor?
Esta respuesta es determinante, pues de esto dependen las expectativas que se generen en torno al matrimonio. Si se mantiene el “querer” no se puede progresar en el matrimonio… se debe llegar al”amar” que aunque la gente habitualmente no lo entienda son antónimos.
- Capacidad de entrega, es fundamental para que una relación humana prospere que haya una clara intención de darse, de resignar los gustos y las motivaciones personales en pos del nosotros. Nadie puede casarse pensando que va a mantenerse intacto, es una falacia. Es imposible amar y mantenerse sin cambios, la entrega del día a día nos debería hacer madurar y cada día ser mejores para el otro.
Si una persona se casa sin estar dispuesto a darse entero sin reservas al otro, para buscar de esa manera la felicidad de su pareja sin importar la propia, no hay muchas posibilidades de éxito (que no pasa por lo que tengan, generen, o hagan, pasa por la plena realización del ser de ambos).
- Adaptabilidad, suena extraño. Pero es muy necesario que el casado entienda que ya no puede pensar en si mismo. Si no adapta su cerebro, su alma y su proyecto de vida a un nosotros, es imposible hacer feliz al otro. Me animo a decir que el matrimonio perfecto no es aquel donde no hay dificultades, malos entendidos y desaveniencias. Mas bien lo definiría como aquel matrimonio donde ambos dejan de ser el centro del universo y se entregan otro sin dejarse nada para si. Eso inevitablemente te adapta, te transforma, te hace uno con tu pareja.
- Reciprocidad, es la base de la estabilidad. El ser humano, por naturaleza tiene una paciencia finita. No es posible que en una relación de pareja, uno solo ame y el otro solo quiera. Eso sería un fracaso seguro. Las asimetrias llevan al desiquilibrio, el desequilibrio a caerse y todo lo que se vive cayendo tarde o temprano se rompe. Esta ley física tambien funciona en la vida emocional de las personas. Si el amor no es reciproco, no de palabras sino de hechos, se gasta, se acaba, lamentablemente. El que más ama tarde o temprano terminará cansado, agotado, vacío. Los seres humanos necesitamos dar y recibir, es una de las premisas básicas de cualquier relación humana y si no se respeta se termina el vínculo indefectiblemente.
- Fe. Un matrimonio sin amor no es tal. Es solo un acuerdo. Para que haya matrimonio el amor debe ser condición sine qua non.
El amor vine del Amor, el Amor es Dios, ergo un matrimonio sin Dios deja de ser.
Es necio buscar amor fuera de Dios, es un mentiroso el que dice que ama y esta apartado de Dios. No se puede dar lo que no se tiene, es imposible.
Un matrimonio que no sea un triángulo perfecto donde los vértices son: ella, el, Dios; no puede subsistir, o ¿acaso van a poder dar lo que no tienen?, el amor y las bendiciones de un matrimonio vienen inequivocamente de la fuente de amor.
Ultimas ideas…
del matrimonio nace la familia, que no es sólo la célula básica de la sociedad y de la Iglesia. Sino que es el modelo propuesto por el mismo Dios para que el hombre alcance la felicidad. Hasta el mismo Dios es una familia perfecta, donde el componente simple y único es el Amor.
Para evitar el divorcio hay que ir al inicio de la formación de los matrimonios, la manera de que un edificio sea sólido son los cimientos. Sin ellos, no importa la altura que tenga, al primer remeson esa construcción se cae. Si nos parece tan obvio ese ejemplo en la vida real, ¿porque no deducir por analogía en nuestra vida emocional y espiritual, esos principios básicos de sustentación?
Después de este razonamiento mi respuesta a la pregunta ¿se puede evitar el divorcio? depende pura y exclusivamente (como lo demostre más arriba) de una sola cosa: el amor que haya. Ni más ni menos.
Nadie puede ser condenado a vivir con un extraño, con el cual no comparte principios, ideales, fe y compromisos; por el hecho de haber firmado un papel, con o sin madurez, con o sin conciencia plena del compromiso que adquiría.
De la misma manera: Nadie debería vivir separado del ser amado. Porque donde hay amor esta Dios presente.
Marzo 25, 2008 en 6:20 pm
Marcelo Arrabal
Para no provocar error, es necesario hacer una aclaratoria con respecto al antagonismo que expuse anteriormente entre el “amar” y el “querer”. Definitivamente, al decir antónimo quise distanciar los conceptos que hoy son usados habitualmente como sinónimos, sin serlo.
