
Como seres humanos con capacidad cognoscitiva, y en consecuencia, voluntad, tenemos la permanente esperanza de construir caminos, lograr metas, el cumplimiento de nuestros sueños.
Pero esa misma inteligencia, muchas veces, nos replica una cierta limitación para comprender que nuestros sueños no dependen sólo de nosotros. Vivimos en el mundo, somos unos con otros y no son pocas las veces en que debemos recurrir a aquellos otros para el cumplimiento y satisfacción de un anhelo personal.

Esta situación es la que condiciona, somete, a un cierto arbitrio externo la realización o materialización de los ideales trazados.
No podemos, aunque mucho nos gustaría que así fuera, forjar en forma independiente, autónoma, las ideas o proyecciones que tenemos . Requeriremos de alguna ayuda externa o apoyo o concomitancia , incluso la anuencia, para asistir a la realización de los sueños albergados desde un principio en cada ser.

Es por esto que al hablar de sueños generalmente asociamos a un imposible, a algo inalcanzable. Los sueños son personalísimos, pero la materialización de ellos requieren de la participación, de un modo u otro, de un “alguien más”. En la medida que comprendemos este axioma básico, todo sueño es posible, en unión a los demás soñadores concordantes.
Aprendamos a dar un sentido concreto al gran sueño de nuestro Padre, porque El tiene un anhelo para cada uno de nosotros y está en nosotros el dar cumplimiento y alegría al Soñador.
Andrea Emma
“La libertad absoluta se conquista por el amor. Porque sólo el amor libera al hombre de su naturaleza y expulsa de él la bestia y el demonio.”
Mircea Eliade, Fragmentarium



