
¡Buenos Días, Pueblo mío!
¿Por qué aún me aceptas? ¿Qué te he hecho? Mi contradictor, el Ruido, ¿no te ha seducido todavía?
Te contaré que allá lejos quedó el Maldito en Santiago. En esa nueva Sodoma. Al andén del Metro, junto a la fila del Banco, a la sala de espera de la Consulta Médica, a la Urgencia misma, a todos los lugares donde yo debiera ser la compañía de toda Alma para conversar con ella, lo han llevado a él, al Ruido, Pullay de mi corazón. Allá verás, Pueblo Mío, que todo es vivir a concho de los sentidos.
¿Has pensado qué pasará este nuevo año? No te asustes. Eres un pueblo bendito. Por lo menos entre Chovellén y Cobquecura la carretera no llegará.
¿Sabes, Pullay? ?Aquí me siento un triunfador. Aquí venzo toda fuerza negativa. La perturbación que promueve allá, mi enemigo el Ruido, no me alcanza.
Santiago se ha olvidado que todo ser tiene Alma. Allá todo es cuerpo, todo es materia. Y el Alma no vive de pan. ¿Quién dijo, Pullaicito mío, que sólo de pan vive el hombre? Hubo un hombre llamado Jesús que prácticamente vivía de Mí. Los hombres le traían a mi enemigo y El se arrancaba a la punta del cerro. Hice mi morada en su corazón como en ningún otro ser. No me dejaba ni a sol, ni a sombra. Cuando hacía alguna de sus travesuras, creo que ustedes las llaman milagros, todos querían aplaudirlo, tomarlo en andas, llevarlo a la plaza, pero El salía corriendo a buscarme. Éramos súper amigos los dos. Pensar que también yo, hasta hace poco, vivía feliz en ese otro templo que es la sala de clases.
La Verdad y la Felicidad siempre me dicen, “sin Ti somos confundidas. Tu permites que el hombre nos conozca en dimensión real”. ¿Sabes, Pullaicito?
De Mí – y no de El Ruido – saldrá siempre la paz, la armonía. Me hubiese gustado, gustaría, ser candidato presidencial. Estoy seguro que Pullay entero votaría por mí. Mi gran propuesta sería callarse y escucharse. Dios le quiere decir tantas cosas a Chile. A través de mi quiere enviar muchas señales. ¡No te rías, Pullaicito! Dios es capaz de eso y mucho más.
Te contaré que otro chiflado que no me dejaba en paz, era Mahatma Gandhi. Se encerraba conmigo y me decía: “¿Sabes, Silencio? Seguiré combatiendo contra el mundo entero, aunque sólo Tú me acompañes, tú me dices que no tema a este mundo, sino que avance llevando en mi nada más que el temor de Dios”.
Bueno, Pullaicito. Ha llegado el sol y te espero en Misa esta tarde.
Hasta siempre, Pueblo Mío, te bendice.
EL SILENCIO ”
Roberto Viera.



