Es necesario a mi entender hacer una aclaración inmediata y como deseo darle mayor solidez a mi argumento, apoyándome en las sagradas escrituras, agrego este comentario.
Antes de poder hacerlo quiero mencionar brevemente dos antecedentes:
- Si bien las ideas, enseñanzas y palabras de Jesús fueron pronunciadas en arameo. Los evangelistas escribieron en griego, puesto que es un idioma que les daba mayor facilidad de expresión, debido a la pobreza del idioma semítico y la flexibilidad y riqueza del heleno.
- Para el griego existen distintos verbos que quieren decir amar, puesto que ellos identifican más tipos de amor que nosotros (fraterno, filial, erótico y ágape). Para esta aclaración sólo voy a tratar de explicar modestamente dos de ellos: Agapao y Phileo .
En estricto rigor “agapao” debería traducirse como amor y “phileo” como querer. Voy a remitirme al Evangelio de NSJC según San Juan, en el capítulo 21. Donde el Resucitado, conversando con Pedro, le pregunta: Pedro me amas? y él le responde dos veces: Señor, sabes que te quiero. A la tercera vez Jesús le consulta: Pedro, me quieres. Y él triste y humildemente le responde: Señor, sabes que te quiero.
De lo anterior podríamos desprender dos cosas:
- El ser humano tiene conciencia plena de la diferencia enorme entre querer y amar. Pedro con humildad reconoce que en ese momento sólo quiere a Jesús, no obstante con el tiempo terminará literalmente amándolo al entregar su vida en una cruz igual que el Maestro.
- Hasta el mismo Dios, reconoce nuestras limitaciones al respecto, y lejos de molestarse, Jesús se adecua a nuestro nivel de madurez espiritual (en este caso madurez en el amor), sin exigirle de momento a Pedro más de lo que le puede dar.
Deberíamos aprender de este hermoso ejemplo, para no exigirnos entre nosotros a declarar algo que aún no estamos preparados para sostener con nuestra vida si fuese necesario. Es tan grande la expectativa que genera decirle a otro ser humano: te amo, que deberíamos ser muy cautos antes de hacerlo, pues al declararlo estamos implícitamente diciéndole: “te amo, incluso hasta dar la vida por ti si fuera necesario”.
Y debemos reconocer humildemente que esto queda solamente en el terreno de las intenciones en la mayoría de los que pronuncian estas palabras. Debemos ser muy honestos y cuidadosos al respecto.
Dado lo anterior, en el mejor de los casos, podríamos entonces animarnos a decir que el “phileo” (querer) es una etapa anterior del “agapao” (amor). El querer parece ser más cercano a los sentimientos y posibilidades humanas y el amor a los sentimientos y compromisos divinos.
Lo anteriormente expuesto no denigra al querer, simplemente lo pone en la categoría, que le corresponde, que es menor a la categoría del amor. Donde la condición básica es: ser capaz de dar la vida por el otro. Es correcto sincerarse ya que en la actualidad, donde reina el egoísmo, la posesión y el querer para si (tener), muy pocos están dispuestos a ofrendarse por entero por el ser amado, incluida la propia existencia si fuese necesaria.
Marzo 25, 2008 en 9:56 pm
Ricardo
Cada persona es en si misma unica. Del mismo modo cada pareja es unica. Asi planteado, un divorcio en particular, estaria sujeto a las condicionantes unicas de la pareja y por ende todo divorcio seria tan evitable como inevitable. No hay una receta universal al respecto. El texto propuesto por Andrea es demasiado amplio. Podriamos abordarlo desde muchisimos enfoques; moral, social, emocional, religioso, juridico, economico, familiar, sexual, etc. No obstante, valgame reconocer que cuando en una pareja ambos se abandonan a la voluntad de Dios y se someten en consecuencia a sus consejos, el amor verdadero, el amor trascendente que emana desde el Espiritu Santo, evita que el divorcio se asome siquiera como una eventualidad.
Marzo 26, 2008 en 1:43 am
Andrea
Muy cierto Ricardo. La receta universal aún no está dada. Pero bien dices una frase que es trascendente en estas materias:
“…cuando en una pareja ambos se abandonan a la voluntad de Dios y se someten en consecuencia a sus consejos, el amor verdadero, el amor trascendente que emana desde el Espiritu Santo, evita que el divorcio se asome siquiera como una eventualidad.”
