juicio-final.jpg

Uno de los temas que no me deja indiferente es la pregunta sobre el hombre, qué sea, su devenir. No es mía en exclusivo: son muchas las personas de pensamiento, verdaderas, honestas, prescindiendo de confesionalidades, que se han formulado tal pregunta.

En el mundo actual, cuando se habla de estos asuntos, las personas reaccionan de modo diversos. Siendo el interés auténtico, sin doblez, partiendo del problema objetivado, no tardará el espíritu veraz en concretizarlo, y plantearse la radical pregunta en primera persona ¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy? Pero no es tan simple. Fácil es enunciarla, pero pocos son los que responden desde el ser, sin temor, con transparencia, siendo capaces, a la vez, de objetivar nuevamente la pregunta desde su propia realidad, y ser luz para el mundo. Reflexionar desde la vida, subir a la trascendencia, bajar nuevamente para iluminar la vida. Son los santos un ejemplo, valentía de respuesta clara y pronta.

volver-a-la-fuente.jpg

Me parece que tal radical pregunta no puede responderse sin antes dar rienda a la razón, ante todo, dejar de lado la cerrazón, abrazar la realidad, ponerse sobre ella. Y el modo más excelso, sublime de acercarse a la realidad es a través de la filosofía. Estando esta disciplina de ultimidades en un estado enfermizo, agónico, no parece entonces increíble que los hombres de nuestros tiempos adolezcan de esclerosis espiritual. No se trata aquí de intelectualizar la realidad. La filosofía es mucho más que un panegírico académico. Es filósofo quien siente y certeza tiene de su lugar en la creación; todo hombre en armonía con el mundo exterior, con disposición a problematizar lo que le parece ajeno a la verdad, puede convertirse en un filósofo aun nunca leyendo historia de la filosofía. Bien podría relacionarse este razonamiento con la frase de San Ambrosio, al decir que la fe fue confiada a pescadores y no a dialécticos. Es decir, cualesquiera persona, desde sus talentos, puede hacerse niño, volver pueril su espíritu y sumirse en la filosofía de su propia vida. Mas con esto no quiero decir que la filosofía sea una disciplina arbitraria, carente de rigor. Se trata de rigor. Y mucho. Concibo, sí, su vocación en un sentido amplísimo, cuyo fundamento más sólido estriba en su relación con la verdad. Y la verdad antes bien es cognoscible por cualquier espíritu que esté abierto a la trascendencia.

beber-de-la-fuente-eterna.jpg

Sin filosofía el hombre está a la intemperie. La reflexión desprovista de sentido último es pensamiento sin rumbo. Solamente se rodean las cosas; sin acceder a su interior. En el caso de las personas esta situación llega a un límite peligroso, vital.

Los hombres sin filosofía se hacen esclavos de las circunstancias, de la historia, de lo factible, de la sociedad, renunciando a la esencia del ser humano que es imagen y semejanza de Dios. Es aquí donde la filosofía, humana e imperfecta, catapulta al propio hombre a conocer su propia vocación con la pregunta radical sobre su existencia: Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?; ¿qué son los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa. (cf. Salmo 143, 1-8)

Se abolió la filosofía, pero muchas son las filosofías que han resucitado. Curioso. El vacío reclama vitalidad. ¿Qué se debe hacer en el mundo de las filosofías reflotadas para volver al origen, al ser, a la esencia del ser humano?

papa-amado-no-me-dejes.jpg

En su libro de poesías, Tríptico Romano, Juan Pablo II se maravilla ante la creación. Adopta la actitud del filósofo que problematiza no en el sentido del hombre escéptico, hacia fuera; sino desde su interior, hasta llegar a la objetividad. Admira la creación, se sorprende por su grandeza. Adora y venera. Se hace un niño, tal como el mismo Jesús lo anunció. Una docta ignorancia revuelve su corazón. Sabe que existe, sabe de la inmensidad de la creación. El misterio es su dialéctica, quizás también el objetivo del escéptico, sin saberlo, desolado, ante la mentira del mundo. Espera en silencio el llamado del único verdadero y real.

En su primera y segunda parte, el Papa en la imagen del agua que corre hacia el valle nos dice “Permíteme mojarme los labios con agua de la fuente, percibir su frescura, su frescura vivificante” “Si quieres encontrar la fuente, debes seguir el curso, contra la corriente” (…) “Su búsqueda de la fuente, sin embargo, lo obliga a ascender, a caminar contra la corriente” Son estas palabras las que buscan el origen, la fuente de todas las cosas. No obstante, nos dice que la fuente, el camino de su búsqueda, no es nada sencillo.

ir-contra-la-corriente.jpg

Ir contracorriente. Es lo que sucede con la filosofía. Su primigenia vocación que está en la fuente, Dios mismo, se la ha llevado la corriente. Tortura es para quien deja a merced del viento su propia vida, la respuesta a su existencia, la respuesta de la humanidad en las manos vacías del caos. Quien toma agua de la fuente, llega al Principio, y resuelve el problema del ser “Todo perdura deviniendo perpetuamente” Todo cambia, deviene, “El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa”, pero el ser permanece, perdura.

El final también lo sabe, certeza tiene de él, porque bebe del agua de la fuente. En la presentación de este Tríptico Romano, “Mirada al origen”, el cardenal Ratzinger decía: “El camino que conduce a la fuente es un camino para volverse vidente: para aprender de Dios a ver. Entonces, el principio y el final aparecen. Entonces, el ser humano se vuelve justo.

libertad-en-la-vida-eterna.jpg

En la segunda parte de su libro de poesías, el Papa Juan Pablo II ha querido mostrar en la Capilla Sixtina, con la representación de la creación y el juicio final, este trazado camino del hombre para hacerse realmente hombre. Solamente puede llegar al final si admira y contempla el principio, el Verbo, la creación. Nada más exacto que la obra de Miguel Ángel. Se hace vidente al mojar sus ojos con la fuente que nos filia a Dios por la eternidad, nos hace llanos en la vida eterna.

El hombre que responde su pregunta concreta con la esencia de Dios está redimido. Alcanza la humanidad plena, se hace santo.Muchos hombres repulsan de la filosofía. Condena irascible para quien invade su estático ser. Los mueve un impulso por amar. Un misterio ven en todas las cosas, aun así, su razón está en suspenso, piensan como viven. Legitiman y se complacen en su propia conciencia; la denostación del otro es el arma para proteger de su fantasmagoría de sus ilusiones.

filosofia-conexion-con-el-ser.jpg

Si la filosofía no representa mayor cosa, la reflexión tanto menos. Escapan de la realidad en esas sus formas. Un impulso bueno por amar, pero sin contenido, es el sustrato de todas sus acciones y omisiones. Su filosofía es un interrogatorio a sí mismo, antes que diálogo. Si el hombre odia la filosofía, instaura otra. Vive feliz en la burbuja de sus antifilosofías sin pensar que el propio contradictor puede ser un instrumento de Dios Padre para tomar nuevamente el camino, hacerse vidente y volver a la fuente: ser hombre.

Luis Robert

1128papa-juan-pablo-ii-1920-2005-posteres.jpg