
Quizás recuerden lo sucedido con el sacerdote Alberto Cutié en junio pasado, noticia que personalmente lamenté bastante, pues le conocía por el canal EWTN y le tenía cierta estima.
Hoy, acordándome de él, revisé su página que estuvo paralizada durante algún tiempo. Ya restaurada, me doy cuenta que está integrado enteramente a su nueva comunidad episcopaliana. Leía y leía, y no sé por qué intuí un dejo de falsedad, quizás si ustedes leen, se den cuenta…No es necesario siquiera explicarlo aquí
Esto me ha hecho reflexionar qué tanto estamos dispuestos a sacrificar por la Iglesia, la única visible que Cristo fundó…
Porque todos en algún momento la hemos traicionado, y tomar conciencia del misterio de Amor que hay en Ella, de que realmente no la podemos separar del Amor a Dios, que son una sola cosa, es algo que nos deja pasmados…de contemplación, y de gozo….

¡Ad maiorem Dei gloriam!
La Iglesia me amó primero…Pensaba hace algún tiempo. Y les confieso que agradecí enormemente mi fe católica, ese pensamiento, por cierto de Dios, me estremeció enteramente….Porque es un don inmerecido, tener acceso a la intimidad más profunda de Dios, a su corazón más misterioso, allí donde se fraguan los planes de Amor y Salvación para todos nosotros, es algo inmerecido, impresionante…
No tenemos idea alguna de nuestra fe, no sabemos del inmenso tesoro que hay oculto en la Santa Iglesia Católica…
Uno se da cuenta que la Iglesia, al ser fundada por Cristo, no es algo humano….Nosotros sí la podemos intentar destruír, pero Dios lo impide…
A San Francisco “Reconstruye mi Iglesia”…se le dijo desde lo Alto…O a una Santa Catalina de Siena que tuvo una misión tremenda en esos tiempos antes del protestantismo en que todo parecía confuso. O a San Ignacio, que fue uno de los instrumentos de restauración después de Trento de una Iglesia alicaída por el hombre, a una Iglesia sólida y potente en el Espíritu Santo…
Dios y la Iglesia, indisolublemente unidas...”Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 17-18), ad aeternum…
No se trata de rechazar a las personas que difieren de nosotros…En la medida que soy más católico, más tengo a Cristo, más Amor y comprensión por mis hermanos tengo, más deseo de alentarles a vivir no partes sino todo el amor del Señor, que lo conozcan por completo, que conozcan a Su Iglesia, Una, Santa, Católica, Apostólica…
Por más que nuestro pecado empañe la vida sobrenatural de esta preciosa Creación de Dios, no desaparece…ahí está, generando gracia, alimentando corazones, vivificando espíritus, viviendo…viviendo….
Gracias Señor mío y Dios mío, por todo. Así como prefiguraste la Iglesia desde la eternidad, así también me moldeaste desde siempre en tu plan de Amor.
Luis Robert
Brotes de Olivo – Credo del Padre Palau
¿Qué es la Iglesia?
Lo más grande que tiene el mundo es la Santa Iglesia, Católica, Apostólica, Romana, nuestra Madre, como nos gloriamos en llamarla. ¿Qué sería del mundo sin ella? Porque es nuestra Madre, tenemos también frente a ella una responsabilidad filial: ella está a cargo de sus hijos, confiada a su responsabilidad, dependiendo de sus cuidados… Ella será lo que queramos que sea. Planteémonos, pues, el problema de nuestra responsabilidad frente a la Iglesia.
Tomado de: Alberto Hurtado S.J, Responsabilidad frente a la Iglesia, Charla, posiblemente a jóvenes de la A.C., el año 1944, La búsqueda de Dios, pp. 135-141.


Pelé, el gran ídolo del fútbol de los últimos tiempos, dio una de las ruedas de prensa más tristes y dolorosas de su vida. Su hijo, Edson de 35 años, fue arrestado junto a 50 personas más en la ciudad de Santos (Brasil). El hijo de Pelé fue acusado de asociación delictiva con narcotraficantes y puede ser condenado a 15 años de cárcel. Con lágrimas en los ojos, Pelé admitió públicamente que su hijo resultó involucrado en una pandilla de traficantes de cocaína arrestados por la policía. Pelé dijo a los medios: “Como cualquier padre es triste ver a tu hijo metido en grupos como ése y ser arrestado, pero él tendrá que sufrir las consecuencias”. Y agregó: “desafortunadamente, yo quizás estaba demasiado ocupado y no me di cuenta”. Es lamentable, porque yo siempre he peleado contra las drogas y “no noté lo que pasaba en mi propia casa”.
Padres que compensan la falta de atención a sus hijos con bienes materiales. Los matriculan en buenos colegios, los rodean de comodidades y piensan que con eso ya cumplieron con su tarea de padres, cuando lo único que han logrado es formar hijos que desconocen el hambre y tiran lo que no les gusta. Hijos tiranos, pequeños monstruos insoportables y prepotentes que sufrirán y harán sufrir a sus semejantes porque desde pequeños se han salido con la suya.