Son ambos los que deben estar entregados a la voluntad irrestricta del Padre; son ambos los que deben, en consecuencia, amar del modo trascendente, en esa trilogía siempre presente de quienes conocemos, en algún grado, a Cristo, el infinito amor de Dios y la protección del Espíritu Santo.
El tema es amplio, de hecho este texto no es más que un sutil esbozo de lo que debemos considerar antes de tomar esa decisión voluntaria que es “amar” en el sentido más amplio, pero al mismo concreto, que podemos.
No basta con querer casarse, no basta con enamorarse, no basta con decir “te amo”. El matrimonio es una institución, desde la juridicidad hasta el mismo sacramento, de tal relevancia, porque en él se proyecta no sólo la vida de dos personas, sino, y más aún, los hijos que Dios envíe , ya sea por via natural o aquellos que en un acto de inmenso amor y entrega el matrimonio decide tomar como tales.
Es evidente que tal decisión merece algo más que un entusiasmo del momento, exige una reflexión profunda a la luz de la fe, de los valores y de lo que cada uno crea que puede donar al otro, factiblemente convertir su vida en donación para el otro y juntos caminar. El matrimonio no es una meta, es el inicio de un largo y precioso camino. Estoy convencida que así es. Lo veo en mis padres.
Cariños, Ricardo. Alegría que estés aquí, como siempre.
Marzo 26, 2008 en 2:20 am
Andrea
Querido Marcelo:
hablas de un “depende”. Soy más temeraria que tú y pienso que es evitable en la medida que tomemos conciencia plena de lo que significa el matrimonio, de lo que involucra y a quienes involucra, porque no sólo son estas dos personas decididas a vivir en vinculo matrimonial, también hay un entorno que no podemos alterar.
El matrimonio no es (a lo menos no debería ser) un juego de “si se acaba no importa,….lo intenté y no resultó….ya nos nos “amamos”….etc”
De ahí que la primer presentación, este texto, haga clara alusión al “antes de”, es decir antes de tomar la decisión, no en forma posterior cuando los hechos ya están consumados, donde en efecto el panorama cambia a un “pensé que lo amaba, pero no….no resultó….etc”
Cuestionas las motivaciones del matrimonio, pero, sin embargo es justamente eso lo que debe pasar por el tamiz antes de la decisión, tomando en cuenta qué es realmente este vínculo y si todos las causales para llevar a cabo la unión están acorde a la luz de la fe o no.
Lo primero a tener en cuenta es aprender mínimamente lo que es un matrimonio y sus efectos.
Luego , no basta decir “te amo”. Es preguntar qué implica ese “te amo”
Y posteriormente si estoy dispuesta/o a ello o no. Más aún, si estoy preparado/a para tal empresa que implica una donación.
La causa del matrimonio como institución en general es Dios creador; los cónyuges, por su parte son causa eficiente del matrimonio en concreto, ya que éste se establece por el consentimiento manifestado legitimamente entre personas juridicamente capaces, que no pueden suplirse por ninguna potestad humana ( GS48; can 1057&1)
El consentimiento, a su vez, es el acto de la voluntad, con el que el hombre y la mujer, con pacto irrevocable, se entrega y acepta el uno al otro, para construir el matrimonio (cans. 1057$2; 1055 , &1)
Los actos cuyo consentiemiento ha sido dado no sólo operan en términos de procreación sino también de la comunión intima de toda la vida y el amor conyugal
Las causales de la declaración de no matrimonio papal, es decir, que el tribunal eclesiastico se pronuncie en términos que no hubo “vinculo” (es por esto que es un error hablar de nulidad papal, ya que el tribunal no anula) es la ausencia de consentimiento y el hecho de que uno de los contrayentes sea incapaz a la hora de realizar el acto matrimonial. Así también serán los impedimentos dirimentes; capacidad psiquica; simulación total o parcial; vicios del consentimiento, en especial coacción y dolo.(”Disidentes y nuevos disidentes; el matrimonio civil y el matrimonio canónico en Chile. J.E Precht; “El matrimonio en el derecho canónico” P. Augusto Rojas Valdivia)
Dios no aprueba lo que está mal unido sino lo que es cierto y verdadero a Sus ojos.
