
“Si supiéramos comprender, no haría falta perdonar. Interiorízate, relájate, descansa. Con suma tranquilidad imagina aquella persona con quien quieres reconciliarte, y aplícale las siguientes reflexiones: fuera de casos excepcionales, nadie tiene malas intenciones, nadie es malo.
A ti te atribuyeron malas intenciones más de una vez, y tú estás seguro que nunca las tuviste ¿No estarás tú ahora suponiendo en el otro intenciones inexistentes? ¿Si él te hace sufrir de esa manera, ya pensaste como le harás sufrir tú a él? Si eso dijo él de ti ¿qué le habrán dicho de ti?
Quien sabe si lo que dijo lo dijo en un momento de ofuscación. Cualquiera de nosotros en un momento de descontrol puede decir cosas de las que se arrepienta a los cinco minutos.
Lo suyo parece orgullo; no es orgullo, es timidez.
Su actitud para conmigo parece obstinación, es autoafirmación.
Sus golpes secos no son agresividad en contra de mí, sino una manera de darse seguridad a sí mismo.

Él es difícil para mí ciertamente. Más difícil es para él mismo sin embargo. Con ese modo de ser sufro yo, es verdad, pero más sufre él. Si hay una persona más en este mundo que no desea ser así esa no soy yo, es él. Y si él, deseando no ser así no consigue cambiar, tendrá tanta culpa…
Le gustaría agradar a todos y no consigue agradar a nadie.
Le gustaría estar en paz con todo el mundo y siempre está en conflicto con todos.
Le gustaría ser encantador y es desabrido.
¿Escogió él voluntariamente este modo de ser? ¿Qué sentido tiene irritarse contra un modo de ser que él no escogió? ¿Merecerá la repulsa que yo le doy?
Al final, el injusto no seré yo mismo; el equivocado, no seré yo mismo.
Si supiéramos comprender, no haría falta perdonar y moraríamos en la paz… ”
Fuente “Vida con Dios 2: Por el Abandono a la Paz - Audio”
Padre Ignacio Larrañaga
Luis Robert.




6 comments
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Enero 17, 2008 en 4:15 pm
luis_
Echo de menos a mi amigo Ricardo Molina.
Enero 17, 2008 en 5:51 pm
NANCY
YO TAMBIEN
Enero 17, 2008 en 5:54 pm
Andrea
Y yo me uno a ustedes dos…
Enero 17, 2008 en 7:20 pm
PAO
yo también extraño a Ricardo…
Enero 18, 2008 en 9:55 am
fran
Si pudiéramos mostrar lo que hay en nuestro corazón, sin necesidad de hablar.
Si pudiéramos dejar de lado nuestras defensas y mostrar transparentemente lo que sentimos.
Si pudiéramos dejar de lado nuestros temores a ser heridos y abandonados y abrirnos libremente.
Si pudiéramos mirar con el alma y no ocultar con nuestros ojos lo que hay en nuestro interior.
Si pudiéramos mordernos la lengua cada vez que vamos a decir algo por orgullo o despecho y esperar a estar en calma.
Si pudiéramos escuchar lo que el otro nos quiere decir, sin buscar intenciones que pueden nunca existir.
Si pudiéramos comprender que el otro es un ser imperfecto pero que no tiene intenciones de herir.
Si pudiéramos refrenar nuestros impulsos y dejar que sea nuestro amor el que domine nuestro actuar…
…no haría falta pedir perdón.
Enero 18, 2008 en 3:17 pm
Andrea
Una de las cosas que siempre me ha molestado es el que alguien me pida “perdón” por algo o “disculpas”, llámelo como quiera.
Quizás basada en mi experiencia, en que he escuchado mucho estas palabras traducidas en sin sentido, porque no se analiza el por qué de las disculpas, no se asume la responsabilidad de lo obrado. Es simplemente un “Perdón” y al preguntar “Por qué?” la respuesta puede ser “Por todo” o “Porque me equivoqué” pero no vamos al fondo, al análisis de por qué se pide disculpas, qué justifica tener que pedirlas y así no volver a cometer el error o la falta que llevó a dicha acción.
Prefiero que nunca me pidan disculpas y actúen en razón de haber aprendido una lección, una lección de vida para no repetir las acciones u omisiones. Esa es la mejor manera de disculparse…el tiempo es el único que mide la exactitud de esa petición. Pero si vemos que la misma conducta se repite una y otra vez sabemos que ese “perdón” es casi nemotécnico, que esconde una falacia, que nunca se ha sentido en el alma el arrepentimiento que nos lleva al acto.
Admiro a quien, sin embargo, es capaz de disculparse y argumentar el por qué de esas disculpas. Me hace sentir mínima, porque ha hecho el esfuerzo de comprender el por qué de lo errado y reconocer. Esto obviamente es lo que permite crecer, ya no pasa por causar daño, sino porque es esa persona la que será cada día mejor, la que se perfeccionará, la que intentará dia a día acercarse al fin último.
La palabra “perdón” sin más es vacía, vana, no tiene eco ni siquiera en quien la pronuncia.
Por otro lado, ¿quién soy yo para convertirme en ese juez, quien con orgullo y soberbia debe otorgar la dispensa? Soy un simple mortal que también comete errores, tal vez los mismos que aquel que pronuncia la palabra.
Es fácil decir “te perdono”, es muy dificil “comprender” a quien lo pide. Esa es la tarea….esto me recuerda un tx que está en este mismo blog. Releeré.