Y nos justificamos: solemos escudarnos en nuestra psicología. “Somos así”, mi personalidad me lleva a hablar de los demás, ¿Y nunca nos hemos preguntado que quizás la psicología del otro puede ser causa de esa actitud que yo comento con tan mezquino e hiriente interés?
La pureza tiene relación con la castidad porque también la sensualidad poco a poco nos va dejando ciegos, nos volvemos seres esclavos de nuestros deseos y obramos tal….Y por esa razón, a la larga, todo lo que no nos parezca sensual, lo rechazamos enérgicamente. Vienen el aburrimiento, la tristeza, la pereza….Los pecados más terribles son la causa de que digamos que “la misa no sirve”, “yo no me confieso con un hombre”….

Es algo tal vez baladí pero que impresiona…Uno puede imaginarse así cualquier aspecto de la vida, cualquier cosa que se nos venga a la mente.

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Nuestros hermanos protestantes erróneamente creen que la Eucaristía es solo un “recuerdo” de la Santa Cena del Señor. Al negar esta verdad tan grande, hacen inservible casi toda su fe…Porque como decíamos, Jesús no quiso que su Pasión, Muerte y Resurrección quedase tan solo en la historia del mundo, sino también en nuestra historia personal, viva….La Eucaristía re-presenta, hace presente y reactualiza el misterio tan grande de Jesús en la cruz…
Yo conozco a hermanos protestantes muy buenos de alma, muy sinceros, incluso, mejores que muchos de nosotros en cuanto a su bondad, pero ese amor tan grande que sienten por el Señor, uno lo nota, tiende a estancarse….Porque no tiene por dónde salir y de dónde seguir alimentándose para perfeccionarse aún más….Y la razón es muy sencilla: no tienen sacramentos…que son eficaces porque es Cristo quien actúa…Cuando el sacerdote nos da la absolución es Cristo, no el sacerdote quién lo hace en nombre de Cristo siguiendo el mandato del Señor de perdonar los pecados en su nombre (Jn 20, 19-23). Cuando el sacerdote consagra el pan y el vino “Este es mi cuerpo…Este es mi sangre”, es Cristo quién lo hace…..

Pero vamos al tema que hemos propuesto: ¿Basta solo con amarnos para tener relaciones sexuales?
Bueno, he aquí el primer motivo: las relaciones sexuales son lícitas solo dentro del matrimonio en virtud del principio de indisolubilidad instituído nada menos que por Jesús (Mt 19, 3-12) Y humanamente, también el amor lo pide…Una relación sexual prematrimonial puede tener amor, pero nadie puede garantizar que esa mujer, ese hombre al cual me entrego, será mi futuro esposo. El noviazgo puede romperse (incluso los más serios), en cambio el consentimiento matrimonial libremente expresado une de manera total y hasta la muerte, ante Dios. La unión ante Dios genera el sacramento, verdadera garantía que la entrega es radical. Un segundo motivo son las consecuencias: la afectividad sexual por propia naturaleza une fuertemente, y si ese noviazgo llega a romperse, traerá consigo más dolor que otro en que dos novios se abstuvieron de relaciones sexuales.
Otro motivo muy importante son las finalidades del matrimonio: toda persona que ama busca algún día casarse; nadie quiere ser novios para toda la vida. Pues bien, en ese contexto, si dos personas tienen relaciones sexuales en el noviazgo juegan con las finalidades del matrimonio. Una de ellas es la que ya hemos en alguna medida analizado (el amor mutuo) y la otra, que es de suyo grave, la procreación. Dos novios que tienen relaciones sexuales, por más amor que entre ellos se prodiguen, buscarán de alguna manera violentar embarazos. No hay que ser ingenuos para no creer que en situaciones en que no están dadas las condiciones para recibir a un hijo, se busca a toda costa evitar los embarazos con cuanto artificio en el mercado exista. Tampoco los novios están preparados ni espiritualmente, ni psicológicamente, menos afectiva o económicamente, para traer un nuevo ser al mundo (la mayoría de las veces), porque todavía son muy jóvenes o porque su formación está incompleta e impide una entrega de tiempo completo para la otra finalidad del matrimonio: la educación de los hijos. De relaciones sin la seguridad del matrimonio indisoluble son los niños, si eventualmente los hay, los que van a sufrir. Lástima que ante situaciones así pensamos más en nuestro bienestar antes que en el de los seres que han pasado a ser lo más importantes una vez nacidos.
Las relaciones sexuales prematrimoniales, de este modo, nacen en ambientes de temor, de angustia, y miedo a las consecuencias, “lo que pase si lo hacemos”. Todo estos factores negativos terminan anulando el amor que eventualmente los novios podrían tener, pues la paz de la conciencia, la tranquilidad de estar haciendo algo que es contrario al plan de Dios, entristece el alma. Y no es tampoco muy exagerado decir que de este tipo de situaciones nacen crímenes tan graves como el aborto que no pocos ante tan grandes consecuencias, no dudan en consentir.

San Francisco de Borja S.J, tercer general de la Compañía de Jesús, al ver el rostro de la recién muerta emperatriz Isabel en proceso de descomposición, el mismo cuerpo bello y lleno de belleza que antes había admirado, exclamó ”¡no servir nunca más a un señor que pudiese morir!” Y terminó siendo un santo…






