Cariños, Marcelo
PS: Excelente explicación la de la distinción querer/amar. Muy buena, en verdad. No hay mejor ejemplo. Una observación ¿podemos amar sin pasar , antes, por el “querer”?
Marzo 26, 2008 en 8:58 am
Marcelo Arrabal
Andrea
Muy buena tu pregunta… difícil de contestar, no obstante daré mi pobre opinión.
Pareciera que para los seres humanos es muy dificil saltarse la etapa del querer antes que el amar, sin embargo puedo mencionar ejemplos que darían la esperanza de que el amor podría saltarse su estadio anterior (el querer).
- Cuando una jovencita preadolescente queda embarazada y posterga todos sus sueños y proyectos en pos de ser madre y honrar la vida, tenemos un ejemplo de amor, practicamente instantáneo.
- Cuando se arriesga la propia vida (como un rescatista o un bombero) en virtud de la de un desconocido. Este acto heroico tiene una alta cuota de amor y altruismo.
- Cuando misioneros maristas chilenos y argentinos, en la década del 90, van a un campo de refugiados en Africa a ayudar a personas que no conocen. Y por defenderlos alcanzan el martirio: eso es amor ágape inclusive y sin pasar ni un minuto por el querer.
Son algunos ejemplos públicos (tengo algunos privados que tambíen lo avalan) que me dan la esperanza de que es posible amar, saltándose la etapa del querer. Sin embargo coincido contigo, en que habitualmente en el camino hacia el amor, la estación anterior ser llama querer.
Paz y Bien!
Marcelo
Marzo 26, 2008 en 11:57 am
Humberto
Si Sra. Andrea pero si se divorcian Condorito y Yayita, es Condorito el que la pasa peor. Yayita no tiene suegros, en cambio Condorito no tiene que componer solo con Yayita y don Cuasimodo, sino ademas y como si fuese poco, con don’a Tremebunda, SU SUEGRA !
Marzo 27, 2008 en 1:32 am
Andrea
Pero Humberto ¿De qué te preocupas? Si Condorito se porta bien, ama a Yayita ¿cual es el problema? Ni doña Tremebunda, que tremenda es, es cierto, puede tener un corazón tan duro como para no entender al pobre Condorito que además razón no tiene para divorciarse!!
Como dice un amigo mio, cuando hay un amor vedadero no asoma esa posibilidad…ese amor verdadero sabemos de donde proviene. Te recomiendo leas a Ricardo, él te puede aconsejar muy bien, da una mirada muy cierta al respecto
Cariños
Marzo 27, 2008 en 1:39 am
Andrea
Marcelo
Antes que los misioneros decidieran partir a algún lugar de Africa algo debió remecer sus corazones ya en su juventud. Es como ese bichito que pica al principio por curiosidad, luego verdadero interés. Luego viene esa especie de imán ataryente y posteriormente un sentido del querer que va en aumento hasta ya no poder más y reconocer ese amor sublime y único.
El querer, en efecto es necesariamente el paso previo al amar. Ese salto que se da al “conocer”, querer saber más y más hasta que llega a una compenetración posible sólo en el amor.
Cuando una jovencita pre adolescente se embaraza, sabiendo las consecuencias que de ese embarazo deriva y opta por la vida del nasciturus, esa afección va in crescendo en la medida que se va desarrollando el bebé, nace un amor “casi” inmediato, pero antes siempre, aún en su estado básico existe ese querer creciente, creo que en velocidad más rápida que cualquier otra circunstancia.
Tampoco quien decide ser bombero, ama por nacimiento su actuación, surge espontáneamente o con el transcurso del tiempo, de a poco, como todas las cosas valiosas de esta vida. Hasta que llega el momento en que decide dar la vida , de ser necesario para salvar otra, gesto de valor, heroismo y amor al prójimo, sin duda.
Perdóname por responder a esta hora de la madrugada, pero mis dias son muy agitados y sólo me resta este tiempo, ya mañana leerrás
Cariños
PS: Todo lo valioso pasa por etapas: debe morir una para comenzar otra….
Marzo 27, 2008 en 8:53 am
Marcelo Arrabal
Andrea,
en un altísimo porcentaje, efectivamente como tu dices, los sentimientos y los compromisos (el amor es compromiso no sentimiento) se van logrando por etapas, concuerdo en eso.
Es más, creo que dentro del verdadero amor, también hay etapas de perfeccionamiento, todo es perfectible (con la excepción de Dios), aún lo más noble.
Aún así, como soy idealista, me conmueven las situaciones donde es tan breve la etapa del querer, que pareciera amor inmediato… quizas sea un romanticismo visceral que no he podido erradicar nunca de mi ser.
Todavía creo en la amistad de por vida, el amor eterno, en el heroismo, en la fe sólida. Se que soy un poco anacrónico, pero son valores que están en mi naturaleza.
Agradezco la posibilidad de tu blog, cada día lo siento más un refugio, entre tanto relativismo, incredulidad y carencia de valores que imperan en el mundo.
Gracias Andrea!
Abril 9, 2008 en 2:10 pm
lap
Ahora entiendo lo que me esta pasando, tengo 22 años de casado y mi esposa me ha dicho que ya no me quiere, claro se canso de luchar sola, por mucho tiempo pense que serle fiel era suficiente, pero ahora entiendo mi error. Yo la amo y quiero que sea feliz, si tengo que dejarla para que sea feliz lo hare con todo mi dolor pero lo hare. Estoy en oracion, le digo que la amo, se lo demuetro todos los dias cuando me preocupo por ella, solo DIOS sabe que la amo…………….
Abril 9, 2008 en 10:52 pm
GRAZNIDO
Querida Andrea
En los tiempos de la discusión de la ley de divorcio recuerdo que un amigo Schoenstattiano me dijo en lenguaje ingenieril que lo mejor para evitar las separaciones, hoy divorcios, era subir los umbrales al inicio, es decir a partir de procedimientos médicos, sicológicos y siquiátricos determinar el grado de compatibilidad de la pareja aspirante a devenir matrimonio. Así por ejemplo se podría determinar si uno de los dos puede tener tendencias a la dependencia (de drogas), la violencia, las obsesiones, … etc. En otras palabras conocer el perfil “real” del enamorado que puede no ser percibido por el otro justamente por su propio enamoramiento.
Ingenierilmente hablando no parece mala idea…el mundo feliz de Aldous Leonard Huxley.
Sin embargo a ojos de los enamorados el solo plantear tal procedimiento parece monstruoso y es que el enamorado solo ama, quiere ser amado y amar, en cuerpo y alma, años a incluso el solo hablar de “separación de bienes” era incalificable actitud.
El texto de la entrada plantea en cambio una suerte de mayor grado de conciencia al casarse, distinguir entre el enamoramiento que tarde o temprano desparecerá y el amor que es una decisión de entrega permanente e indefinida al otro. El amor es entonces una decisión.
Pero no todos se casan enamorados, muchos e casan porque están solos, porque quieren dejar la casa de sus padres, porque necesitan apoyo económico, para olvidar otro amor, porque es una tranquilidad sexual, para formar una familia y tener hijos, porque “hay que hacerlo”.
Algunas grandes empresa e instituciones ven con malos ojos a los solteros y solteras añosos porque pueden perturbar el ambiente de trabajo y además consideran que la soltería otorga un grado de independencia incómodo a la empresa. A las empresas le es conveniente un empelado casado comprometido con su esposa, sus hijos y los compromisos económicos que ello conlleva y que lo hacen mas controlable.
Como vivimos en sociedades libres no puede el estado u otra institución intervenir en la decisión. Caso aparte es el de las FFAA la cual puede validar o no el matrimonio, no puede impedirlo pero sí puede despedir o limitar la carrera del funcionario.
Así pues lo que resulta en el matrimonio depende del grado de conciencia inicial y la “decisión” de amar y su mantención en el tiempo.
Lo que sí es claro es que llegado el momento si se constata que uno de los comprometidos ya no tiene la decisión de amar al otro privilegiando únicamente sus propios objetivos sin considerar las necesidades y legítimas aspiraciones del cónyuge el matrimonio no puede seguir adelante.
Muchos matrimonios sin embargo siguen delante porque simplemente no tienen otra real alternativa, por falta de valor, miedo a los desconocido a las incertidumbres.
Otros se la juegan ya que se resisten a vivir una vida infernal sin amor y lo que es peor sin respeto a su humana condición.
Tal vez lo que más mal hace a la relación de pareja es la mentira, pecado más bien de hombres, la mentira vuelve poco confiable al cónyuge, esa infinita confianza inicial una vez perdida es casi imposible recuperarla, el otro es un mentiroso y todo lo que haga o diga es permanentemente apreciado bajo el tenebroso manto de la duda, duda fatal para la pareja ya que cuando las mentiras de terceros atacan tienen efectos devastadores.
Volver a creer en quien ha fallado a quien no se le tiene ya el mínimo respeto es, me repito, casi imposible.
El pecado más habitual de la mujer no es la mentira, es la falta de apoyo y/o respeto a su hombre caído en el fragor del combate por la sobrevivencia. No todos los hombres pueden ser triunfadores, no todos pueden ser fracasados, sin embargo las aspiraciones de la mujer muchas veces van más allá de lo posible a su hombre limitado por su propia naturaleza de guerrero susceptible de caer en la batalla. Una vez caído el hombre en algunos casos veces no recibe el apoyo que requiere para levantarse y pasa a ser un paria en su propio hogar, hogar en el que alguna vez fue brillante líder, al hombre no le queda más que emigrar y difícilmente olvidará.
Al amor “decidido” entre los cónyuges, es virtuoso ya que el apoyo, la entrega constante e incondicional en la verdad, el compromiso mutuo generan riqueza para todo el núcleo familiar no en vano el núcleo familiar es el ladrillo base del orden social según liberales y católicos.
Muchas virtudes que hacen las sociedades ordenes sociales exitosos, son comunes a los matrimonios exitosos: confianza, respeto de los compromisos contraídos, colaboración libre y espontanea, libertad y conciencia..etc.
¿Es posible evitar el divorcio?. Sí, siempre es posible evitarlo, siempre hay una oportunidad y muchas veces esas oportunidades son otorgadas, sin embargo lamentablemente mi limitada observación me indica que raras veces hay una sincera y honesta vuelta atrás. De hecho no es raro que sicólogos y/o siquiatras terminen recomendando la separación definitiva en aras de recuperar la normalidad mental de los individuos involucrados .
Contigo amor, verdad, pan y cebolla, que el caviar vendrá solo.
Perdona si este texto es un poco desordenado querida Andrea, es lo que se me ocurre.
Muchos saludos.
Abril 11, 2008 en 7:44 pm
luis robert
Estimado don Guillermo:
Aun cuando no estoy de acuerdo en algunos puntos de su comentario, quisiera felicitarle por lo dicho en el párrafo décimo. Tal comprensión de la familia, habla muy bien de su persona…Como muchas veces lo hemos tratado aquí, el amor engrendra la verdad. Si existe mentira, entretanto habrá desamor, odio. Si la verdad es la opción, eso quiere decir que tal familia ha elegido amar por sobre todas las cosas. Empero, hay que ser cuidadoso en lo precedente: amar significa darse a Él, en primer lugar, amarlo por sobre todas las cosas. Si hablamos de verdad, es menester decir que la fuente verdadera del amor es Dios. Si amamos a una persona, y despreciamos el amor de nuestro Señor, muy seguro será que ese amor es resquebradizo, sin fundamento, y la primera vicisitud, de las tantas que hay en la vida familiar, optará por el miedo, o la renuncia al proyecto que el mismo eligió como inspirador de su vida. En un precioso libro se dice: “Cada esposo debe reconocer que el amor conyugal se afirma en un amor superior al de su cónyuge. Tendrá que confesar, aún cuando esta condifencia le sea dolorosa: ¡te amo tanto, pero no te amaría tanto, si no lo amase a Dios más que a ti! (cf. La armonía matrimonial: aportes para una vida conyugal integrada, P. Guillermo Carmona, p. 67)
En cuanto a lo que dijo su amigo schoenstattiano, pienso que el mejor modo de evitar un divorcio no pasa por una análisis psiquiátrico positivo de los seres amados, por cierto. El psicoanálisis está insipirado en una ideología atea, y odiosa de la religión, reduciéndola a un estado neurótico, psicótico, que es necesario extirpar para conseguir el afamado “progreso”. No quiero manifestar con ello mi aversión a tal disciplina del conocimiento, sino más bien, presentar mi cuidado con respecto a lo que hay detrás de lo que fácilmente se pronunciar. Un psicólogo, un médico psiquiatra, es antes un hombre, libre, que sigue ciertos paradigmas científicos dentro de su propio objeto de estudio. Mi llamado es a tener precaución con todo cuanto psicologismo falaz que atente contra la concepción de la antropología cristiana. Los métodos terapéuticos médicos muy bien pueden ayudar a sanar, a encontrar una causa a alguna desviación, patología. Pero más allá de ellos, existe la relación profunda con Dios, lo que supone comprender lo que significa “pecado”. Para ello Cristo instituyó el sacramento de la reconciliación. Si los métodos terapéuticos se utilizan en ese sentido, instrumentalmente, el hombre sanará de su afán de egoísmo, que más que un problema científico, es una profunda herida hecha por el pecado en la conciencia, libre, que no desea ver a Dios, que se le manifiesta en toda la realidad.
Deseo dejarle mi saludo, don Guillermo…Felicitándole por su comentario, que me pareció impresionante. Digno de un hombre como Ud…
Un gran abrazo..
Mayo 16, 2008 en 12:43 pm
andre
VATICANO, 16 May. 08 / 08:52 am (ACI).- Al recibir este viernes a los representantes del Foro de las Asociaciones Familiares y de la Federación Europea de las Asociaciones Familiares Católicas, el Papa Benedicto XVI recordó con Juan Pablo II que el futuro de la humanidad pasa por la familia y que su defensa “no es una cuestión de fe” sino de justicia.
Al dirigirse a los presentes, reunidos bajo el tema “La alianza para la Familia en Europa: el asociacionismo protagonista”, el Santo Padre destacó que el congreso tiene como objetivo “sensibilizar a los gobiernos y a la opinión pública sobre el papel central e insustituible que desarrolla la familia en nuestra sociedad”.
El Santo Padre recordó que este año se celebran el 40 aniversario de la encíclica de Pablo VI “Humanae vitae” y el 25 aniversario de la promulgación de la “Carta de los derechos de la familia”, presentada por la Santa Sede en 1983.
“La Carta de los derechos de la familia, dirigida principalmente a los gobiernos, brinda a los responsables del bien común un modelo y un punto de referencia para la elaboración de una legislación política adecuada de la familia. Al mismo tiempo, se dirige a todas las familias, inspirándolas a coaligarse en la defensa y promoción de sus derechos”, explicó el Papa
El Pontífice, llamando a Juan Pablo II, “el Papa de la familia”, lo citó diciendo: “El porvenir de la humanidad pasa a través de la familia”.
Al hablar de las dificultades del núcleo familiar en esta época, el Pontífice señaló que “de tantas familias, en condiciones de preocupante precariedad, se eleva a menudo incluso inconscientemente una petición de ayuda que interpela a los responsables de la administración pública, de las comunidades eclesiales y de los organismos educativos”; por ello “cada vez es más urgente el compromiso de aunar fuerzas para sostener a las familias desde el punto de vista social y económico, jurídico y espiritual”.
Entre las iniciativas surgidas del congreso, el Santo Padre elogió la de “una política fiscal a medida de las familias”, encaminada a que “los gobiernos promuevan una política familiar que dé a los padres la posibilidad concreta de tener hijos y educarlos en la familia”.
“La familia, célula de comunión y fundamento de la sociedad, es para los creyentes ‘una pequeña iglesia doméstica’ llamada a revelar al mundo el amor de Dios”.
“Ayudad a las familias a ser signo visible de esta verdad, a defender los valores grabados en la naturaleza del ser humano y por lo tanto comunes a toda la humanidad, es decir, la vida, la familia y la educación. No son principios derivados de una confesión de fe, sino de la aplicación de la justicia que respeta los derechos de todo ser humano. Esta es vuestra misión, familias cristianas”, concluyó el Papa.
http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=21187
Mayo 23, 2008 en 12:13 pm
andre
“Dios no puede vivir en lo que no es amor verdadero. Por eso, Dios no está en los matrimonios que no son sacramento; porque en el sacramento y con el sacramento hay el amor. Es decir; hay Dios Espíritu Santo que es amor, el amor de Dios, de todo un Dios que ama con toda su potencia misma que es amor verdadero.
Podéis ser fieles a la Iglesia Católica y podéis ser fieles en el amor de esposos, porque en ambos está el sacramento de Dios que os sella unidos al Amor.”
Padre Jesús. catholic.net